Vista de uno de los box de la UCI del CHUAC desde la cama.
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De la UCI del Hospital de A Coruña también se sale: "No es un lugar de miedo, es un espacio de recuperación"
Mónica Mourelo, jefa de Medicina Intensiva del CHUAC, abre las puertas de la Unidad de Cuidados Intensivos para mostrar su funcionamiento diario, el trato humano a los pacientes y la esperanza que ofrecen
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Entrar en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del CHUAC no es fácil. Las luces de los monitores, los sonidos constantes de los respiradores y las alarmas que suenan intermitentes pueden intimidar a cualquiera. Sin embargo, según Mónica Mourelo, jefa de Medicina Intensiva del hospital, la percepción de la UCI como un lugar de condena está lejos de la realidad.
"El porcentaje de recuperación se sitúa entre un 80 y un 85 por ciento. La UCI no es un lugar de miedo; es un espacio de recuperación. Queremos transmitir esperanza, porque casi siempre se sale", asegura Mourelo.
El día a día
El día comienza muy temprano. Al cruzar las puertas, se percibe un movimiento silencioso pero constante: médicos, enfermeras, residentes, fisioterapeutas, logopedas y celadores coordinan cada detalle para garantizar que la atención sea continua y segura. La jornada arranca con la transmisión de incidencias, un encuentro en el que se revisan los ingresos recientes, las intervenciones del turno anterior y las situaciones críticas de cada paciente.
"El contacto con sus seres queridos aporta calma y bienestar emocional", dice Mourelo"
"Comentamos cada caso, actualizamos tratamientos y valoramos las pruebas necesarias. La comunicación es esencial: cualquier error puede afectar la evolución de un paciente", explica Mourelo.
Coordinación absoluta
En la UCI, la coordinación es absoluta. El personal de enfermería, con más de 150 profesionales, maneja la administración de medicación, control de constantes, cuidados directos y la realización de pruebas urgentes o programadas.
"La UCI no es un lugar de miedo; es un espacio de recuperación. Queremos transmitir esperanza, porque casi siempre se sale"
"Sin enfermería, la UCI no funcionaría. Son el corazón de esta unidad", asegura Mourelo. Los médicos, alrededor de veinte, se encargan de planificar tratamientos, tomar decisiones críticas y liderar las visitas a los pacientes, apoyados por 12 residentes que aportan energía, preguntas y dedicación. A ellos se suman psicólogo, fisioterapeuta, logopeda y celadores, formando un equipo multidisciplinar que funciona como una pequeña ciudad hospitalaria.
Tecnológicamente al día
Recorrer la UCI es adentrarse en un espacio que combina tecnología y humanidad. Cada box está equipado con monitores de última generación, respiradores y un ordenador personal para cada paciente, que permite al personal acceder a toda la información médica en tiempo real.
"Cuando inauguramos las nuevas instalaciones en febrero de 2024, dimos un salto cualitativo enorme. Ahora podemos trabajar con más privacidad, seguridad y eficiencia. Cada paciente tiene su espacio y su monitorización avanzada", explica Mourelo.
"Ahora podemos reunirnos, hacer sesiones clínicas y coordinar mejor el trabajo, lo que redunda en un cuidado más seguro y eficiente para los pacientes"
Además de la tecnología, la humanización de la atención es una prioridad. Desde hace quince días, la UCI permite horario de visita libre para familiares, que pueden recibir información directa de la persona de contacto responsable.
"La relación con la familia es clave. Para los pacientes, especialmente aquellos que están sedados o con monitorización compleja, el contacto con sus seres queridos aporta calma y bienestar emocional", dice Mourelo. Este cambio refleja una filosofía que busca tratar al paciente como persona, no solo como caso clínico.
El ritmo de la UCI es constante. Las alarmas no cesan, los monitores parpadean y, en medio de todo, el personal mantiene una disciplina impecable.
"Cada mediodía hacemos un pase de guardia para revisar los cambios ocurridos durante la mañana. Esto asegura que cualquier actuación pendiente quede registrada y que el equipo de tarde pueda continuar la atención sin sobresaltos", detalla Mourelo.
La coordinación no termina en el turno diario: el personal de enfermería hace partes completos al final de cada turno, de manera que nada quede al azar.
¿Por qué se ingresa en la UCI?
Los criterios para ingresar en la UCI son estrictos. La prioridad la tienen pacientes que necesitan vigilancia intensiva, soporte de órganos o tienen riesgo vital, desde traumatismos graves y accidentes de tráfico hasta infecciones complejas o patologías cardíacas críticas.
"Evaluamos cada ingreso según índices de gravedad y necesidad de cuidados intensivos. Algunos pacientes requieren soporte respiratorio, otros soporte cardiovascular. Todo depende de la complejidad y la evolución de su situación", explica la jefa de la unidad.
