Un hombre fuma en la terraza de un bar.

Un hombre fuma en la terraza de un bar. Europa Press

Columnas LA GLOBALISTA

Las terrazas forman parte de la identidad española, fumar en ellas no

El argumento que más se oye a favor del statu quo es que los bares perderán clientes si se prohíbe fumar en las terrazas. Pero esta vieja profecía de catástrofe ha demostrado ser falsa una y otra vez.

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El verano es sinónimo de terrazas. Esas mañanas tan frescas y gloriosas, las tardes cálidas y vibrantes y el mediodía para los amantes del sol.

Es un estilo de vida en España. Uno al que me aficioné de inmediato cuando llegué por primera vez, justamente esta misma semana hace 28 años.

Aterricé en Málaga y me subí al autobús hacia Nerja. En cuanto salió de la estación, un "clic, clic, clic" empezó a sonar a mi alrededor. Miré a todas partes preguntándome: "¿Pero qué...?".

Entonces vi los hilos de humo elevándose mientras el autobús serpenteaba por la antigua carretera de la costa.

Me reí para mis adentros. Seis meses antes, California, mi estado natal, había prohibido fumar en los bares. Definitivamente, estaba en Europa.

California y España han seguido trayectorias muy similares respecto al tabaco, sólo que con diez años de diferencia.

California aprobó la histórica Ley de Lugares de Trabajo Libres de Humo en 1994 para garantizar un entorno saludable a los trabajadores. Se implementó de forma progresiva, y la prohibición definitiva en bares, tabernas y salas de juego topó con la oposición frontal de las industrias hostelera y tabaquera.

Finalmente, entró en vigor en enero de 1998.

Imagen de archivo de la terraza de un bar del Centro de Málaga.

Imagen de archivo de la terraza de un bar del Centro de Málaga. Amparo García

España también ha sido pionera en proteger a sus ciudadanos del humo pasivo, primero con la ley antitabaco de 2005 y luego con su actualización de 2011.

Hoy en día, gran parte de Europa avanza hacia una nueva fase de restricciones, extendiendo los espacios libres de humo al aire libre.

Suecia ya los incluye en las terrazas de los restaurantes.

Francia ha prohibido fumar en parques y playas.

España corre el riesgo de quedarse atrás si no aprueba la reforma de la ley antitabaco que se debatirá en el Parlamento este mes.

Seguir el ritmo de Europa o de California no es el argumento más sólido para defender esta reforma.

El argumento que más han oído los españoles (y que quizás han llegado a creer) es el económico.

No es ninguna sorpresa que la patronal hostelera española esté luchando contra esta ampliación. Sin embargo, vuelven a recurrir al mismo argumento falso de 2005 y 2011: que los bares y restaurantes perderán clientes si se prohíbe fumar en las terrazas.

Esta vieja y gastada profecía de catástrofe económica ha demostrado ser falsa una y otra vez.

Principalmente, porque parte de una premisa errónea: asumir que los fumadores que decidan quedarse en casa no serán reemplazados por no fumadores, quienes probablemente pasarán más tiempo en un espacio libre de humos.

Los datos reales respaldan esto: los ingresos de los bares en California aumentaron tras la prohibición de 1998.

Aquí en España, aunque la Federación Española de Hostelería y Restauración (FEHR) afirmó inicialmente que la ley de 2011 provocó pérdidas, un riguroso estudio publicado en 2015 concluyó que "la nueva legislación antitabaco española no tuvo ningún efecto sobre el número de bares y restaurantes".

En California, sólo el 10% de la población fumaba en 1998 (hoy es apenas el 5,4%).

En España hay más fumadores, rondando el 28%, pero sólo uno de cada cinco lo hace a diario. Mientras tanto, más del 80% de los españoles prefiere los entornos sin humo.

No hace falta ser un genio de las finanzas para ver que enfocar un negocio exclusivamente en los fumadores carece de sentido comercial.

Muchos defensores del statu quo presentan el tabaco como algo intrínseco a la cultura de terraza española. Es un argumento que tal vez habría comprado cuando llegué a España, pero que hoy rechazo categóricamente.

Para empezar, esa etiqueta es profundamente injusta para el 72-80% de nosotros que no fumamos.

Además, España presume con razón de su dieta mediterránea y de sus datos de longevidad. Al igual que a California, la gente viaja en masa a España atraída por el sol.

Pero vender la idea de vida saludable se vuelve muy difícil cuando te sientas en una terraza y todo el mundo a tu alrededor enciende un cigarrillo.

Las terrazas de los bares y restaurantes son mucho más que una forma atractiva de disfrutar de un rato libre o de un día ocioso. Las terrazas y los parques de España son refugios al aire libre para quienes, de otro modo, estarían encerrados en sus pisos.

Estos llamados "terceros espacios" ofrecen un terreno común fundamental para tejer esa comunidad que resulta indispensable para el bienestar mental y, por qué no decirlo, para la democracia.

En un mundo donde la gente parece incapaz de levantar la vista del móvil mientras camina por la calle o hace yoga, la idea de espacios de interacción social real puede parecer un vestigio de otra época.

Cuando entras al bar o a la cafetería de tu barrio, ves a los vecinos saludándose y a camareros que se saben el pedido de cada uno de memoria. No son sólo negocios: son espacios cívicos.

En mi rincón favorito, hablo y conecto con vecinos del barrio que de otro modo nunca habría conocido. Este encuentro de personas de orígenes y trayectorias distintas es lo que construye comunidades fuertes y resilientes, y es la base de una democracia sana.

Las terrazas son una parte maravillosa de la cultura española, algo que merece ser protegido. Estos extraordinarios espacios públicos deben y pueden ser lugares de encuentro para todos, no sólo para los fumadores.

Las terrazas de España son un estilo de vida. Fumar en ellas no tiene por qué serlo.