Una carretilla volcada, con restos de arena, justo al lado de la zona del huerto de limoneros donde enterraron el cadáver de Prudencio Antonio en su casa de campo en Librilla.

Una carretilla volcada, con restos de arena, justo al lado de la zona del huerto de limoneros donde enterraron el cadáver de Prudencio Antonio en su casa de campo en Librilla. Badía / Cedida

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Un testigo del crimen del empresario Prudencio en Murcia: "La sobrina escarbó en su finca y sacó una pierna"

Los sospechosos del asesinato son el sobrino de Prudencio Antonio, natural de Venezuela, y un empleado de su cuadrilla para montar vallados. "Son dos, pero no se sabe el grado de implicación de cada uno", admite la Guardia Civil.

Más información: A Prudencio, empresario y 'gurú' gnóstico, "lo mataron y enterraron" en su finca de Murcia antes de huir de España

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Prudencio Antonio cruzó el sinuoso Camino de los Vicentes, trufado de acequias, cítricos y bancales de huerta, al volante de una furgoneta blanca, y aparcó frente a su casa de campo de Librilla durante la tarde del viernes. Lo siguiente que se sabe es que esa fue la última vez que sus vecinos vieron con vida a este empresario y maestro de la 'religión' gnóstica.

"Estoy flipando. Yo estaba en mi casa cuando lo mataron y lo enterraron dentro de su huerto, entre unos limoneros, pero no escuché nada", subraya una de las últimas personas que vio con vida a Prudencio Antonio Enrique, natural de Venezuela, y conocido en la zona como Antonio por su labor en una empresa de cercados. 

"El viernes [13 de marzo], entre las seis y las siete de la tarde, vi a Antonio sentado en su furgoneta, tipo berlingo. Él estaba aparcado en la carretera, frente a su casa de campo. No sé si estaba esperando a alguien o si iba a pasar a la finca. Pero no vi nada raro. Yo pasé conduciendo mi coche y saludé a Antonio sin detenerme".

Este hombre atiende a EL ESPAÑOL desde el anonimato por el macabro final que ha sufrido este venezolano, de 60 años, y porque su testimonio ha sido recogido por la Guardia Civil en el marco de una investigación que está declarada bajo secreto.

"La sobrina de Antonio fue la que encontró el cadáver. Ella se saltó la valla de la casa, empezó a escarbar en la tierra y sacó el pantalón de trabajo de su tío y una pierna". "Luego se llenó la finca de guardias civiles con monos blancos para inspeccionarlo todo".

La casa de campo de Prudencio Antonio en Librilla donde fue enterrado.

El periodista de este diario comprueba desde una parcela aledaña que la tumba improvisada que le hicieron a Antonio, capataz de una empresa dedicada a los cercados de fincas rústicas, se ubica en la parte trasera de su casa de campo, entre unos limoneros, y justo al lado, yace volcada una carretilla con restos de arena.

Posiblemente, el autor o autores del asesinato la usaron para transportar la tierra que removieron en el huerto de la víctima, como lo prueba el precinto de la Guardia Civil que delimita la superficie donde enterraron el cadáver de este pobre venezolano -muy conocido en el Instituto Gnóstico de Antropología de Murcia-.

"Es una cosa muy fuerte que maten a tu vecino y lo entierren en su propia finca". "Cuando el viernes vi a Antonio, sentado en su furgoneta, pensé que a lo mejor estaba esperando a que llegara su sobrino".

Precisamente, este es el familiar al que su tío, Prudencio Antonio Enrique, se había traído a España, el pasado noviembre, procedente de Venezuela, y ahora se ha esfumado. De hecho, está en la diana de la Guardia Civil.

"A la familia no le ha sorprendido". Este hombre subraya que su pareja habló con la sobrina de la víctima mortal que fue la que encontró el cadáver en la finca del Camino de los Vicentes y le confirma las sospechas del círculo familiar.

"Los familiares creen que los autores del asesinato son el sobrino y un trabajador con el que Antonio monta vallas. Uno de ellos llamó desde un aeropuerto a la exmujer de Antonio y le dijeron que estaba muerto y enterrado en su finca".

La truculenta llamada se produjo el pasado martes día 17, sobre la siete de la tarde. Yusmey, la 'ex' de este empresario venezolano y maestro gnóstico, se encontraba en Bilbao, así que alertó a la Policía Local de Librilla y le pidió a su sobrina que se acercara a la casa de campo del Camino de los Vicentes -pegada a la Urbanización Las Delicias-.

La sobrina no pudo esperar a la llegada de la Guardia Civil, saltó la valla, buscó a su tío por las dos tahullas de terreno y detuvo su mirada en una zona con limoneros. "Notó que la tierra estaba removida, empezó a gritar cuando desenterró la tela de su pantalón. Llegó un guardia civil y sacó a la chica de la parcela porque se quedó en shock".

La zona precintada por la Guardia Civil donde fue localizado el cadáver entre limoneros.

