Fran Lebowitz protagonizó la MOP Talk de esta tarde

Fran Lebowitz protagonizó la MOP Talk de esta tarde Cortesía de la Fundación MOP

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Fran Lebowitz hace gala de su humor en A Coruña: "Escribir es realmente complicado; hablar es fácil"

La escritora estadounidense protagonizó una nueva edición de las MOP Talks junto a Daniel Mendelsohn, en una conversación sobre literatura, arte, Nueva York, televisión e inteligencia artificial

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Pelo de corte bob, camisa blanca, americana y unas gafas que forman parte inseparable de su imagen. Fran Lebowitz no necesita demasiadas presentaciones. A sus 75 años, la escritora estadounidense mantiene intacta esa particular manera de observar el mundo, entre la ironía, la crítica y un sentido del humor capaz de provocar las carcajadas del público mientras habla de literatura, museos, televisión, dinero o inteligencia artificial.

La autora de Metropolitan Life y Social Studies, dos libros que contribuyeron a convertirla en una de las voces más reconocibles de la cultura neoyorquina, fue la protagonista este jueves de una nueva edición de las MOP Talks en el Centro MOP de A Coruña. El encuentro, que comenzó pasadas las 19:00 horas, tomó la forma de una conversación con el escritor Daniel Mendelsohn y finalizó con una firma de libros.

Una de las primeras cuestiones giró precisamente alrededor de esa fama de Lebowitz de observar, valorar y juzgar todo aquello que la rodea. "No soy jueza, pero juzgo mucho. Me encantaría ser jueza del Tribunal Supremo. Me he enterado de que no hace falta ser abogada", respondió.

La frase resume bastante bien la personalidad que mostró durante el encuentro. Lebowitz reconoce que juzga constantemente aquello que tiene a su alrededor, aunque no siempre verbalice sus pensamientos. "Normalmente no hablo en voz alta sobre lo que juzgo. Soy bastante más amable de lo que opina mi cerebro. A veces digo: 'No lo digas'".

"Escribir es realmente complicado"

La literatura ocupó buena parte de la conversación. Lebowitz comenzó a escribir siendo muy joven y pronto publicó dos libros que terminarían consolidando su carrera. Sin embargo, décadas después, no romantiza demasiado el oficio. "Es realmente complicado escribir, cuando hablar es muy fácil. Yo soy muy buena hablando", aseguró. Y encontró rápidamente una comparación para dimensionar la dificultad: "La única profesión más difícil es ser minero".

También se mostró sorprendida de que los jóvenes continúen queriendo escribir. Su visión de la lectura es igualmente contundente. Lebowitz criticó la tendencia a buscar constantemente una identificación personal con aquello que se lee. "'Me veo reflejada en el libro', dice la gente. Un libro no es un espejo, es una puerta", afirmó.

Para explicarlo recurrió a Heidi. Cuando leyó de pequeña la historia de aquella niña que vivía en los Alpes suizos, explicó, no se preguntó por qué ella no era pastora ni vivía allí. Lo que hizo fue imaginar cómo serían los Alpes. "Así tienes que leer los libros", defendió.

Los museos como una iglesia

Su relación con el arte comenzó también durante la infancia. Su padre la llevaba habitualmente a museos y esa costumbre terminó convirtiéndose en una parte fundamental de su vida. "Siempre he adorado los museos", explicó. Lebowitz se declaró atea desde los ocho años y aseguró que estos espacios representan para ella algo parecido a lo que una iglesia puede significar para otras personas.

Lo que lleva bastante peor es la costumbre de contemplar las obras a través de la pantalla de un teléfono. "Una foto de un cuadro no es un cuadro", señaló antes de reconocer cuánto le molesta ver a personas fotografiando las obras en lugar de detenerse a observarlas. "Ojalá vivir en un mundo donde a la gente le gustase más ir a los museos", apuntó.

Y volvió a aparecer su particular visión de Nueva York: allí, dijo, parece que nada merece la pena si no hay que hacer cola. Incluso bromeó con que algunas de las personas que esperan para entrar en determinados museos podrían estar haciendo esa misma fila para comprar unas galletas.

Lebowitz también reflexionó sobre la forma en la que se consume actualmente la cultura. A su juicio, se ha acostumbrado al público a aplaudir prácticamente cualquier cosa y también a leer de una forma diferente a como ella entiende la literatura.

De jueza en televisión a compartir escena con Leonardo DiCaprio

La conversación llegó inevitablemente a otra faceta de Lebowitz: sus apariciones como actriz. Ha interpretado a una jueza en televisión y también en El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese.

Su experiencia en Ley y orden volvió a provocar las risas del público. Lebowitz contó que ni siquiera veía la serie antes de participar en ella. Al llegar al set y encontrarse con el estrado del tribunal quedó fascinada. "Pensé: esto es fantástico, no hay mejor estrado que el de una jueza".

La jornada de rodaje se prolongó durante alrededor de 16 horas para una aparición de apenas unos segundos. "Mientras no grababa, fumaba", recordó.

