Vista aérea de las instalaciones de la granja de Tebrio, en Salamanca.

Vista aérea de las instalaciones de la granja de Tebrio, en Salamanca. Cedida por Tebrio

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La granja más grande de Europa de insectos comestibles se erige en Salamanca mientras Francia las cierra tras perder millones

La empresa Tebrio transforma un coleóptero llamado Tenebrio molitor en alimento para peces y pienso de mascotas: su directora culpa del desastre galo a errores de diseño industrial y al impacto de la guerra de Ucrania.

Más información: Carbayo asegura que la fábrica de Tebrio "es un espaldarazo a la carrera imparable de la nueva industrialización de Salamanca"

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Una empresa española trabaja en el Puerto Seco de Salamanca en el desarrollo de la que, según afirman, va a convertirse -tan pronto como finalicen todas las fases del proyecto- en la mayor granja del planeta para la cría y transformación en comida animal de un insecto llamado Tenebrio molitor.

Se trata de un coleóptero conocido común y erróneamente como gusano de la harina. Claro que el gusano en cuestión es solo la fase larvaria de un pequeño escarabajo oscuro que ha convivido con el ser humano durante siglos en graneros y almacenes.

Adaptado a entornos secos y a dietas basadas en subproductos del cereal, el insecto destaca por su capacidad de crecer en espacios controlados y a alta densidad, una característica que lo ha convertido en uno de los organismos más utilizados por la industria europea de proteína alternativa.

Del Tenebrio lo aprovechan todo. La larva se destina a obtener proteína y grasa para alimentación animal; las deyecciones se transforman en fertilizante para uso agrícola; y del caparazón del escarabajo adulto se extrae quitina, posteriormente convertida en quitosano para aplicaciones dermocosméticas, farmacéuticas y médicas.

La directora ejecutiva y fundadora de la compañía, Adriana Casillas, asegura que comenzaron a desarrollar su tecnología industrial antes incluso de constituirse formalmente como empresa en 2014.

"En 2017 pusimos en marcha una planta piloto en Salamanca de unos 5.000 metros cuadrados para validar el proceso", aclara a EL ESPAÑOL. "Esa instalación permitió probar una tecnología propia, sin ingeniería externa, antes de abordar el salto de escala [refiriéndose a la ampliación]".

La primera fase del complejo actual, ya finalizada y en funcionamiento, comprende unos 12.000 metros cuadrados dedicados a producción.

En palabras de la CEO de Tebrio, que así se llama la empresa, confían en cerrar este año con una producción de aproximadamente 600 toneladas de proteína, 250 toneladas de grasa, 6.000 toneladas de fertilizante y entre 100 y 200 kilos de quitosano.

La CEO de la compañía, Adriana Casillas.

La CEO de la compañía, Adriana Casillas. Tebrio

El objetivo inmediato es multiplicar esas cifras para el próximo ejercicio y, una vez completadas las seis fases previstas, superar las 125.000 toneladas anuales de productos.

Los principales destinos comerciales serán los alimentos para acuicultura -piensos destinados a la cría de peces, moluscos y otros organismos acuáticos- y la alimentación 'premium' para mascotas, además de líneas abiertas en el sector porcino y acuerdos en Europa para la comercialización del fertilizante.

"Tenemos elevada demanda de producción comprometida con clientes", dice la fundadora de la empresa, sin precisar volúmenes ni condiciones contractuales.

En Silicon Valley

Hay que aclarar que 'la moda' de producir proteína de insecto no nació en Europa sino en el entorno norteamericano de Silicon Valley y el capital riesgo tecnológico, donde tuvo lugar a finales de la década de 2000 un boom empresarial con discurso climático y de seguridad alimentaria.

Allí surgió el concepto de alternative proteins como categoría de inversión: primero con carne cultivada, después con proteínas vegetales (como Beyond Meat o Impossible Foods) y, en paralelo, con insectos como solución "eficiente" para piensos y alimentación humana.

A remolque de los estadounidenses; en Francia y Países Bajos se han producido y vendido barritas energéticas, pasta enriquecida y crackers elaborados con polvo de Tenebrio molitor o de grillo doméstico; y marcas internacionales han introducido harina de insecto en productos dirigidos a deportistas o consumidores curiosos.

Aunque Tebrio no produce nada para la alimentación humana, en España se han creado igualmente pequeñas empresas que comercializan grillos deshidratados y snacks elaborados con harina de insecto.

Larvas del escarabajo, en el laboratorio de la macrogranja de Tebrio en Salamanca.

