Imagen grabada de un Fenómeno Anómalo no Identificado (UAP, por sus siglas en inglés).

Imagen grabada de un Fenómeno Anómalo no Identificado (UAP, por sus siglas en inglés).

Tribunas

El día de 'la revelación' se acerca: ¿son los ovnis del Pentágono reales?

Las preguntas sinceras que debemos hacernos son ¿por qué ahora?, ¿es una cortina de humo ante el estancamiento de la guerra en Irán?, ¿es un mensaje a otras potencias sobre las capacidades de vigilancia del Gobierno estadounidense?

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Hay una palabra que estos días es tendencia: disclosure. La traducimos como "divulgación", aunque su sentido en el contexto que nos ocupa es "revelación".

Se trata de la revelación, supuestamente inminente, de que el Gobierno de Estados Unidos admitirá lo que muchos creen desde 1947: que no estamos solos, que seres extraterrestres inteligentes ya nos han visitado y que, además, en secreto, el gobierno americano almacena, estudia y trabaja sobre tecnología y restos biológicos no humanos.

Efectivamente, el pasado 8 de mayo el Departamento de Guerra desclasificó una primera entrega de vídeos, fotos y documentos sobre el fenómeno ovni.

Se trata de 158 archivos de distintas agencias gubernamentales sobre lo que el Gobierno norteamericano ha acuñado como Fenómenos Anómalos no Identificados (UAP, por sus siglas en inglés), tras desechar el término ovni (o UFO, por sus siglas en inglés).

Los archivos pueden consultarse públicamente.

Y los americanos no están siendo los únicos: Ucrania ya ha publicado un vídeo de un UAP en 2025 y Japón ha lanzado una investigación tras esta primera desclasificación.

Los vídeos están publicados con una imagen compleja, con visión infrarroja, y algunos objetos voladores parecen drones o globos (muchos vídeos se grabaron en Oriente Próximo). Pero otros, como el de la ya famosa estrella de ocho puntas que algunos indican que es un proyecto de Lockheed-Martin, son un tanto escalofriantes.

Lo que hasta hace poco era cosa de conspiranoicos y de frikis de la ciencia ficción es hoy una realidad: ha habido y hay avistamientos de objetos no identificados que siguen sin explicación.

Y, resistiéndonos al entusiasmo provocado por nuestra cultura sentimental de los noventa ("la verdad está ahí fuera"), esta revelación no es la primera que hemos presenciado durante la última década. Parece que, poco a poco, este tema se está introduciendo el asunto en el debate público, especialmente en los Estados Unidos. La tendencia, en tal sentido, es innegable.

En 2017, el New York Times reveló la existencia del Advanced Aerospace Threat Identification Program (AATIP), una oficina del Pentágono que entre 2007 y 2012 dedicóunos veintidós millones de dólares a estudiar objetos anómalos en el espacio aéreo militar.

En 2022 nació la All-Domain Anomaly Resolution Office (AARO), encargada de coordinar la detección y atribución de los ya meritados UAP.

En mayo de ese mismo año, el Congreso celebró la primera audiencia pública sobre el fenómeno en más de medio siglo ante el Subcomité de Antiterrorismo, Contrainteligencia y Contraproliferación. En las audiencias, los altos cargos del Pentágono Ronald Moultrie y Scott Bray reconocieron oficialmente que hay cientos de incidentes sin explicación, y mostraron vídeos explícitos.

En julio de 2023, en una audiencia específica sobre los UAP, algunos pilotos de la Marina, entre ellos David Fravor, describieron bajo juramento encuentros con objetos capaces de maniobras imposibles en tres avistamientos distintos en 2004, 2014 y 2015.

Imagen de un supuesto avistamiento.

Imagen de un supuesto avistamiento. Europa Press Europa Press

Asimismo, un antiguo oficial de inteligencia, David Grusch, también bajo juramento, afirmó que existe un programa secreto de recuperación e ingeniería inversa de naves "no humanas" y de pilotos "no humanos".

El detalle incómodo, que Adam Frank subraya en The Atlantic, es que cuando a Grusch se le pidieron pruebas respondió "está clasificado". Más tarde reconoció que él mismo no había visto nada de lo que denunciaba, que sólo lo había oído.