"Cada paciente tiene su espacio y su monitorización avanzada"
El flujo de pacientes es intenso. La UCI tiene 28 camas más 12 adicionales, y la ocupación diaria puede llegar hasta 34-36 pacientes. Esta dinámica exige una organización constante: los ingresos, los traslados y las altas se registran cuidadosamente para garantizar que cada paciente reciba la atención exacta que necesita. La mayoría de las salidas son hacia planta, aunque existen excepciones de alta directa a domicilio, en casos muy concretos, como desensibilización de fármacos.
Humanizar al paciente
Mourelo insiste en que el trabajo en la UCI no se reduce a la atención clínica: también se trata de humanizar la experiencia del paciente.
"Cuando alguien ingresa aquí, muchas veces es un momento muy duro para él y su familia. Hacer la estancia más llevadera es parte de nuestro trabajo. Nos emociona recibir comentarios de pacientes que recuerdan la amabilidad y el cuidado que recibieron más que la gravedad de su situación", asegura.
Esta atención integral incluye desde música o radio en los boxes hasta el seguimiento psicológico, fisioterapéutico y de logopedia según las necesidades de cada paciente.
Los casos que llegan a la UCI son variados y, en muchos casos, críticos. "Atendemos pacientes con inestabilidad hemodinámica, traumatismos graves, pacientes cardiológicos críticos o con infecciones complejas. Cada uno requiere un manejo específico y un seguimiento estrecho", detalla Mourelo.
"Nos sorprendió gratamente descubrir que muchos pacientes tienen recuerdos positivos de su estancia, aunque sean vagos. Esto nos confirma que la humanización marca la diferencia"
La unidad también funciona como centro de referencia para pacientes cardíacos de toda Galicia, incluyendo trasplantes y dispositivos de asistencia ventricular, lo que añade un nivel de especialización y responsabilidad elevado.
La renovación de las instalaciones no solo mejoró la tecnología y la seguridad, sino también la organización interna y la formación del personal.
"Antes no contábamos con salas de reuniones amplias ni puntos de trabajo individuales para cada médico. Ahora podemos reunirnos, hacer sesiones clínicas y coordinar mejor el trabajo, lo que redunda en un cuidado más seguro y eficiente para los pacientes", explica Mourelo.
Recuerdos positivos
La unidad también ha desarrollado talleres con familiares y pacientes para mejorar la experiencia de ingreso y detectar áreas de mejora.
"Nos sorprendió gratamente descubrir que muchos pacientes tienen recuerdos positivos de su estancia, aunque sean vagos. Esto nos confirma que la humanización marca la diferencia", añade.
La UCI no es solo un espacio de alta tecnología y protocolos estrictos; también es un espacio de aprendizaje y colaboración. Los residentes y el personal en formación participan activamente en la atención de pacientes, guiados por médicos y enfermeras experimentadas. Cada decisión, cada intervención y cada evolución se documenta rigurosamente, y se discute en reuniones periódicas para asegurar una atención coordinada y de calidad.
"Queremos desmitificar la UCI. La mayoría de los pacientes evolucionan favorablemente y salen adelante"
"Los residentes son fundamentales. Aportan energía, curiosidad y preguntas que nos obligan a reflexionar y mejorar continuamente", asegura Mourelo.
El ambiente en la UCI combina tensión y calma. Las alarmas y los monitores parpadean constantemente, pero el personal mantiene una serenidad profesional que transmite confianza a los pacientes y familiares.
"La tecnología nos ayuda a detectar problemas antes de que se agraven, pero la humanidad sigue siendo nuestro mejor recurso. Saber escuchar, explicar, tranquilizar y acompañar es tan importante como cualquier respirador o monitor", afirma Mourelo.
Tratar con personas
En la UCI, cada paciente es único. Desde un joven que sufrió un accidente de tráfico hasta un paciente cardíaco que requiere un trasplante, cada caso tiene su propia complejidad y demanda atención personalizada.
"No tratamos enfermedades, tratamos personas. Esa es nuestra filosofía y lo que nos diferencia. La recuperación depende tanto de la intervención médica como de la confianza y el acompañamiento que brindamos", explica la jefa de Medicina Intensiva.
"La tecnología nos ayuda a detectar problemas antes de que se agraven"
La experiencia de Mourelo y su equipo demuestra que, aunque la palabra UCI pueda generar miedo, la realidad es muy distinta. "Queremos desmitificar la UCI. La mayoría de los pacientes evolucionan favorablemente y salen adelante. El trato humano, la coordinación del equipo y la tecnología permiten que la recuperación sea posible para la gran mayoría", concluye Mourelo.
Recorrer la UCI del CHUAC es acercarse a un mundo donde la vida se protege, la ciencia se aplica y la esperanza se mantiene. Cada monitor, cada respirador y cada medición son herramientas que permiten que el equipo actúe con precisión. Pero lo que realmente marca la diferencia es la dedicación de cada profesional, el compromiso con la vida y la atención humana que reciben los pacientes.
La UCI es un lugar de tensiones y emociones, de decisiones rápidas y cuidados minuciosos, pero sobre todo es un espacio de recuperación. Como dice Mourelo, "casi siempre se sale. Queremos que la sociedad lo sepa: la UCI salva vidas, y lo hace con profesionalidad, cariño y humanidad".