Larvas del escarabajo, en el laboratorio de la macrogranja de Tebrio en Salamanca. Tebrio

Su presencia sigue siendo marginal en supermercados, pero los productos existen: grillos tostados, pasta proteica, galletas enriquecidas y mezclas en polvo que incorporan proteína de insecto como ingrediente.

Claro que los occidentales no hemos inventado la costumbre de ingerir pequeños 'bichos'”. En realidad, se trata de una práctica ancestral -la entomofagia- muy común en amplias zonas de Asia, África y América Latina.

En México, por ejemplo, se consumen desde hace siglos chapulines (saltamontes) tostados con ajo y limón, gusanos de maguey asociados al agave o escamoles -larvas de hormiga- considerados un manjar estacional.

En Tailandia y Camboya son habituales los grillos fritos, los gusanos de seda y las larvas de escarabajo vendidas en puestos callejeros. En varios países del África Subsahariana se recolectan y secan orugas ricas en proteína que luego se guisan o se muelen para enriquecer salsas y harinas.

Cierto es que, en estos contextos, los insectos forman parte de dietas tradicionales, no de excentricidades adquiridas a laboratorios industriales.

El despegue

El sector de la cría industrial de insectos con fines comerciales despegó en Europa a comienzos de la década de 2010, impulsado por el reto de encontrar alternativas a la harina de pescado y a la soja importada para la alimentación animal, y por la expectativa de convertir residuos orgánicos en proteína de alto valor.

Francia, Países Bajos y Bélgica fueron los primeros polos de desarrollo. Allí surgieron empresas como Ynsect o Innovafeed, que apostaron por el escalado industrial y la automatización.

En España, sin embargo, este ecosistema ha sido más modesto. Existen iniciativas de menor tamaño dedicadas a la cría de grillos o mosca soldado negra, principalmente orientadas a nichos de mercado o a proyectos piloto.

Tebrio es, hasta la fecha, el único proyecto verdaderamente ambicioso tanto por volumen de inversión como por escala prevista de producción.

Toda la eclosión de este sector extravagante de la industria alimentaria ha sido posible gracias a que la Comisión Europea fue abriendo el marco regulatorio: en 2017 autorizó el uso de proteína de insecto en acuicultura y, posteriormente, en porcino y avicultura, aunque mantuvo restricciones estrictas sobre los sustratos permitidos.

A raíz de ello, se vivió una década de fiesta y de euforia inversora. Fondos de capital riesgo, banca pública y programas europeos destinaron cientos de millones a compañías que prometían cuadrar el círculo de la economía circular.

Sin embargo, en los últimos años varias de esas empresas han atravesado graves dificultades financieras o han cesado su actividad, en un contexto de subida de costes energéticos, caída de inversión y desaceleración de la demanda.

Y ese es justamente el contexto en el que se inscribe la apuesta salmantina: un sector joven, con un marco regulatorio aún en evolución, antecedentes de expansión rápida en el norte de Europa y, también, precedentes de ajustes bruscos cuando la escala prometida no logró acompasarse con la realidad tecnológica y de mercado.

El cataclismo más reciente que ha convulsionado los ecosistemas financieros y políticos de este sector ha sido la paralización de la producción en Amiens de la que también se presentó en su día en Francia como la mayor instalación mundial de cría del mismo coleóptero.

El precedente francés

La corporación gala Ynsect acumuló graves problemas que condujeron a su cierre, hace ahora dos meses. Y esas sombras se proyectan ahora de algún modo sobre el optimismo de los salmantinos.

Los franceses están furiosos porque la compañía se ha tragado millones de dinero público, pese a que la empresa francesa también publicitó en su día su iniciativa empresarial como una segura apuesta de éxito.

La directora ejecutiva de Tebrio, Adriana Casillas, atribuye lo ocurrido en la región de Hauts-de-France a una combinación de factores externos y (desafortunadas) decisiones industriales y niega que el modelo de empresa que desarrolla su compañía sea hoy una apuesta de alto riesgo.

Pero expertos consultados para este reportaje advierten de que, si el proyecto español se apoyara en un escalado rápido de la planta piloto a la gran fábrica, automatización intensiva y supuestos de expansión de mercado, podrían reproducirse contratiempos similares a los que han conducido al fracaso de otros proyectos precedentes europeos.

A juicio de Tom Bry-Chevalier, investigador vinculado al Observatoire National de l’Elevage d’Insectes (ONEI) y coautor de estudios críticos sobre el sector, los desafíos de costes, regulación y demanda "no son específicos de Francia, sino comunes al modelo europeo de cría industrial de insectos".

