Enrique Santiago, líder del PCE, junto a Tanja Nijimeirjer, exguerrillera de las FARC.

Enrique Santiago, líder del PCE, junto a Tanja Nijimeirjer, exguerrillera de las FARC.

Reportajes

El Sábado Santo rojo de Enrique Santiago: un líder del PCE llega al Gobierno

Ha sido elegido como nuevo secretario de Estado para la Agenda 2030 tras la salida de Pablo Iglesias. 

3 abril, 2021 02:51

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Los mexicanos llaman “sabadazo” a esas decisiones políticas que se toman en festivo, normalmente sábado, cuando nadie está pendiente y las oficinas están cerradas. La tempestad arrecia ese día, amaina el domingo y queda atemperada del todo antes del lunes, el día que se vuelve a la normalidad. Hace 44 años, en 1977, el Gobierno aprovechó el sábado de Semana Santa, con media España de vacaciones y los cuarteles a media asta, para legalizar al Partido Comunista de España (PCE), en una fecha que pasó a ser conocida como el primer Sábado Santo Rojo. Hoy ha sido el segundo.

Entonces fue Adolfo Suárez, presidente del Gobierno, el que tendió la mano a los comunistas y le abrió las puertas de la democracia a Santiago Carrillo, secretario general del PCE. Fue la prueba de fuego de para ver si la naciente Transición iba realmente en serio o sólo se trataba de un espejismo. Este sábado, paralelamente, ha sido otro presidente, Pedro Sánchez, el que ha tendido la mano al actual líder de los comunistas. Pero esta vez no le ha abierto las puertas de la democracia, sino del Gobierno.

Enrique Santiago (Madrid, 1964), secretario general del PCE y portavoz adjunto de Unidas Podemos en el Congreso, ha sido elegido como nuevo secretario de Estado para la Agenda 2030, dependiente del Ministerio de Derechos Sociales. La salida de su amigo Pablo Iglesias de la vicepresidencia segunda del Gobierno para concurrir como candidato en las elecciones del 4 de mayo en la Comunidad de Madrid ha obligado a remodelar el Gabinete. Yolanda Díaz, titular de Trabajo, heredará la vicepresidencia; Ione Belarra, hasta ahora número 2 de Iglesias, le relevará en el ministerio; y Enrique Santiago, líder de los comunistas, suplirá a Belarra.

Enrique Santiago, secretario general del PCE.

Enrique Santiago, secretario general del PCE. E.E.

Santiago, Enrique, ha recorrido un largo camino hasta llegar al Paseo del Prado 18, sede del ministerio. Quizá no tan epopéyico como el de su homónimo en los 70, pero, si se mira con perspectiva, buena parte de la historia reciente de la izquierda española se puede explicar por medio de sus correrías, tanto dentro como fuera de la política. Lo mismo ocurrió entonces con el otro Santiago, Carrillo, en los días del primer Sábado Santo Rojo.

El negociador 

Quienes le conocen dicen que es castizo, pero moderno. Un comunista innovador, pero de orden y vieja escuela. Calmado, pero sin andarse con rodeos. En las distancias cortas mira de frente, reflexiona, aspira, y azota con su metralleta ideológica revestida de un marcado acento madrileño. Y es pertinaz. O terco, dependiendo de a quién se le pregunte.

“Es muy honesto, y va de frente. Por eso da la impresión de ser tan serio. Mientras está trabajando no le he escuchado un chiste en mi vida”, concluye a EL ESPAÑOL un antiguo allegado que le acompañó durante años en Izquierda Unida (IU). “También es conciliador cuando hace falta, pero si está seguro de algo no hay quien le mueva”.

Quizás venga de familia, por la rama del Ejército. No acostumbran los comunistas a conocer los himnos de la Legión, pero sí los hijos de militares. Su padre lo era, y franquista. Su abuelo también, pero republicano, fusilado en Ceuta a los 26 años. De él se dice que se aparece por las noches y cura a enfermos y accidentados. De los dos referentes, el joven Enrique escogió al rojo.

Enrique Santiago, en un acto de Unidas Podemos.

Enrique Santiago, en un acto de Unidas Podemos. EFE

De joven siempre abrazó las izquierdas, incluso durante el régimen, pero acabó por radicalizarse del todo a través de sus amistades en los grupos cristianos universitarios que protestaban contra UCD entre 1979 y 1980. En esos años empezaron a circular los libros, pero se decantó por El Estado y la Revolución de Lenin antes que por la Biblia. Y se hizo comunista.

Sólo así se explica su papel actual. Santiago fue, por mediación de Pablo Iglesias, uno de los encargados de pactar el espinoso Gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos, pero el talante paciente del comunista le hacía parecer casi un “mediador”, en palabras de una de las negociadoras socialistas. En su lado de la mesa inspiró tranquilidad. En el otro, incluso confianza.

“Nadie de las FARC se sentó a negociar con el Gobierno para entrar en la cárcel, pero sabíamos que no se conseguiría la amnistía el primer día”, dice él mismo sobre aquellas citas. Si en algo tiene experiencia es precisamente en eso: negociar y mediar. Y tender puentes.

