En la primera imagen, los acusados declaran en la Audiencia Provincial de Jaén. En la segunda, imagen de la vivienda donde se produjeron los hechos.
El brutal exorcismo de 22 días a una joven de 27 años en Jaén: su familia la encerró para 'expulsar al demonio' con suras del Corán
Gritos de auxilio, forcejeos y rezos en el Corán en una vivienda de Linares, donde la mujer fue retenida por sus padres y su tío en un ritual que la Justicia ha terminado condenado tras un acuerdo de los acusados con la Fiscalía.
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Los gritos empezaron al caer la tarde. No eran constantes, pero sí lo bastante claros como para atravesar las paredes de la casa y llegar a la calle. Una voz joven, alterada, pidiendo auxilio. Durante unos segundos, luego silencio. Después, otra vez.
Cuando la Policía Nacional llamó a la puerta de la vivienda de Linares, un hombre y una mujer salieron a recibirlos. Dijeron que no pasaba nada. Que todo estaba bien. Que allí dentro no ocurría nada fuera de lo normal.
Entonces volvieron a escucharse los gritos. Los agentes entraron en la vivienda. En una de las habitaciones encontraron a un hombre corpulento arrodillado sobre la cama. Estaba encima de una mujer. Le sujetaba las muñecas con fuerza y le tapaba la boca para que no gritara. La joven lloraba. Tenía marcas visibles en los brazos, en la cara, en los labios. Estaba en shock.
Imagen exterior de la vivienda donde se produjeron los hechos, en Linares (Jaén).
La joven tenía 27 años y acababa de divorciarse. Según contó ella misma a los policías aquella noche de enero de 2023, llevaba 22 días retenida en casa de sus padres. Aquel hombre era su tío. Había viajado expresamente para "curarla".
Su familia estaba convencida de que estaba poseída. De que algo se había apoderado de ella desde que se separó de su marido. De que el divorcio no era una decisión, sino un síntoma. El demonio, decían, estaba dentro.
Y el plan era sacarlo. El exorcismo se hacía con suras del Corán. Con rezos repetidos una y otra vez. Con un ritual que incluía "soplarle" sobre el cuerpo para expulsar el mal. Eso explicaron después. Eso defendieron. No era castigo, dijeron. Era sanación.
La joven había llegado a Linares procedente de Reino Unido, donde vivía con su pareja —hijo del hombre que ahora la inmovilizaba sobre la cama—. Al cruzar la puerta de la casa de sus padres, según relató entonces, empezó el encierro. Llegaron a cerrar la vivienda con llave para impedir que escapara cuando ellos no estaban.
Cuando la Policía Nacional intervino, la mujer estaba aterrada. Repetía que llevaba semanas retenida. Que no la dejaban salir. Que querían sacarle el demonio del cuerpo. Tres personas fueron detenidas esa noche: sus padres y su tío. Todos de origen paquistaní. Todos convencidos de estar haciendo lo correcto.
Juicio sin recorrido
El caso parecía claro, afirman fuentes policiales. Detención ilegal, maltrato, un encierro prolongado con violencia física. La Fiscalía llegó a pedir ocho años de prisión para cada uno por detención ilegal agravada.
Pero, dos años después, en la sala de la Audiencia Provincial de Jaén, la historia se volvió mucho más frágil. La joven no acudió al juicio, no declaró y no ejerció la acusación. Tampoco reclamó indemnización alguna.
Ese silencio lo cambió todo. Sin el testimonio directo de la víctima, el Ministerio Fiscal retiró la acusación por detención ilegal y mantuvo únicamente el delito de maltrato en el ámbito doméstico. Los padres, asistidos por intérprete, negaron haber golpeado a su hija.
Insistieron en que sólo querían curarla. El tío, desde Reino Unido y por videoconferencia, sostuvo la misma versión. Los policías ratificaron lo que vieron: los gritos, el forcejeo, la inmovilización, las lesiones.
Sin embargo, el suceso no tuvo mucho recorrido en los tribunales. "Acabó en una sentencia de conformidad. Eso significa que la Fiscalía, la acusación y la defensa han llegado a un acuerdo", explican fuentes judiciales a EL ESPAÑOL.
La Audiencia de Jaén ha cerrado el caso con una condena de siete meses de prisión para cada uno de los tres acusados por un delito de maltrato. La indemnización, inicialmente fijada en 3.250 euros, queda pendiente de resolverse en ejecución de sentencia.
No hubo demonio, no hubo posesión. Hubo una mujer adulta encerrada "por haber roto un matrimonio". Y veintidós días en los que nadie pudo —o quiso— sacarla de allí.