El asunto resulta relevante porque Tebrio ha concluido únicamente la primera fase de su complejo -unos 12.000 metros cuadrados dentro de un proyecto de 90.000 y una inversión estimada de 110 millones de euros que deberá completarse en 2028- y ya afronta una oleada de objeciones "teóricas" procedentes de lo que su propia directora ejecutiva agrupa bajo la etiqueta de "haters" del sector.

Lo que se plantea ahora mismo en Europa es si la promesa que acompaña a estas megagranjas -producir proteína “sostenible” a escala industrial- se sostiene cuando el foco pasa del relato a los hechos: qué se produce, qué se les da de comer a los coleópteros, qué huella climática deja el proceso, a qué precio puede venderse el producto final y cuánta demanda existe.

En otras palabras: la pregunta que flota entre los "haters" es si en Salamanca se está construyendo una nueva industria con recorrido o levantando, con unos años de retraso, el mismo tipo de apuesta que en Francia ha resultado un fiasco porque terminó chocando contra los límites biológicos, regulatorios y de mercado.

Directivos de Tebrio se pasean junto a las bandejas de los insectos, en sus instalaciones de Salamanca.

Directivos de Tebrio se pasean junto a las bandejas de los insectos, en sus instalaciones de Salamanca. Tebrio

En el país vecino, el hundimiento de Ynsect -fue liquidado judicialmente el 1 de diciembre de 2025- ha abierto un gran debate por el dinero público que acompañó al proyecto.

Dinero público

El Ministerio francés de Economía ha confirmado a AFP que la empresa recibió alrededor de 148 millones de euros de financiación pública entre 2012 y 2025 que, a la postre, han ido a la basura.

De entrada, Casillas asegura a EL ESPAÑOL que no hay paralelismo alguno entre los dos proyectos en lo que respecta al uso de fondos públicos.

"Dinero europeo no tenemos nada, cero", afirma. "Hemos tenido financiaciones españolas, pero no subvenciones”. [Una matización posterior del responsable de comunicación de Tebrio nos precisa que sí hubo alguna ayuda pero "de cuantía irrelevante"].

La CEO se refiere únicamente a ayudas directas. Dinero público sí que se ha inyectado porque el Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación, un organismo público dependiente del Ministerio de Ciencia, forma parte del accionariado con alrededor de un 25 por ciento del capital.

La inversión ya ejecutada por la compañía Tebrio ronda, según sus propias cifras, los 30 millones de euros.

En el capital de la sociedad figuran también Criteria Caixa, el vehículo inversor de la Fundación la Caixa; el family office salmantino GPC Consulting y los propios fundadores, Sabas de Diego y Adriana Casillas.

El modelo, insiste Casillas, se basa en un sistema productivo distinto al que operaba en Amiens: "Requiere inversiones en maquinaria hasta un 70 por ciento más bajas y mantiene costes operativos muy reducidos gracias al diseño industrial propio", lo que supuestamente debería reducir el precio del producto, que es una de las grandes objeciones de los detractores del gusano.

"Hace cinco años era una apuesta de alto riesgo; ahora es una industria sólida, porque ya podemos demostrar que funciona", apostilla.

¿Qué es lo que ha fallado, a su juicio, en Francia y por qué habría de rentabilizarse aquí la producción del mismo coleóptero que no ha sabido rentabilizar Ynsect?

La directora de Tebrio entiende que el problema no fue el insecto, ni el sector, sino la ejecución. "Para mí fue una cuestión muy concreta", dice. "A ellos les pilló la guerra de Ucrania en medio de una construcción enorme y los precios se multiplicaron. Todo el dinero lo tuvieron que meter en 'capex' para terminar la fábrica".

Con 'capex' -abreviatura de capital expenditure- se refiere a las inversiones en activos fijos: construcción de instalaciones, compra de maquinaria e infraestructuras necesarias para poner en marcha la planta, y no a los gastos corrientes de funcionamiento.

A su entender, la compañía francesa cometió, además, un error de diseño industrial. "Fueron poco precavidos a la hora de diseñar una granja tan grande de una vez. Nosotros siempre hemos pensado que cuanto más sencillas sean las industrias, mejor".

"Empezamos por estudiar con qué tipo de insecto queríamos trabajar y nos volcamos en la parte industrial porque teníamos muy claro que o se hacía a lo grande o no tenía sentido para la misión que queríamos acometer. Y hablamos de mercados vastísimos".

