A Coruña y las Torres de los marineros en Monelos

A Coruña y las Torres de los marineros en Monelos

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A Coruña y las Torres de los Marineros en Monelos

Las Torres de los Marineros son ocho torres construidas a mediados de los setenta en la avenida de Monelos. Obra del arquitecto Manuel Bastarreche Lerdo de Tejada, se trata de un conjunto unitario vinculado al Instituto Social de la Marina

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Hay algunas cosas que siempre las hace otro. Los objetos que forman parte de la vida parecen muy sencillos en ocasiones, sin embargo, al observarlos una segunda vez con cierto detalle surgen preguntas. Desde los objetos más sencillos a la ciudad y sus infraestructuras, cada elemento presenta una forma específica resultante de un diseño o de un conjunto de acciones humanas.

Pero, en cada uno de ellos, se puede encontrar un razonamiento conceptual que resulta en la comprensión de la realidad a la que dan forma. Y aunque la forma no es estrictamente resultado, sí es consecuencia de un conjunto de pensamientos, ideas y conceptos.

A veces, las formas producen monstruos extraños como los que refleja Dante en la Divina Comedia: “vi a uno que hubiera parecido un laúd si hubiese estado separado por las ingles de la parte del cuerpo en que el hombre se bifurca. La pesada hidropesía, que de tal modo deforma los miembros, con el humor convertido en agua, que el rostro no se corresponde con el vientre, le hacía tener la boca abierta, como un artístico”.

Pero otras, son elementos extraños que terminan absorbidos por lógicas formales de mayor tamaño o influencia. La construcción de la ciudad es capaz de integrar elementos extraños y aterrizarlos en tierra ajena. Muchos de los proyectos que forman parte de la ciudad han sido desarrollados por personas ajenas al territorio. En ocasiones, estos proyectos esconden detrás un profundo análisis del lugar, de su cultura y su sociedad a través de una mirada antropológica. En otras, simplemente se propone una solución genérica, algo que podría funcionar en casi cualquier lugar en base a su flexibilidad.

Foto: Nuria Prieto

Foto: Nuria Prieto

Una habitación extraña

Durante la dictadura se estableció un criterio centralizador de casi todas las instituciones. Por lo que, muchas de las acciones urbanas procedentes de organismos nacionales nacían de un mando central. Los ministerios establecían varias formas de actuación, podían encargar a un arquitecto local la obra siendo supervisada por dicho organismo o podían desarrollar, a través de sus técnicos, una obra que contaría con apoyo local o visitas para garantizar la correcta ejecución. En la primera opción sería notable la mano del arquitecto local que la desarrolla, y en la segunda una imagen homogénea y neutra. La construcción de una obra ajena al lugar puede provocar extrañamiento inicialmente, pero la inercia de la ciudad suele fagocitar sus particularidades.

“Para dormir en una habitación extraña, antes tienes que vaciarte, (…) Pero ¿qué eres antes que te vacíes para dormir? Pero si te vacías para dormir, ya no eres nada. Y si te llenas de sueño, es que nunca has sido nada. Yo no sé qué soy. Ni se si soy yo o no lo soy. Jewel sabe que él es porque él no sabe lo que él no sabe, si es o no es. No puede vaciarse para dormir, porque él no es lo que él es y él es lo que él no es. (…) Y entonces, yo tengo que ser, pues si no, yo no podría vaciarme para dormir en una habitación extraña. Así que si yo no estoy vacío todavía es que yo soy” - Cash en Mientras Agonizo de William Faulkner

Lo ajeno, al final, termina siendo parte del lugar. En palabras de Faulkner, es, vacío o no. En arquitectura, el razonamiento es más sencillo, el edificio simplemente está, se construye en la ciudad y, tras ello se produce una crisis interpretativa que determina si encaja o no. A Coruña integra numerosas obras realizadas por arquitectos ajenos a la ciudad. Una de ellas son las conocidas como Torres de los Marineros. Construidas entre 1975 y 1978 por el arquitecto Manuel Bastarreche Lerdo de Tejada (1916-2008), se trata de un conjunto de viviendas promovido por el Instituto Nacional de Vivienda y el Instituto Social de la Marina, que desarrolló varias de estas actuaciones en todo el territorio español.

La nacionalización de numerosas empresas, especialmente las dedicadas a la industria, motivó la construcción de este tipo de tejidos residenciales. Lerdo de Tejada desarrolló numerosos proyectos en torno a las décadas de los sesenta y setenta vinculados a emplazamientos portuarios o actividades marineras tales como, 36 viviendas para marineros en Candas (Asturias), el poblado de Pescadores de la Cofradía de San Pedro de Santurce (Vizcaya) o 130 viviendas de renta limitada en Algeciras.

