Lorena, clienta habitual de El Tequeño, junto al personal.
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El adiós de El Tequeño deja huérfanos a sus clientes en A Coruña: "Mi pedacito de Venezuela"
Flor y Lito se jubilan este domingo, aunque su hijo Javi avisa: "La historia del Tequeño no termina aquí"
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Este domingo, El Tequeño se despide. O, más bien, se despide el matrimonio que lo creó. Después de 40 años al frente, Flor y Lito se jubilan. Y con ellos se quedan huérfanos infinidad de clientes que, en algún momento de su vida, pasaron por sus puertas. Es el caso de Lorena Barone, quien encontró en este rincón de la plaza de María Pita su pedacito de Venezuela.
Ella llegó a España hace cosa de 20 años y, desde entonces, forma parte de la familia de El Tequeño. "Estoy triste", cuenta a Quincemil. Y es que sabe que, cuando ya no estén, "ya no volverá a ser lo mismo".
Conoció a Flor y a Lito embaucada por sus tequeños. "Mi pedacito de Venezuela en España", cuenta emocionada. Pero lo que empezó siendo solo una parada durante sus descansos del trabajo terminó convirtiéndose en una amistad. "Conecté mucho con la mamá de Javi y con una de las cocineras, ya que ambas son también de Venezuela", cuenta.
Ella trabajaba de interna por la zona y, cada vez que podía, se escapaba a comer alguno de sus platos. Porque no todo eran los tequeños. Entre tapa y tapa se colaba algún sabor venezolano. Y, cuando no podía pasarse a la hora de comer, le guardaban el postre. Ahí sí, era un tequeño.
"La historia no termina aquí, termina para mis padres"
La distancia nunca fue un problema. Con el paso de los años, Lorena se mudó a Oseiro, en Meicende, y eso no supuso ningún problema. Cada vez que podía, se cogía un bus y se plantaba en la plaza de María Pita.
Y así seguirá siendo. Pero esta vez, sin una barra de por medio que los separe. De hecho, si algo ha querido dejar claro Javier Pastoriza, el hijo de Flor y Lito, es que "la historia del Tequeño no termina aquí". "Termina para mis padres", asegura. Pero la puerta queda entreabierta para lo que pueda pasar con las terrazas.
El futuro de El Tequeño depende de las terrazas
Y es que, ya antes del verano, Lito contaba a Quincemil que su jubilación llegaría el día que quitaran las terrazas. Todo dependía de la clientela que se perdiera. "Si no hay trabajo, no me necesitan". Sin embargo, no contaban con que su jubilación no venía sola. Más gente de la plantilla estaba a las puertas de convertirse en pensionistas, por lo que Javi empezó a ver los días contados. "Se va la columna vertebral del Tequeño", añade.
Pero eso no quiere decir que el histórico local vaya a desaparecer definitivamente. "El Ayuntamiento puede mover ficha", asegura. Con ello, deja en manos del Concello el futuro del negocio, en el sentido de que, si las terrazas desaparecen, puede que con ellas desaparezcan también los clientes.
Y es que, si algo bueno tenían las terrazas, era que aseguraban una clientela en las tardes de invierno, lloviera o tronase. Pero sin ellas existen dudas sobre qué pasará con ese espacio que se ganaba con las 'peceras' de María Pita.
"Me he planteado tantísimas cosas"
Por el momento, Javi vive al día. Eso dice él. "Me he planteado tantísimas cosas", asegura. Pero, por el momento, se va a tomar un descanso. El próximo domingo cerrará El Tequeño. Pero no para siempre.
Lorena con Lito y Javi en El Tequeño.
Lo que Javier quiere es que sus padres tengan una despedida como se merecen. Después de 40 años al frente del negocio, para ellos sí que será un adiós definitivo. Aunque nadie descarta que puedan reunirse con clientes como Lorena para merendar un tequeño.
Porque ahora, más que nunca, el futuro de El Tequeño depende de Javi, su hijo, que siendo aún un niño vio cómo el bocado venezolano se hacía tan conocido en A Coruña como el mismísimo pulpo.