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Cultura Maker en A Coruña: entre lo colaborativo y el cacharreo

No busquen nombres a quien dar las gracias, no los van a encontrar. Esta es la filosofía Maker, que ha producido más de un millón de unidades de material sanitario durante esta crisis
06:00 · 22/5/2020
Bricolabs
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El término Maker puede que no les suene de nada o tal vez lo hayan oído alguna vez. Voy a intentar ayudarles a entenderlo. Para ello déjenme que les cuente cómo fue mi aterrizaje en este mundo, que no fue por casualidad, sino por obligación paterna

Permítanme que haga un poco de abuelo “Cebolleta” y les cuente una batallita: me inicié en el mundo laboral en la electrónica de reparación y mantenimiento, como Técnico Especialista de Electrónica de Telecomunicaciones. Con mi título recién estrenado por los años 80 comencé a trabajar en empresas de reparación e instalaciones de aparatos electrónicos: antenas, porteros automáticos, máquinas recreativas, videojuegos… La vida me llevó a reconvertirme, pero esa es historia para otro artículo.

Todos tenemos un pasado

El caso es que hace unos años, cuando mi hijo mayor estaba en la ESO, la electrónica volvió a llamar a mi puerta. El chaval tenía una asignatura llamada Tecnología, y empezó a ser habitual encontrar por casa bombillas, pilas, interruptores, diodos LED, motores, etc. 

Como “culo inquieto” que soy me puse a buscar información sobre todo esto de la robótica y la programación, cosas que había abandonado completamente, con excepción de haber trasteado a finales de los años 90 con los microcontroladores PIC. No se si recuerdan aquella época en la que había unas tarjetitas que se usaban para… ¿saltarse? la seguridad de los descodificadores de los primeros canales de TV de pago. Pues eso, permítanme que no abunde en detalles.

Y Arduino llegó a nuestra vida

Buscando referentes para que mis hijos (la niña venía ya a la zaga) se adentrasen en el mundo de la robótica, tropecé con ARDUINO (un maravilloso accidente). Para los que no lo conozcan les diré que es un proyecto de software y hardware libre, con un uso muy extendido en educación, ideal para iniciar a los escolares en el mundo de la electrónica y la programación. Los usos de estas plaquitas programables son infinitas, desde crear tu propio coche teledirigido, hacer volar un DRONE, gestionar procesos industriales, pasando por la DOMÓTICA. Como proyecto Open Source toda la información sobre la creación de estas placas está disponible, lo que posibilita que haya en el mercado múltiples opciones de compra a precios muy accesibles. Además hay muchísimos proyectos probados que ayudan a empezar a familiarizarte con su uso (https://www.arduino.cc/).

Pero todo esto se me hacía aún muy “etéreo”, necesitaba “aterrizar” todo esto, encontrar un lugar, un espacio en el que frikis de la tecnología, la robótica y el “cacharreo” tuvieran a bien explicarnos de qué iba esto, o por lo menos que ayudasen a mis hijos a familiarizarse con ello. Si además pudiera ser en un ambiente agradables, colaborativo, abierto y en un entorno idílico pues mejor.

La luz se hizo ante mi

Inicialmente creí pedir un imposible. ¿Cómo iba a existir un lugar así? ¡Pero una vez más se alinearon los planetas! ¡En una perfecta armonía cósmica…! Que va, que va. No hagan caso a mis exageraciones literarias. Fue tan sencillo como tirar de Google, escribí en el buscador “robótica arduino coruña” y entre los primeros resultados encontré, como caida del cielo, una feria que se celebraba en pocos días en mi ciudad. Hablo de la OSHWDem, “una feria de tecnología donde se exponen inventos con un nexo común: todos ellos son proyectos libres” (https://oshwdem.org/). Así que allí me presenté y fue como conocí la Asociación BricoLabs, organizadora del evento.

Pues resulta que sí existía

Efectivamente, ese espacio colaborativo y abierto sí que existía. Los miembros de BricoLabs (https://bricolabs.cc/) se reunen semanalmente en uno de los lugares más emblemáticos de A Coruña como es La Domus (Casa del Hombre) uno de los museos científicos locales. A los pocos días de dejarme caer por allí comprobé que cumplía con todas las exigencias de mi checklist.

Con ellos aprendí qué significa eso de ser un Maker. Qué es eso de tener espíritu colaborativo, la importancia de que el conocimiento, sino es compartido, no tiene sentido, lo motivante de trastear y ver como otros trastean, conocer proyectos nuevos y poder participar en ellos. Porque eso es el movimiento Maker, un montón de gente inquieta, con ganas de entender cómo funcionan las cosas y con ganas de explicárselo a quien les quiera escuchar.

Y llegó el COVID-19

Volviendo al presente, la llegada de esta Pandemia nos ha situado en un momento dramático e histórico a nivel global, y el movimiento Maker tenía que hacer algo. Tocaba remangarse y buscar de qué manera se podía ayudar. Rápidamente detectaron un problema, se organizaron y propusieron soluciones. Así nació CoronaVirusMaker (https://www.coronavirusmakers.org/) y su filial CoronaVirusMakerGalicia (https://coronavirusmakersgalicia.org/) en la que parte los componentes de Bricolabs son colaboradores. Todos pusieron sus impresoras 3D a trabajar, lo que ha dado como resultado el reparto de más de 800.000 viseras y más de 250.000 salvaorejas en toda España (casi 29.000 y 16.000 respectivamente solo en Galicia) entre otras cosas. Todo ello tras ingentes horas de trabajo desinteresado, de desarrollo y mejora de prototipos, organización logística, desplazamientos...  

Llevaban toda la vida preparándose para dar respuesta en un momento como este. No busquen nombres a quien dar las gracias, no los van a encontrar. Espero que a partir de ahora ese término les suene algo más: son Makers.

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