Avenida de Monelos en torno a 1970

Avenida de Monelos en torno a 1970

Las torres de los marineros

Las torres de los marineros se encuentran en la avenida de Monelos 2-16 y cada una de las 8 torres alberga 56 viviendas. Cada torre cuenta con 4 viviendas por planta y 14 plantas alcanzando una altura total de 45m. La organización en planta de las torres es muy simple y no muestra adaptación al lugar, ya que las viviendas se sitúan sobre la planta sin tener en consideración la orientación o las vistas. Así mismo, la ordenación de las torres se realiza siguiendo el trazado de la avenida de Monelos, disponiéndolas en la misma posición, sin atender al proyecto de espacio público que podría generarse en torno a ellas. La simplicidad de su organización se muestra en la distribución en planta, pero también en su organización estructural.

En el centro de la torre se sitúa el núcleo de comunicaciones, con los ascensores a un lado y las escaleras a otro creando un vestíbulo central que da acceso a las cuatro viviendas. El espacio libre a ambos lados del núcleo de comunicaciones forma dos patios a fachada. A cada lado de dicho núcleo se sitúan dos viviendas con una distribución sencilla: vestíbulo, cocina, espacio de estar abierto y pasillo que lleva a las habitaciones y el baño. La sala de estar incorporaba un balcón sobresaliente respecto del plano de fachada que, la mayor parte de propietarios, han cubierto con una galería dado el clima local.

Foto: Nuria Prieto

Foto: Nuria Prieto

La estructura de las torres, de hormigón armado se basa en cinco líneas de pórtico perpendiculares al acceso principal, cada una de las cuales incorpora seis pilares, de tal forma que se genera una malla de vigas de forma más o menos regular que sostiene a cada forjado y lo rigidiza en ambas direcciones, sin crear formas singulares o que puedan concentrar cargas. La disposición ordenada de la estructura que se repite en cada planta es susceptible de sufrir esfuerzos cortantes debido a empujes horizontales de viento o movimiento de tierra, por lo que todos los forjados, que funcionarían como cajas apiladas una encima de otra, se arriostran entre sí, es decir, se cosen entre sí, mediante las diagonales presentes en la envolvente de los patios. Mediante este arriostramiento, la estructura de la torre se estabiliza impidiendo desplazamientos horizontales. La envolvente del edificio se desarrolla en consonancia con la estructura, es decir, utilizando ladrillo y mortero de cemento que se comporta de manera adecuada con el hormigón armado. El edificio no cuenta con plantas bajo rasante. La planta baja únicamente alberga los accesos y un pequeño espacio de almacén.

La envolvente del edificio, resuelta con ladrillo revocado, ha sido recientemente renovada mediante un sistema de aislamiento por el exterior como medida de rehabilitación energética. El ritmo de los huecos es constante, con ventanas de dimensiones habituales en la época. Las torres, presentan una tipología ajena al lugar, pero que dada su neutralidad permite una rápida adaptación. La disposición de las torres sobre el lugar, tampoco se relaciona directamente con la topografía, sino que se imponen a ella, pero la distancia entre los volúmenes permite que el espacio público pueda transformarse según las necesidades del momento y adaptarse a la contemporaneidad.

Foto: Nuria Prieto

Foto: Nuria Prieto

Foto: Nuria Prieto

Foto: Nuria Prieto

Foto: Nuria Prieto

Foto: Nuria Prieto

El cartel de completo

Lo ajeno a veces encaja de manera inesperada. Las ciudades se construyen con la voluntad de ser un hábitat capaz de proteger al ser humano, pero también de convertirse en hogar reconocible, cómodo y eficiente cultural y socialmente. Este lugar se construye con el paso del tiempo, encajando piezas ajenas, con la intención de que sea perfecta pero la consciencia de sus imperfecciones.

Foto: Nuria Prieto

Foto: Nuria Prieto

“La satisfacción de muchos hosteleros es poner el cartel de “completo”. Esto no va conmigo, señor Leopoldo. En mi casa deben sobrar siempre cien camas. No quisiera nunca que ninguno de mis clientes se quedara una noche en la calle.” - señor Francisco Parellada Riera, el dueño de la Fonda Europa y del 7 Portes a Leopoldo Pomés.

A veces, las imperfecciones, o los espacios que no siempre han encajado bien, son solo eso. No tienen más vocación que la de ser un lugar en el que poder vivir, con cierta comodidad. Y su importancia no radica en la calidad específica de la obra, sino en su capacidad para dar forma social y cultural a la ciudad, porque las ciudades no deberían colgar el cartel de completo.