Carlos Carrizosa, durante una sesión en el pleno del Parlament.

Carlos Carrizosa, durante una sesión en el pleno del Parlament.

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"¿Queréis que terminemos a garrotazos?" Carrizosa relata cómo plantó cara el viernes a los 'indepes' vociferantes

El diputado de Cs explica cómo vivió, desde las entrañas del Parlament, el día más negro de la democracia en España.

30 octubre, 2017 02:11

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Carlos Carrizosa es abogado y diputado de Ciudadanos en el Parlament de Cataluña. Fue uno de los políticos que intervino durante el pleno del 27 de octubre, en el que los partidos separatistas culminaron el disparate y proclamaron la independencia de Cataluña de forma unilateral. Carrizosa explica cómo vivió, desde dentro, desde las entrañas del Parlament, el día más negro de la historia de la democracia en España.

Vamos derechos a un desastre, a un conflicto civil, porque así lo han querido unos gobernantes mediocres; y todo se escenificó ese día negro para la democracia. El 27 de octubre fue, sin lugar a dudas, el día más triste de mi carrera como político. Sin lugar a dudas. Empecé con Ciudadanos en 2006 y nunca había experimentado una situación de violencia parlamentaria similar. Los malos augurios empezaron bastante antes del pleno. Por la mañana, sobre las 10:45, cuando recibimos la moción que nos adelantaba que en el Parlament de Cataluña estaba abocado a algo demencial esa tarde.

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Nosotros sabíamos que se estaba perpetrando ese atentado a la democracia, y así lo declaré a los medios. Luego se extendió el globo sonda que decía que Puigdemont había recapacitado e iba a convocar elecciones. Fue el único momento de duda. Incluso llegue a comentar que no se moviesen mucho mis declaraciones, si era cierto que al final Puigdemont convocaba elecciones. Pero en el fondo teníamos pocas esperanzas. Nos extrañaba mucho que precisamente ahora se fuesen a salir de su hoja de ruta.

Centenares de independentistas reventando el pleno

Los malos augurios se cumplieron por la tarde, antes del pleno. Lo primero que nos extrañó fue ver que el Parlament se estaba llenando de gente de aspecto antisistema. Luego empezamos a escuchar gritos y cánticos de “independencia”. Venían de dentro de la cámara. Nosotros estábamos en otra sala, en la Junta de Portavoces para estudiar nuestra propuesta de reconsideración del texto de la DUI. Desde allí escuchábamos a una multitud que estaba dentro de la cámara gritando consignas independentistas. Junts pel Sï y CUP habían invitado a centenares de personas para reventar aquello. Para intimidar y coaccionar.

¿Qué sentí en ese momento? Creo que es una mezcla de tensión, pena e indignación. La sensación de ocupación del Parlament era terrible. Por una parte, sus invitados vociferando. Por el otro, 150 alcaldes independentistas metidos en una sala. La impresión era que una minoría se había adueñado del Parlament; de un lugar que respeto profundamente y que tiene que ser el emblema de la democracia. Lo habían ocupado y se habían apoderado de él. Ahí estallé. “Tenéis muy poca vergüenza. Habéis llenado el Parlament con vuestros invitados para coaccioarnos. ¿Qué os creéis? ¿Que nosotros no tenemos regidores que podrían venir a liarla? Lo que pretendéis es acabar a garrotazos. ¿Os habéis creído que el Parlament es vuestro?”, les recriminé.

Gritos y consignas para intimidar

Soy abogado de profesión y sé identificar perfectamente una coacción. Se lo dije a ellos. “Somos los representantes públicos. Aquí nadie tiene que traer a nadie para vociferar ni intimidar”, me quejé. Tan claro tuvieron que ver que aquello que estaban haciendo no era correcto, que el propio Roger Torrent (diputado de ERC) empezó a hacer llamadas y a mandar Whatsapp al interior de la sala, para que parasen. Aun y así, todavía hubo unos cuantos que siguieron gritando.

Lo lógico hubiera sido la expulsión de una cantidad tan exagerada de invitados torpedeando el acto. ¿Qué hacían allí? ¿Qué se supone que hacía allí toda esa gente? Pero no sucedió y al poco rato entramos y empezó el pleno. El público seguían en las gradas y las CUP seguián vociferando y jaleando. Hasta Carme Forcadell tuvo que sofocar sus aplausos.

¿Por qué no dan la cara?