Colombia, Pinochet y Bárcenas

En estas tres facetas, la trayectoria y el carácter de Santiago le han llevado a presentar numerosas batallas “ajenas” al PCE y a Izquierda Unida, sobre todo en acciones relacionadas con los derechos humanos. En realidad, el líder de los comunistas lleva años relacionado con causas muy presentes en el imaginario colectivo español, sobre todo de izquierdas. Ha sido importante, pero nunca hasta ahora había tenido focos.

Enrique Santiago

Enrique Santiago E.E.

Si por algo se le conoce fuera de la política es por ser abogado, pero su camino no se puede separar de su función como militante. Bajo estas dos premisas fue representante de la guerrilla colombiana de las FARC desde 2012, siendo pieza fundamental para conseguir el proceso de paz del Gobierno de Colombia con los terroristas. En 2017 recibió junto a Sergio Jaramillo, negociador del presidente, el premio Gernika Paz y Reconciliación como representantes de los dos bandos.

Dentro de nuestras fronteras, ha participado en causas tan mediáticas como el caso de José Couso ante la jurisdicción española, el procesamiento de Augusto Pinochet, la acusación popular contra la dictadura militar argentina y, más recientemente, las ofensivas contra la corrupción de la Gürtel, Bankia y los papeles de Bárcenas. Este último escándalo llevó a Álvarez Cascos, vicepresidente del primer Gobierno de Aznar, a demandarle por injurias y calumnias, pero finalmente la querella fue archivada. 

Desde el año 2000 al 2006 fue secretario general de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), organización a la que sigue vinculado como socio individual y miembro de su asamblea. Curiosamente, esta ONG española fue la única experiencia laboral privada de su nueva jefa y ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra.

Germen de Podemos

Santiago inició su militancia política en las juventudes del PCPE en Chamberí, un grupo de prosoviéticos que renegaron de Carrillo a mediados de los años 80, pero no tardó en emigrar al seno de la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE) tras el proceso de unidad. De ellas llegó a ser secretario general entre 1990 y 1993, momento en que de verdad entró como militante de pleno derecho de el Partido. Y, por tanto, de Izquierda Unida.

Enrique Santiago.

Enrique Santiago. PCE

Con el tiempo, ya bajo el mandato de Cayo Lara, Santiago fue relegado a la recién formada Secretaría de Refundación de Izquierda Unida, en 2010. El órgano estaba pensado, en su cabeza, para reconvertir IU en un partido más adaptado a los nuevos tiempos, más fresco, que no renegase de su herencia en la izquierda radical pero que intentase convencer a más gente. Abandonar la bandera roja, hacerse transversal. ¿Les suena de algo?

“En realidad él planteaba hacer con IU algo parecido a lo que después se convirtió en Podemos. Peleó mucho con Cayo Lara por conseguirlo, pero había mucha gente que no entendía la refundación, que quería mantener las siglas”, revela a este diario un camarada de esos años. Fue entonces cuando Santiago, fiel al partido, pero con ideas nuevas, encontró a su revulsivo.

Conoció a un joven profesor de universidad de coleta larga y verbo rápido que, si bien no militaba, se dejó convencer por aquel “nuevo partido” que, prometían algunos, podría llegar a superar a IU en las instituciones. Este era, por supuesto, Pablo Iglesias, con quien trabó amistad al instante. Ambos se entendían y luchaban por lo mismo: refundar la izquierda; uno desde dentro del partido y otro desde fuera. El destino los ha vuelto a unir.

“Enrique siempre entendió el proyecto de Pablo porque era lo que él quería hacer desde dentro, pero no le dejaron. Por eso ahora es el mayor interesado en que Izquierda Unida se junte con Podemos”, concluye la misma persona. A día de hoy, la relación de los líderes de Podemos y el PCE está en su mejor momento, tanto a nivel político como personal. Iglesias, sobre todo, confía en Santiago. Y viceversa. Incluso le prestó su casa en Asturias, en verano, para poder evadirse del acoso en Galapagar.

Enrique Santiago da paso a Pablo Iglesias en un acto de Refundando la Izquierda (IU), en 2009

Miseria y resurgimiento

Quizá el texto que mejor sabe explicar la tortuosa y descarnada historia de los comunistas en España sea el Miseria y Grandeza del PCE de Gregorio Morán, publicado en 1986. Lo reeditó hace un par de años, en 2017, y le añadió un “agonía” al título, cuando todo apuntaba al suicidio político de la formación y el posterior reparto de sus despojos. Puede que se precipitara.

Si hubiese esperado un poco, quizás hasta 2021, su nuevo título bien podría haber metido la palabra “resurgimiento”, a raíz de los últimos acontecimientos. Nunca antes el PCE había tenido tanto poder en las instituciones, con su secretario general como secretario de Estado y una militante -Yolanda Díaz- como vicepresidenta del Gobierno. Para encontrar un símil habría que remontarse, de nuevo, a Carrillo e Ibárruri, pero no en la Transición, sino en la II República.

“Si lo piensas fríamente, ni Anguita, ni [Gerardo] Iglesias ni Carrillo han tenido más poder, como tal, que Enrique Santiago. Es el único que va a estar gobernando, en las instituciones”, asevera este antiguo dirigente comunista. “Lo que puede pasar es que a raíz de esto ya se consolide la fusión entre Podemos e IU. No queda claro si estamos ante el final del PCE o ante su mejor momento”.