La zona precintada por la Guardia Civil donde fue localizado el cadáver entre limoneros. Badía

De momento, la Policía Judicial no ha practicado detenciones. Los principales sospechosos son el sobrino de Antonio y uno de los empleados de su cuadrilla. Así lo confirma una fuente de la Guardia Civil a este diario:

"Al parecer, los sospechosos son dos, pero no se sabe el grado de implicación de cada uno". "Lo confesaron con una llamada desde un aeropuerto: no sabemos si fue desde España o desde el extranjero". 

La investigación debe determinar si uno mató al sexagenario y el otro ayudó a enterrarlo, o si ambos participaron en el asesinato y en la ocultación del cadáver. La autopsia debe aclarar cómo mataron a Antonio y si estaba muerto desde el viernes 13 de marzo, como informó el interlocutor de la misteriosa llamada del martes.

La otra cuestión a esclarecer es el móvil de este homicidio que ha sacudido a una familia de inmigrantes venezolanos. "Antonio se dedicaba a poner cercados y se encargó de poner la valla de mi casa hace diez años. Así le conocí. Vino aquí con dos o tres empleados, movía cuadrillas de trabajadores para una empresa de Lorquí. No estaba metido en nada raro", según afirma este vecino tras entrevistarse con la Guardia Civil. 

"Después de poner la valla de mi propiedad, le gustó la zona y se compró una finca para instalarse aquí con su familia para dejar de pagar su alquiler en Santiago el Mayor en Murcia". Antonio era un hombre fuerte, él mismo instaló el vallado de su propiedad y construyó su casa. "Hace siete años se instalaron, pero luego se separó de su mujer".

Antonio tenía dos caras. Una era la del empresario trabajador, con un carácter fuerte, y la otra, la espiritual, por sus conferencias sobre gnosticismo: una doctrina filosófica y religiosa que mezcla creencias judaicas, cristianas y orientales. En noviembre de 2025, se trajo a su sobrino de Venezuela, le dejó su casa de campo para vivir y lo puso a doblar el lomo en su cuadrilla dedicada a cercar parcelas rústicas.

La furgoneta de color blanco en la que Antonio fue visto por última vez el pasado viernes.

La furgoneta de color blanco en la que Antonio fue visto por última vez el pasado viernes. Badía

A este sexagenario no le importó que su sobrino no tuviera papeles. A fin de cuentas, él tampoco lo tuvo fácil cuando se instaló en España hace 25 años. "Antonio me contó que se marchó de su país porque sufrió un asalto o un robo en su casa, no había seguridad en Venezuela, por eso se vino aquí", según resume este vecino y amigo del difunto.

No cabe duda de que le debía ir bien a Antonio en la Región de Murcia porque dentro de su finca, la misma donde le dieron sepultura, tiene aparcado un Jaguar de alta gama en el camino hormigonado de la entrada, entre un par de huertos. Además, la propiedad se divide en una casa, de color rosado, y una nave anexa, de color blanco, con un portón enorme. Todo está precintado por la Guardia Civil.

En el Camino de los Vicentes y los alrededores del Polígono Cabecicos Blancos ha habido alguna redada por cultivos de marihuana, ocultos en lo que en apariencia eran segundas residencias, propiedades agrícolas o naves. Pero este testigo rechaza que Antonio andara metido en negocios turbios: "Había épocas donde no había nadie en la finca". Tampoco veía mucho al sobrino desde que se instaló: "Me ha sorprendido".

"Ese viernes regresé a mi casa de campo, junto a mi mujer, y gracias a Dios que no escuché nada ni salí fuera porque si los llego a pillar excavando, a lo mejor me llevan a mí también pa'lante". "Cuando me interrogó la Guardia Civil les pregunté si mi pareja y yo estábamos seguros, si nos quedábamos aquí. La verdad es que teníamos miedo".

Tal sensación era lógica, a la vista del macabro hallazgo del cadáver de Antonio que tuvo lugar el martes, justo antes del partido de Champions League: Manchester City - Real Madrid. "Esto se llenó de familiares". Desde ese día y hasta el viernes, la Policía Judicial ha inspeccionado cada palmo de la propiedad para buscar pistas. 

Buscando cámaras

También se ha entrevistado con los pocos vecinos que hay por la zona. "La Guardia Civil vino a preguntarme si tenía cámaras de seguridad en mi casa", tal y como corrobora una vecina, cuya propiedad se ubica frente a la finca del que bien podría bautizarse como 'el crimen del bancal'.

"Le expliqué a los agentes que me acabo de mudar, aún no tengo cámaras, y no escuché nada raro el viernes pasado: ni una discusión ni golpes. A ese hombre solo le conocía de vista, de verlo ir y venir con su furgoneta, acompañado de un chico joven".

Posiblemente, era el sobrino de Prudencio Antonio, un fantasma para los residentes en la zona que no recuerdan ni su aspecto físico ni su nombre, y que se convertido en objetivo prioritario de la Policía Judicial.

Al final del camino de tierra que rodea la casa de Antonio, otra vecina confirma que también la ha visitado la Guardia Civil: "Vino a preguntarme si el viernes escuché gritos, una discusión, una pelea o golpes. Pero no oí nada. Antonio tenía perros y no ladraron: conocían a sus asesinos".