A Alicia le costó 187 días recuperarse físicamente de la paliza.

A Alicia le costó 187 días recuperarse físicamente de la paliza.

Reportajes

La locura de Osvaldo: violó y dio una paliza a su novia al imaginar que le era infiel

Alicia (nombre ficticio) le pidió por favor que no la matara. “Tranquila, que no te voy a matar”. La sombra de Osvaldo se dirigía inexorable hacia ella con la mano en la espalda, simulando que blandía un cuchillo. Luego la tiró al suelo y le obligó a prácticar sexo con él. La violación y la paliza de aquella noche de 25 al 26 de agosto de 2016 no ha salido de la cabeza de Alicia. Él está encerrado en la cárcel desde entonces. 

Ahora, más de dos años después, la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Pontevedra ha condenado a nueve años y dos meses de cárcel a Osvaldo O. G., 53 años de edad, por violar y dar una paliza a su pareja. El motivo: imaginar que le había sido “infiel con su jefe”. 

Osvaldo nació en Cuba pero llevaba años viviendo en Vigo. Allí conoció a Alicia, con la que llevaba cinco años de relación cuando le destrozó la vida. La sentencia, a la que ha tenido acceso EL ESPAÑOL, describe el maltrato, el acoso, la paliza y la violación perpetrada aquella noche. 

Espiándola en el trabajo 

El día 25 de agosto de 2016 , sobre las 14 horas, Osvaldo salió tras los pasos de su pareja cuando esta se marchó a su trabajo. Alicia trabaja en Pontevedra, que está a veinte minutos de Vigo en coche. Luego se dedicó a espiarla. La acechó hasta que saliera de su oficina. Horas después, advirtió cómo se iba a comer, como cualquier otro día, con sus compañeros. La abordó en una esquina, la cogió por banda, la llevó a un aparte y se puso a discutir con ella. Le dio varios golpes en los brazos, reprochándole que se fuera a comer con su jefe. 

La retahíla de amenazas continúa, pero a gritos en plena calle. Osvaldo grita sin parar: ya le había dicho, vocifera, que no se tenía que ir a comer con nadie. Luego le quita su teléfono, se monta en el coche y se vuelve a casa. 

Varias horas más tarde, la tragedia se desata en la casa. Alicia sale a las siete y media del trabajo y recorre en coche el camino de vuelta hasta llegar a Vigo, hasta la vivienda que ambos compartían. Al entrar, ve a Osvaldo haciendo las maletas.

Manifestación convocada por el movimiento feminista en contra de la sentencia del caso 'La Manada'

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La discusión comienza de nuevo, unos celos absurdos se apoderan de él y antes de irse intenta que Alicia reconozca la verdad, que le ha sido infiel con su jefe. Ella lo niega una y otra vez,  sin saber, ni intuir, ni lograr entender cómo se le ha metido a Osvaldo esa idea en la cabeza. Nada de lo que Alicia dice le vale al agresor.

Golpes y una violación

Osvaldo estampa el teléfono en el suelo y luego sale de la casa. Ahí, Alicia esconde rápidamente los cuchillos. Osvaldo vuelve a casa a las once de la noche insistiendo sobre la misma idea. El hombre está cada vez más desatado, y acaba arrinconando a Alicia en la cocina, empujándola, golpeándola, agitándola como un animal desbocado. Luego se pone a buscar los cuchillos, incluso en la lavadora.  Alicia insistió en que estaba paranoico, que jamás había hecho nada con su jefe. 

La situación en el piso se vuelve insostenible. Primero, le dice que se vista, que hay que salir a la calle e ir a la comisaría a poner una denuncia a su jefe por acoso. Alicia le vuelve a explicar, por enésima vez, que son solo imaginaciones suyas, que no va a ir a ningún lado y que no ha hecho nada. Todo se sale de madre: Osvaldo le arranca el móvil de las manos y empieza a mandar whatsapps al jefe de Alicia haciéndose pasar por ella. 

A continuación, empezaron de nuevo los golpes. Las patadas llovieron sin parar sobre la espalda de Alicia. Osvaldo le decía que la iba a matar y que no iba a salir viva de aquella habitación. Un auténtico infierno enclaustrado entre cuatro paredes

“Tranquila, que no te voy a matar”, insiste el agresor. En ese momento, Osvaldo la obliga a practicar sexo anal. Ella se niega en redondo. El hombre la tumba en el suelo, la arrastra por la cama, le rompe la blusa y le da patadas en las nalgas. Luego la obliga a practicar sexo oral. 

Graves secuelas físicas y psíquicas

Sede de la Audiencia Provincial de Pontevedra.

Sede de la Audiencia Provincial de Pontevedra. EFE

Horas después, a causa de los whatsapps y de las llamadas recibidas en su móvil, el jefe de Alicia realizó una llamada al dispositivo de la mujer, víctima de la brutal vejación y agresión. Osvaldo decidió, después de descolgar, salir a denunciarle por acoso a su mujer, antes de que el jefe pudiera denunciarle a él. Se llevó a Alicia a la comisaría y allí comprobaron el estado en que se encontraba a causa de sus ataques. 

Las consecuencias de lo que le ocurrió a Alicia fueron muy graves, tanto física como psicológicamente: hematomas en el ojo izquierdo, golpes en la frente, en las sienes, hematomas en los brazos. Golpes por todo el cuerpo, con consecuencias incluso en los huesos. Le tuvieron que enyesar el tobillo izquierdo, le administraron tratamiento anticoagulante y analgésicos, le realizaron radiografías durante semanas y le prescribieron sertralina y lorazepan. Estuvo de baja laboral durante seis meses y bajo tratamiento psicológico y psiquiátrico. 

Las lesiones de Alicia tardaron 187 días en curarse. Desde avogadasvigo.com el bufete que llevaron su caso, describen que está tratando de rehacer su vida, pero que no lo está teniendo fácil. “No llegó a matarla porque dios no lo quiso. Es una superviviente. Una heroína”.