"Espérate. Ven aquí". Estas fueron las últimas palabras que le dedicó José a Mariángeles antes de asesinarla. Él había decidido que su vida se iba a terminar. La estaba esperando en una cafetería con una escopeta.

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Nueve de la mañana. Barriada de Huelin, Málaga. La víctima había hecho la misma rutina de todos los días. Pero esta vez iba a ser la última. Su pareja iba a terminar con su vida a la salida de su lugar de trabajo.

Mariángeles era empleada en el colegio San Manuel de la capital. Un pequeño centro educativo religioso que pertenece a las Hijas de la Caridad. "Ella se encargaba de hacerles de comer, de limpiar y de estar con ellas", afirman fuentes del entorno de la víctima. 

Con 46 años, Mariángeles era madre de dos hijos. El mayor de ellos, de dieciochos años, acudió al lugar del crimen: "Es un tío alto y fuerte, lo hemos tenido que calmar entre varios porque estaba muy nervioso, como es normal". Los hechos se produjeron en la puerta del colegio en el que trabajaba. En una zona transitada de Málaga a pocos metros de la estación principal de tren y en una de las entradas del puerto.

"Menos mal que ha sido en verano, por lo menos no había niños dentro del colegio", conversaban sobre el asesinato en la puerta del centro. Sí había, sin embargo, trabajadores de la escuela que han vivido la tragedia muy de cerca. Sus compañeros han declinado hacer declaraciones por el profundo "dolor y consternación" que sentían ante el asesinato.

Calle donde José mató a María.

Mariángeles vivía muy cerca de su lugar de trabajo, de hecho, sus hijos son antiguos alumnos de este centro concertado. Sus compañeros han emitido horas después del asesinato un comunicado en el que transmitían su "gran sensación de importencia ante algo tan incomprensible e injusto". 

Desde el colegio, han querido transmitir su cercanía hacia la familia de la primera víctima mortal en Málaga en más de dos años por violencia de género. Igualmente, han destacado "el firme compromiso contra toda forma de violencia". "Rezamos por la familia, especialmente por sus hijos", concluía el comunicado.

A primera hora

A las 8:50 horas se descolgó el teléfono de Emergencias 112 para recibir varias llamadas que alertaban de la presencia de dos cuerpos tirados en la vía pública. Muchos de los vecinos de la asesinada paseaban a esa hora por la calle Fernán Núñez de la capital.

Para otros, los disparos actuaron como despertador: "He escuchado disparos y creía que estaba soñando", reconoce un testigo con aparente intranquilidad. No era un sueño. Era realidad. El punto final de la vida de Mariángeles.

Mientras la policía mantenía acordonada la zona, los familiares y amigos de la víctima se fundían en abrazos que se convierten eternos. La impotencia de lo inexplicable pesa demasidado, y las lágrimas inundan sus mejillas. Mariángeles era muy querida en el barrio.

Los comercios más cercanos al lugar de los hechos se convirtieron en improvisadas trincheras, donde los viandantes se resguardaban ante la incertidumbre. No sabían qué estaba pasando. Antes de cometer el crimen, José soltó un disparo al aire. Era un mensaje. Una amenaza. El siguiente proyectil iba a impactar en el costado de Mari Ángeles, perforándole varios órganos. Falleció en el acto.

Calle donde José mató a Mariángeles.

Vecina muy querida

La llegada de la Policía formó en torno a la puerta del colegio un gran bullicio. Los vecinos de los bloques de viviendas cercanos al centro se arremolinaban para curiosear y preguntar.

"¿Qué ha pasado?", preguntaban los vecinos que volvían a la zona. "Han matado a la Mariángeles. La han matado". Es la trágica explicación que ofrece un hombre, cercano a la víctima, a aquellos que comienzan a llegar a la calle Fernán Nuñez. No había comprensión posible.

Mariángeles era una vecina muy querida en el barrio. Su labor como empleada en la residencia de las monjas era conocida y todos en la calle coincidían en destacar su bondad: "Era una chica con un corazón enorme", destacan varios de sus vecinos de bloque.

"Mucho dolor, no se entienden estas cosas", comentaba una de las vecinas en conversación con EL ESPAÑOL. "Siempre se dice lo mismo, pero ¿por qué la mata y luego se suicida? ¡Que lo hagan al revés!". La violencia machista ha sesgado incomprensiblemente la vida de "una persona especial" para todos los vecinos y compañeros.

Crimen calculado

José tenía todo fríamente calculado para cometer el crimen. Conocía la hora exacta a la que Mariángeles iba abandonar el colegio para no volverlo a pisar nunca más. Se sentó en una cafetería cercana al centro y allí aguardó hasta propinarle un disparo en el costado que acabaría con su vida.

Tras este primer estruendo, empezaron a asomar por las ventanas los primeros vecinos de la zona. No sabían qué estaba pasando. Acto seguido, José se disparó a sí mismo en la cabeza. "Un charco de sangre rodeaba el cuerpo", señala un vecino que vio la secuencia desde su terraza, situada en la acera de enfrente.

José y Mari Ángeles llevaban conviviendo dos años. Según fuentes vecinales, el asesino "hacía cosas muy raras. Por ejemplo, en las últimas semanas le perseguía por las noches". Relatan, igualmente, que había comunicado a algunas personas de su entorno que su relación con el que fue su asesino había finalizado hacía más de un mes.

El asesino, José, era natural de Córdoba y tenía 55 años. No constaban denuncias por agresiones, aunque según confirman fuentes municipales a EL ESPAÑOL, la víctima sí denunció a su anterior pareja por delitos de malos tratos. Incluso cumplió condena. En el caso de José, algunos vecinos relatan, aún con las manos temblorosas y la voz agrietada, que "desde que Mariángeles conoció a este hombre, era otra. Fue a peor". 

María, de 46 años, es la vigésimo sexta víctima de la violencia machista en España desde que comenzó el año. En 2021, también han sido asesinadas, África, de 56 años, Consuelo Martínez, de 81 años, Alicia Rodríguez, de 36; Katherine, de 58; Rocío Caíz Pozo, de 17; Anna y Olivia Gimeno, de seis y uno; Katia Carolina A.B., de 35; Lucía Dotto Domingues, de 42; Alla Bukanocova, de 48; Nicoleta Clara, de 41; María Teresa Aladro, de 48; Warda, de 28, y su hijo Mohamed, de siete; Betty, de 52; Pilar, de 50; Maria Soledad M. P., de 60; Paula M., de 36; Jordina M.P., de 34; María Cruz, de 48, y su hija Isabel, de 11; María del Carmen M. V., de 46; Alicia P., de 52; Conchi G., de 56; Flora P., de 82. La serie 'La vida de las víctimas' contabilizó 53 mujeres asesinadas en 2017, 47 en 2018, 55 en 2019 y 43 en 2020.