Miembros de las Nuevas Generaciones del PP en el País Vasco, entre ellos Borja Sémper y Santiago Abascal, en 2001.

Miembros de las Nuevas Generaciones del PP en el País Vasco, entre ellos Borja Sémper y Santiago Abascal, en 2001. E.E.

Reportajes

Sémper y Abascal, mismo origen y distinto camino: génesis de una amistad a "prueba de bombas"

Nacieron el mismo año y se afiliaron al PP a la misma edad. Estuvieron en la diana de ETA. Ahora militan en las antípodas ideológicas de la derecha. EL ESPAÑOL reconstruye su relación con ayuda de sus ex compañeros.

14 enero, 2023 02:25

Fueron centímetros los que separaron a Borja Sémper (Irún, 1976) y a Santiago Abascal (Bilbao, 1976) en aquellos años. Cuando por no aspirar a gudaris, por no opositar a ongi etorris futuros, por romper esa omertà impuesta en el País Vasco que lo ponía todo perdido, se jugaron su nombre en la esquela. Fueron los años de pedirle al escolta que se diera la vuelta para besar a la novia, de aparcar el mus universitario por el sabotaje abertzale, de tener siempre a mano la corbata negra por la terrible cadencia de funerales. En la acera, en contraste con Los Soprano, se secaba la sangre de los buenos. 

Sémper tenía 17 años cuando cogió el ferrocarril hasta San Sebastián para afiliarse al Partido Popular. Los mismos que Abascal cuando comenzó a prolongar el linaje militante de su padre, procurador en las Juntas Generales de Álava durante 20 años, reconocido dirigente local. Tardaron poco en conocerse. Apenas tuvieron tiempo para alternar con Gregorio Ordóñez, el más ilusionante de los políticos populares vascos, asesinado por ETA en 1995. Idéntico motivo por el que, dos años más tarde, jamás volvieron ver a Miguel Ángel Blanco, compañero de Nuevas Generaciones. Situaciones como para forjar una amistad a prueba de bombas.

La anécdota la recuerda a EL ESPAÑOL un compañero de ambos durante aquellos años del plomo: "Me acuerdo una vez que, durante una de las últimas traguas trampa de ETA, estábamos todos reunidos en la sede de Vizcaya. Éramos un grupo de jóvenes de Nuevas Generaciones. Al día siguiente rompían la tregua y pensamos que teníamos que aprovechar, salir a tomar algo porque a lo mejor la próxima vez faltaba uno de nosotros. Una vez terminada la tregua, nos podían matar".

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Ambos esquivaron, que sepan, un conato de atentado. Sémper salió elegido concejal en Irún en 1995. Una legislatura antes que Abascal, que comenzó su carrera como concejal en el alavés municipio de Llodio. ¿Las consecuencias de su militancia? La tienda familiar de los Abascal en Amurrio era una diana frecuente para los cachorros de HB y sus caballos, aún no asumida por la izquierda abertzale la última moda animalista, un mural donde printar con spray verde Gora ETA. A Sémper lo atosigaban con pintadas y pasquines nada cariñosos en su pueblo. 

Apenas con un año de diferencia —Sémper en 2003, Abascal en 2004— aterrizaron en el Parlamento vasco. Un camino paralelo que comenzó a erosionarse tras el relevo de María San Gil por Antonio Basagoiti al frente del PP vasco. Todos tomaron posición en el partido. Las distancias ideológicas comenzaron a evidenciarse. Abascal emprendió una desafección sentimental con un PP para él demasiado tibio, con el que dijo dejar de reconocerse. 

La "lejanía oceánica" entre el PP y Vox

La fractura se consolidó el 25 de noviembre de 2013. Abascal pegó un portazo. Abandonó el PP de Mariano Rajoy por "traicionar sus ideas y valores" y Sémper, entonces portavoz de los populares vascos, lo despachó con un "todos los días entra y sale gente en el PP". Abascal le contestó a las pocas horas, en una entrevista en esRadio, donde aseguró sentir "perplejidad" por sus "posiciones políticas". Los centímetros de distancia se agigantaron hasta alcanzar una "lejanía oceánica". El espacio que, a juicio de Sémper, dista entre el PP y Vox, un partido "de corte populista-reaccionario". Abascal, por dirigentes como Sémper, caricaturiza al PP como la "derechita cobarde". 

Sémper y Abascal conversan durante un acto en recuerdo a Gregorio Ordóñez, en enero de 2019.

Sémper y Abascal conversan durante un acto en recuerdo a Gregorio Ordóñez, en enero de 2019. Juan Herrero EFE

¿Qué queda de aquella amistad? Fue una de las preguntas inaugurales para Sémper este lunes, cuando Alberto Núñez Feijóo lo presentó en Génova casi como un fichaje estival, como de mercado de invierno, a quien faltó destapar desde el interior de una tarta. El líder del PP anunció, satisfecho, la vuelta de quien se hará cargo de la portavocía del partido en la campaña para las elecciones municipales y autonómicas del próximo mayo. Hacía justo tres años que, desmotivado por los derroteros del debate político, abandonó el proyecto de Pablo Casado y se embarcó en la multinacional Ernst & Young como director de Relaciones Institucionales.

Yo con Santi Abascal tengo una relación forjada a lo largo de muchos años. Y forjada en los años más duros que los dos compartimos en el País Vasco. Nos conocemos desde los 17 años y hemos visto de todo. Yo tengo una relación personal con Santi Abascal a prueba de bombas y la voy a seguir manteniendo. Ahora bien, lo que representa no es a lo que yo aspiro para mi país, ni lo que quiero para mi país.