"Por afinidad, por condiciones, estamos cerca o en el rango de las harinas de pescado superprime", aclara. Y no habla de harinas fabricadas con desechos, sino de las que proceden de pesca dirigida, "las que vienen de las anchoetas que se captura en el Pacífico y que después se transforman porque no son comestibles".

Su tesis es que el mercado no exige sustitución total, sino un suplemento en un contexto de escasez: "Hay una necesidad tal que es cuestión de complementar para llenar esa brecha enorme entre la oferta y la demanda".

"Problemas estructurales"

Bastante menos entusiasta acerca de las posibilidades del sector es el arriba citado experto del ONEI, Tom Bry-Chevalier. El investigador no cree que lo sucedido en Amiens pueda reducirse únicamente a un error de gestión aislado o a una coyuntura como la guerra de Rusia y Ucrania.

"El colapso de Ynsect no es un accidente empresarial puntual, sino la consecuencia de problemas estructurales profundos que afectan al conjunto de este ecosistema empresarial, especialmente en climas templados como los europeos", sostiene.

Y para probar su afirmación, recuerda que las dificultades empresariales no se restringen a Ynsect. Cita, entre otros ejemplos, a Agronutris en Francia, Enorm Biofactory en Dinamarca, Aspire Food Group en Canadá, Inseco en Sudáfrica o Beta Hatch en Estados Unidos.

Todas ellas han atravesado graves dificultades financieras o se han enfrentado a procesos de quiebra en los últimos años.

Bry-Chevalier identifica varios condicionantes sistémicos. El primero es el Reglamento europeo (UE) 2017/893 que limita estrictamente los sustratos que pueden emplearse para alimentar insectos destinados a pienso animal.

"La promesa de convertir residuos orgánicos en proteína se ha revelado en gran medida ilusoria", afirma, porque está prohibido alimentar a los insectos con los restos de catering, residuos domésticos o subproductos que contengan carne o pescado.

En la práctica, argumenta, muchas empresas recurren a coproductos agrícolas como el salvado de trigo o insumos de calidad que ya compiten con la alimentación convencional.

Otro reto al que hace mención Bry-Chevalier es climático y energético. "Los insectos necesitan temperaturas de entre 25 y 30 grados para crecer de forma eficiente", indica.

Mantener esas condiciones durante todo el año en el norte y el oeste de Europa implica costes de calefacción elevados, que se han agravado tras la subida de los precios de la energía. "Las regiones tropicales tienen una ventaja comparativa natural que los productores europeos no pueden igualar".

Obviamente, el clima es mucho más cálido en España que en el norte del continente, lo que no significa que Castilla no arrostre inviernos fríos.

Les separa a ambos bandos igualmente -los apocalípticos y los optimistas-su visión sobre la verdadera magnitud de la demanda.

El experto francés afirma que, incluso la propia industria estaría reconociendo indirectamente las dificultades del sector cuando, a través de la International Platform of Insects for Food and Feed ha pedido mecanismos europeos que impulsen compras públicas mínimas de derivados de insectos.

"El problema es que si la estrategia de supervivencia pasa por forzar a las instituciones públicas a comprar su producción, en lugar de competir en el mercado abierto, eso plantea preguntas de fondo sobre su viabilidad", sostiene.

De acuerdo a su visión, la demanda de este tipo de productos en general "nunca se validó realmente" porque la harina de insecto cuesta entre dos y diez veces más que alternativas convencionales como la harina de pescado o la harina de soja, una brecha que describe como un desajuste económico estructural difícil de corregir.

En acuicultura, por ejemplo, reconoce una demanda real de alternativas, impulsada por la presión ecológica sobre la pesca, pero insiste en que esa demanda no equivale automáticamente a demanda de harina de insecto porque la brecha de precio condiciona cualquier posibilidad de penetración masiva.

El único mercado que, según Bry-Chevalier, podría ser viable a corto plazo es el de alimentación 'premium' para mascotas, donde existe un nicho dispuesto a pagar más por razones ambientales o de salud.

El investigador del Observatoire National de l’Elevage d’Insectes reconoce que España tiene ventajas comparativas, como una clima más cálido, base agrícola, disponibilidad de suelo industrial, un gobierno dispuesto a abrazar el sello de 'innovación verde'... Aunque insiste en que ni el sol ni la temperatura resuelven las restricciones regulatorias ni el diferencial de coste.