Durante el pleno, las fuerzas constitucionalistas no teníamos contacto entre nosotros. Lo que estaba pasando era demasiado grave. Desde nuestro partido mirábamos hacia adelante; estábamos especialmente atentos a las acciones de Forcadell, porque no íbamos a tolerarle ni una ilegalidad más. También estábamos muy pendientes de Puigdemont. Pero fíjate: el día más importante, el día en el que decide romper un país y proclamar una independencia ilegal, ni siquiera habla. Ni siquiera interviene. Entre eso y los votos secretos piensas: ¿Por qué no das la cara? Yo no tengo ningún problema en salir ahí y defender mis ideas, defender la democracia. Yo no tengo nada que esconder.

Inés [Arrimadas] estuvo perfecta cuando salió a hablar. No llevaba ningún texto preparado, pero pidió hablar por alusiones y creo que estuvo magnífica en su intervención. Y al poco llegó el punto más tenso. El peor. El momento en el que los partidos constitucionalistas abandonamos el hemiciclo. Cuando eres consciente de que un puñado de dirigentes sin escrúpulos se acaban de cargar la sociedad catalana y la democracia. Que unos gobernantes mediocres y embebidos de soberbia han llevado a la sociedad a esta ruptura y división. Recuerdo que, cuando salía, les miré a la cara y les volví a decir a los diputados independentistas que no tenían vergüenza. Fernando [De Páramo] les gritó “Visca Cataluña y Viva España”. No fueron capaces de respondernos nada. Igual es que se quedaron helados.

Así empiezan las guerras

¿Cómo te describo yo lo que sentí en ese momento? Pues yo lo definiría como 'pesimismo antropológico'. En esos momentos es inevitable reflexionar sobre lo fácil que es acabar a garrotazos. Piensas que cuántas guerras en el mundo han empezado por delirios de este tipo, de dirigentes que no están a la altura, que no respetan ni la ley y que sólo buscan el conflicto. Porque, si por ellos fuera, iríamos a un conflicto civil. No les importan los catalanes. ¿Cómo les van a importar, si ya han fracturado nuestra sociedad sin ningún tipo de escrúpulos? ¿Quién llena un Parlamento con sus amigos para que griten, coaccionen e intimiden a los que no piensan como ellos? ¿Esa es su democracia?

Ya te digo que empecé en esto en 2006. Y lo hice por convicción y por una cuestión de ideas, porque yo ya tengo mi trabajo; soy abogado. Cuando empecé ya sabía que me iba a tocar librar batalla. Que iba a encontrarme situaciones muy difíciles. Pero cuando te acaban obligando a tener que abandonar tu propio parlamento, miras y ves un hemiciclo semivacío, sientes una tristeza enorme. El día más triste de la democracia.

La performance sectaria de las escalinatas

Luego montaron la performance esa casi sectaria, todos en las escalinatas cantando… JxSI utilizaron el parlamento, el parlamento de todos los catalanes, para teatralizar su supuesta independencia, con los alcaldes con sus varas como atrezzo. Desafiando a la ley. Creo que lo que pasó les define y les retrata. Todo el mundo ha visto lo que ha pasado ahí dentro y eso ha motivado que después hayan salido a la calle un millón de catalanes contrarios a la independencia, que no quieren ni van a permitir esta locura. La gente se ha dado cuenta. Al final vamos a tener que agradecerle a Puigdemont que haya llegado a este punto, para que todo el mundo vea lo que es.

Quieren hundir Cataluña. Han conseguido infligirle a esta tierra daño de tres tipos: el primero es el económico, porque han conseguido que se vayan de aquí un número de empresas que suponen como el 40% del PIB. En segundo lugar, el daño social. Sólo pretenden dividir. Cuando el partido que está en el poder aprueba, por ejemplo, que Inés Arrimadas se considerada 'persona non grata' en un pueblo, lo que están provocando es que los más de 700 votantes nuestros en ese pueblo se tengan que esconder y ocultarse para que no los señalen. Es comparable a una dictadura. Al franquismo. Es un golpe de estado en toda regla. Y el tercer daño es el golpe que le han dado a las instituciones y a los medios de comunicación públicos, los de todos, los que pagamos todos los catalanes. No voy a entrar ahora en el papel que ha jugado TV3 en este asunto; todos lo hemos visto.

Ahora el daño está hecho. ¿Si es irreparable? Pues no lo sé; lo que tengo claro es que las consecuencias de todo esto van a durar décadas. Lo más urgente es taponar esas hemorragias. Hemos retrocedido. Tal y como están las cosas, estamos en un escenario de pre-política. En esos escenarios en los que se tiene que volver a plantear cuestiones tan elementales como la legalidad, la neutralidad de las instituciones o la seguridad jurídica porque unos dirigentes sin escrúpulos han hecho un uso ilegítimo y repugnante de su posición. Ahora toca refundar la democracia en Cataluña, y no se nos van a caer los anillos para pactar con el resto de partidos constitucionalistas para conseguirlo. En diciembre iremos a las urnas y esta vez será de verdad.