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Sémper demostró ciertos códigos, cierta camaradería intacta, pese a las escaramuzas verbales intercambiadas con Abascal durante la última década. No apostató de su vieja amistad. Ningún compañero en las Nuevas Generaciones del País Vasco de los noventa, como los consultados por EL ESPAÑOL, hubiera comprendido lo contrario. "Se forjaron unas complicidades y afectos, como dice Borja, a prueba de bombas. Éramos jóvenes e idealistas, también un poco temerarios. Muy temerarios. Cuando eres joven, además, vives todo con más intensidad. Nos tocó vivir cosas inauditas.", rememora en conversación con EL ESPAÑOL Cristina Ruiz, ex compañera de ambos en las juventudes del PP. 

Ruiz, que llegó a liderar la oposición en el Ayuntamiento de Bilbao, algo mayor que ellos, se reconoce en esa misma quinta. No hace mucho, además, que compartió bancada con Sémper en el Parlamento vasco. Ahonda en las diferencias ideológicas entre ambos. "Son dos personas que ahora representan proyectos políticos muy distintos", considera.

¿Cómo se pueden tomar caminos tan diferentes? "Nosotros entramos en política para defender la libertad. Es una causa y una bandera donde coincidir debería ser relativamente fácil. Si descendemos hasta los planteamientos más políticos, programáticos, ideológicos, la gente evoluciona. Les une, como a tantos españoles y vascos, un pasado común de pelea política. Más allá de eso, ahora, no les veo muchas más similitudes", considera la ex política vasca.

Candidatos de NNGG del PP a las elecciones municipales de 1995. Entre ellos: Antonio Basagoiti, Íñigo Manrique, Miguel Ángel Blanco, Iñaki Oyarzábal, Arantza Quiroga, Cristina Ruiz o Borja Sémper.

Candidatos de NNGG del PP a las elecciones municipales de 1995. Entre ellos: Antonio Basagoiti, Íñigo Manrique, Miguel Ángel Blanco, Iñaki Oyarzábal, Arantza Quiroga, Cristina Ruiz o Borja Sémper. E.E.

Entre ellos, a diferencia de ese ala juanmista cosecha del 74 que ahora manda en el partido, no hay grupo de WhatsApp. Sí llamadas cruzadas y entusiasmo cada vez que coinciden. "Cuando nos encontramos o llamamos parece que no ha pasado el tiempo. Esa relación humana y de camaradería permanece intacta", atestigua el compañero antes citado. "Uno puede tener unas ideas u otras, unos u otros matices, pero eso no es lo importante. Lo importante es lo que hemos vivido, sufrido y pasado juntos. Ese vínculo de unión personal, cuando nos jugábamos la vida, deja el resto a un lado". 

La última foto

"Lo recuerdo como un chico con mucho ardor guerrero, con mucha vocación y mucho ímpetu", dijo Sémper sobre Abascal en la televisión pública vasca un año antes. "Teníamos que decidir entre todos quien era el relevo y Santi parecía la persona para continuar esa trayectoria que tenía Nuevas Generaciones, que era muy combativa, muy aguerrida", desveló sobre su nombramiento como presidente de las juventudes del PP vasco a los 23 años. 

La última foto [un poco más arriba] que hay de Abascal y Sémper juntos es del 19 de enero de 2019. Un fotógrafo de la agencia EFE captó un momento de la conversación que ambos mantuvieron durante un acto en memoria de Gregorio Ordóñez, en el donostiarra cementerio de Polloe. Sémper le cuenta algo a Abascal, gesticula con la mano. Vox estaba a tres meses de aterrizar en el Congreso de los Diputados. Al entonces presidente del PP de Guipúzcoa le quedaba justo un año para cerrar su primera etapa en el partido.

Compaginó su trabajo desde entonces su trabajo en EY con La ínsula, una tertulia semanal junto a Eduardo Madina en el programa Más de uno de Onda Cero"Si tú compartes trinchera con Edu, con muchos socialistas vascos o con Abascal, porque te quieren matar los mismos, te unes muchísimo", declaró en una entrevista a El Mundo. Madina, con quien publicó al alimón en 2021 Todos los futuros posibles: conversaciones sobre el final de ETA (Plaza & Janés), lo despidió nostálgico esta semana. "Es uno de esos perfiles que ha sabido aportar, en otros momentos de su historia, cosas positivas a la política nacional. Ojalá hubiera más perfiles como él y menos como Santi Abascal".

Pese a todo, hay algo que une a los tres: están vivos de milagro. Mismos orígenes, pero bifurcaciones muy diferentes. Que Sémper y Madina incluyan a Bildu para construir el futuro del País Vasco es motivo de escarnio para los trolls cibernéticos de Vox. Que Abascal celebre un mitin en el País Vasco todavía regala una imagen numantina, de seguidores cercados. A unos y otros las heridas le supuran de manera diferentes.

"Cuando le dije a mi madre que me afiliaba a las Nuevas Generaciones del Partido Popular casi le da algo. Lo había vivido con mi abuelo y tenía miedo que a mí me pasara algo", sigue la conversación con este hombre, alejado de la política militante. Evoca aquella época con la fórmula de ese gran libro, Me acuerdo, de Joe Brainard "Me acuerdo de cuando asesinaban a un compañero: siempre decías que el próximo podría ser yo. Me acuerdo mucho de Pedrosa, de Zamarreño. Me acuerdo de los compañeros del Partido Socialista de Euskadi que se jugaban la vida con nosotros". 

También Cristina Ruiz: "Me acuerdo que un día, durante aquella época que había tantos atentados, que pasábamos tantas penurias, tristezas e injusticias, me despertó mi aita diciéndome que había habido un atentado en Guipúzcoa, creo que en Irún. Me dio un vuelco al corazón pensando que podían ser Borja o Arantza [Quiroga]. Tardé media hora en conocer la identidad. No era motivo de alivio: era un asesinato. Fueron momentos angustiosos".