"La harina de insecto seguirá siendo más cara se produzca en Salamanca o en Amiens". apostilla. Y el francés concluye con una recomendación explícita para quienes están poniendo dinero, aunque sea por la vía de la participación pública, en el accionariado en el proyecto español: España, dice, debería examinar con detenimiento lo ocurrido en Francia y en otros países "antes de comprometer recursos públicos".

Para alimentar a sus insectos, Tebrio utiliza coproductos cerealistas que forman parte de su dieta natural pero que no resultan eficientes para otras especies ganaderas.

"Una vaca podría comer cientos de kilos y no crecería absolutamente nada", afirma Casillas. "Es un material que se descartaba o se destinaba al campo porque no ofrecía una conversión adecuada en ganado tradicional, mientras que en el caso del tenebrio sí se transforma en proteína utilizable".

La directora ejecutiva de la empresa salmantina sabe perfectamente qué es lo que le reprochan quienes menoscaban su optimismo. "Lo que se nos echa en cara desde los sectores críticos son cuestiones que científicamente están más que demostradas", dice.

En su opinión, el debate sobre sostenibilidad en el ámbito de las nuevas cadenas alimentarias "tiene que ir muy unido a la ciencia", y parte de las críticas proceden de actores que "no tienen claro de qué están hablando" y que, a través del "marketing y la confusión", intentan desacreditar el sector.

"Digan lo que digan, diferentes centros científicos y tecnológicos en toda Europa han explicado muchas veces que no es verdad que la proteína de los insectos no sea tan sostenible como pretende", asegura la directora ejecutiva de la empresa de Salamanca. "Somos mucho más sostenibles que las proteínas de origen vegetal".

Según la CEO, cuentan con análisis de ciclo de vida (LCA, por sus siglas en inglés) elaborados por terceros, incluidas consultoras francesas de referencia en la Comisión Europea, que concluyen que su impacto ambiental es menor.

"Necesitamos mucha menos agua que cualquier vegetal", apunta. "El Tenebrio molitor es un insecto adaptado a los graneros y con una resistencia brutal a la sequía, lo que reduce necesidades hídricas. Además, la producción se realiza en vertical, por lo que no requiere grandes extensiones de suelo agrícola. Los consumos energéticos son casi nulos gracias a nuestra tecnología".

Y según su parecer, tampoco la demanda debería afectar a su proyecto. "Justamente lo pusimos en marcha porque detectamos una necesidad brutal de fuentes de proteína de origen animal para alimentar a los animales", dice. "Ahora mismo, en España, más del 82 por ciento lo estamos importando de otros países".

La investigación de Ulysse Thévenon

Parte de lo que hoy se discute sobre Amiens procede de una investigación periodística del reportero independiente Ulysse Thévenon, quien publicó en el medio francés Vakita el documental titulado 'Ynsect: Cómo la mayor granja de insectos del mundo cayó en el caos', disponible en YouTube.

El trabajo, que ha cosechado un notable volumen de visionados en Francia, se apoya en más de mil fotografías y vídeos internos captados por exempleados durante tres años dentro de la planta de Amiens.

El desastroso aspecto de la higiene en las instalaciones de Amiens, documentado por Ulysse Thevenon.

El desastroso aspecto de la higiene en las instalaciones de Amiens, documentado por Ulysse Thevenon. Vakita / Ulysse Thevenon

Su conclusión central es inequívoca. "Hay varios niveles de problemas: financieros, relacionados con el mercado y de carácter cíclico", explica a EL ESPAÑOL. "Pero lo que más me impactó durante mi investigación es que el grupo, sencillamente, no dominaba la cría de insectos en sí misma, que era la base de su negocio".

En Amiens, el modelo vertical que replican en España con sus variantes y desarrollos amplificó esos problemas. "En el documental muestro cómo se volcaban los contenedores a decenas de metros del suelo. Las larvas literalmente llovían sobre el pavimento. Cutículas, salvado de trigo, residuos orgánicos y excrementos se dispersaban por la instalación".

Ratas en las instalaciones de Amiens

Ratas en las instalaciones de Amiens Vakita / Ulysse Thevenon

Y Thévenon añade una advertencia: "Concentrar cantidades masivas de insectos atrae a otros organismos: polillas, que a su vez atraen arañas, además de roedores y aves. Estamos hablando de materia viva, extremadamente difícil de controlar. En Amiens, había contenedores rotos, excrementos de paloma y signos de ratas".

"Hay además un problema importante del que casi no se habla: las alergias", puntualiza el periodista. "Conocí a trabajadores que desarrollaron asma crónica de por vida debido a la exposición prolongada al polvo orgánico, a partículas de insectos y a residuos en suspensión".