La selección española celebrando un gol. Europa Press
Una final que resume la Hispanidad
Los anfitriones del Mundial, que nos recuerdan Cuba, Puerto Rico y Filipinas con desdén, se olvidan de dónde vienen California, Nuevo México, Texas, Luisiana, la Florida y hasta Alaska.
Hoy será distinto. El lance se juega en Nueva York, pero salen al campo los hijos de aquellos que un día cruzaron el océano e hicieron de aquellas tierras de América una sola España.
No hay antecedentes y nunca jugamos una final contra una nación hermana.
Es como si acaso la Tierra parase y por noventa minutos tuviéramos en esa plaza de lidia altavoz propio con un eco universal, en un mundo nuevo en donde nos opacan y nos opacamos. En el que nuestra hazaña se cuestiona, idioma, cultura y fe.
Todo el continente desde Río Grande hasta Tierra del Fuego fue lo mismo. Y hasta los anfitriones, que nos recuerdan Cuba, Puerto Rico y Filipinas con desdén, se olvidan de dónde vienen. De dónde viene California, Nuevo México, Texas, Luisiana, la Florida y hasta Alaska.
Viene Argentina de vencer a los ingleses. Bastó verlos cantar su himno, con intensa ansia de victoria, señal de inequívoca voluntad de resistencia.
"España es una escuadra que, de no existir habría que inventarla, que nos devuelve la fe en nosotros mismos mientras vivimos días de lodazal."
Su triunfo fue un manto de seda para muchos, que aún pasados más de cuarenta años cauterizan las heridas de aquella Guerra de las Malvinas que dejó tumbas, heridos y olvidados en un combate desigual y defendido con honor. Más los autobuses en la noche de los soldados escondidos hicieron casi más daño que la propia derrota, y el dolor sigue ahí.
Por eso, cada gol viene envuelto en terciopelo y es bálsamo que no vence batallas. Alivia la carga y hace sonreír a la memoria. Argentina es el país de Diego, astro universal que nos brindó la magia de lo excelso. Su gol del mundial de 1986 en los cuartos de final, "el gol del siglo", bastó para recordar que la genialidad existe.
Genialidad que en España es colectiva, armoniosa y compacta, que brilla en su centro, en los laterales, en sus arietes y en su arquero, Unai Simón, del Athletic.
España es una escuadra que, de no existir habría que inventarla, que nos devuelve la fe en nosotros mismos mientras vivimos días de lodazal y que muestra su virtud desde el primer recorrido de las cámaras al sonar el himno.
Su dominio del campo y maestría en el pase menguan al contrario, desesperado ante la ciencia de aquel que un buen día echó sus credenciales al buzón para ser entrenador. Que se viste correctamente, que no pasea por la banda con aura de divo, y que recuerda, a menudo, que Dios existe.
Qué gran oportunidad para demostrar al mundo que la Hispanidad toca a su puerta. Que en su sangre corren y brillan tesoros insondables, capaces de cualquier cosa. Y que el mundo no termina en Nueva York.
Que gane el mejor.
*** Francisco Cancio es escritor y ensayista.