Su experiencia con Leonardo DiCaprio en El lobo de Wall Street tampoco escapó a su humor. Compartían una escena que tuvo que repetirse varias veces y Lebowitz llegó a preguntarse qué estaba sucediendo. "¿Pero qué pasa, no sabe actuar?", recordó entre risas. La conclusión llegó después: "Leonardo sí sabía actuar, pero no tenía que hacer nada en esa escena. La que no sabía era yo".

Ella tenía una única frase y necesitaba que le explicasen cómo pronunciarla. Cuando le señalaron que los actores no suelen preguntar cómo tienen que decir sus líneas, su respuesta fue sencilla: "Yo no soy actriz".

Mendelsohn aprovechó también la conversación sobre televisión para recomendarle dos series españolas: La casa de papel y Élite. Le explicó esta última como una historia protagonizada por jóvenes especialmente atractivos, pero había un pequeño problema para que Lebowitz siguiese la recomendación: no tiene Netflix. Su consumo televisivo, contó, continúa limitado a la televisión convencional y suele concentrarse de madrugada.

El Nueva York de hace 50 años y el de ahora

Nueva York es inseparable de Fran Lebowitz y también estuvo muy presente en A Coruña. Al preguntarle cuánto había cambiado la ciudad durante el último medio siglo, respondió que mucho, aunque también ella lo ha hecho.

Cuando llegó en los años 70, recordó, era una ciudad considerablemente más peligrosa que en la actualidad. "Ahora es muchísimo más segura", reconoció, aunque algunas de sus precauciones permanecen.

También habló de la vivienda, del reducido tamaño de Manhattan y de una ciudad donde prácticamente cada metro -o, como puntualizó, cada pie cuadrado- tiene un precio. Especialmente crítica se mostró con el problema de las personas sin hogar y recordó las decisiones políticas que, a su juicio, contribuyeron a agravar la situación durante las últimas décadas.

"La inteligencia artificial me parece un robo"

La tecnología tampoco escapó al juicio de Lebowitz. Ella misma reconoce que vive bastante al margen de internet y que conceptos como las criptomonedas nunca han conseguido convencerla. "En su momento me intentaron explicar los bitcoins, no entendí nada, me parecía un fraude", contó. "Se me dan fatal las matemáticas, pero soy muy buena lectora", afirmó.

Con la inteligencia artificial fue todavía más tajante. "No la entiendo. Todo el mundo está muy preocupado por la IA. Yo poco sé, pero me parece un robo", afirmó.

Lebowitz hizo referencia a las disputas sobre el uso de contenidos de medios de comunicación para entrenar sistemas de inteligencia artificial y lamentó que los científicos hayan dedicado esfuerzos a desarrollar esta tecnología pudiendo, a su juicio, haber trabajado en otras cuestiones.

También dejó una advertencia en clave de humor sobre el futuro laboral: "Lo peor de todo es que nos va a dejar sin empleo. Buscaos algo de funcionariado, porque os vais a quedar sin empleo".

Diez mil libros y ninguno en un almacén

Si hay algo a lo que Lebowitz no está dispuesta a renunciar son sus libros. Tiene alrededor de 10.000 y reconoce que encontrar un apartamento capaz de albergarlos no siempre ha resultado sencillo.

En alguna ocasión le recomendaron guardar parte de su colección en un almacén para no necesitar una vivienda tan grande. Su respuesta resume perfectamente su relación con ellos. "Imagínate que tú tienes cuatro hijos. Como no tienes dinero para un apartamento con espacio para cuatro hijos, es como si te digo que metas dos en el almacén".

También reivindicó algo mucho más cotidiano: el café. "Es lo mejor del mundo. Huele genial y te da energía". Y reconoció no comprender a quienes no comparten esa pasión.

De Taylor Swift a Andy Warhol

Lebowitz reflexionó además sobre la cultura contemporánea y la forma en la que se consume. "Hay demasiada democracia en la cultura y no demasiada democracia en la sociedad", afirmó durante el encuentro.

Puso como ejemplo el fenómeno que rodea las grandes giras musicales y recordó haber coincidido en alguna ciudad con la gira de Taylor Swift. Lebowitz habló de los elevados precios que pueden alcanzar las entradas y de cómo una parte del público termina sin poder permitírselas.

Tampoco esquivó hablar de Andy Warhol, con quien coincidió durante su etapa trabajando en Interview. "A mí no me gustaba Andy Warhol y a él no le gustaba yo", recordó. El tiempo no ha suavizado su opinión sobre la obra del artista. "No me gustaba su obra y cuanto más la miro, menos me gusta". Una sensación, apuntó, que nunca ha experimentado con Picasso.

Y volvió a rematar con una de esas frases que durante la charla hicieron reír al público del Centro MOP: "Si Andy supiese los precios de sus obras ahora, se hubiese muerto antes".

Más de medio siglo después de llegar a Nueva York, Fran Lebowitz continúa observando el mundo de la misma manera: leyendo mucho, hablando todavía más y juzgando, aunque no siempre lo diga en voz alta. Este jueves lo hizo en A Coruña, ante el público del Centro MOP.