El siguiente episodio en esta escalada del asunto ovni lo protagonizó Barack Obama hace apenas unos meses. Entrevistado en un podcast, dijo que los alienígenas existen, aunque él no los ha visto (en 2021 ya había dicho en televisión que existen registros oficiales de objetos en el cielo cuya naturaleza el Gobierno desconoce).

La frase fue inmediatamente reelaborada en titulares como una confirmación, aunque no lo era.

Obama se refería al registro estadístico de cualquier astrobiólogo, ya que, por probabilidad, un universo con cientos de miles de millones de galaxias hace más que plausible que haya vida en alguna parte, y no a cuerpos de alienígenas en el Área 51.

Este 2026, Steven Spielberg reventará la taquilla con su Disclosure Day, una película que precisamente trata sobre la revelación mundial de la existencia de vida extraterrestre.

Las encuestas reflejan un incremento de la aceptación del fenómeno: en 1996, según la revista Newsweek, el 20% de los estadounidenses creía que los ovnis eran probablemente naves alienígenas.

En 2022, YouGov elevó la cifra al 34%.

En 2025, el profesor de filosofía de la Universidad de Durham Peter Vickers llevó a cabo entrevistas a más de mil científicos (521 de ellos astrobiólogos) y reveló que el 58,2% estaba de acuerdo en que probablemente exista vida extraterrestre avanzada.

En España, un 28% de los ciudadanos cree que los alienígenas han visitado la Tierra.

Llegados a este punto es necesario aclarar que la revelación ha sido una promesa pospuesta desde el mismo nacimiento de la ufología.

En 1950, el piloto y escritor Donald Keyhoe publicó The Flying Saucers Are Real, donde sostenía que las negativas oficiales forman parte de "un elaborado programa para preparar al pueblo americano para una divulgación dramática que podía ser inminente".

En 2024, Luis Elizondo, antiguo cuadro del AATIP, tituló su libro Imminent y repitió la misma promesa.

Durante los setenta y cinco años que han pasado entre ambos libros, películas, series de televisión, documentales, foros de internet y cientos de teorías han alimentado uno de los grandes "mitos" de la cultura popular de la segunda mitad del siglo XX. Pero no ha habido revelación ni confirmación, sino algo que aterra más aún al ser humano: la respuesta de que no sabemos ante qué estamos. La incertidumbre.

Para Kirsch, esta desclasificación no revela nada. Por su parte Adam Frank, también en The Atlantic, da el golpe de gracia a lo que ha salido hasta ahora. No hay naves, no hay cuerpos (aunque sean fragmentos), no hay datos de trayectorias, ni tampoco se ha comprobado que esos objetos violaran las leyes de la física.

Y, sin embargo, el Pentágono y otras agencias gubernamentales sí han ocultado durante años vídeos de sus propios pilotos, militares con currículos impecables que describen encuentros difíciles de explicar.

Las imágenes de radar de un dron militar estadounidense muestran el momento en que un misil Hellfire impactó directamente contra un presunto ovni.

Las imágenes de radar de un dron militar estadounidense muestran el momento en que un misil Hellfire impactó directamente contra un presunto ovni. Reuters

Las preguntas sinceras que debemos hacernos son ¿por qué ahora?, ¿qué evidencia aceptaríamos?, ¿es una estrategia de cortina de humo ante el estancamiento de la guerra en Irán?, ¿es un mensaje a otras potencias sobre las capacidades de vigilancia del propio Gobierno estadounidense?

Todavía no sabemos si tendremos la certeza de que no estamos solos y de que los alienígenas han venido a vernos cuando desclasifiquen todos los documentos. La lógica y la probabilidad nos indican que nada será concluyente y que seguiremos especulando.

Tal vez nunca lleguen las naves, ni los cuerpos, ni los hangares secretos.

Tal vez la palabra disclosure siga otros setenta y cinco años prometiendo lo que nunca termina de cumplir.

Pero algo ha cambiado de manera irreversible: el asunto ha entrado en el Congreso, en la Casa Blanca y en los grandes medios.

Y eso es, en sí mismo, un momento histórico. Eso es el verdadero día de la revelación.

*** Elías Cohen es profesor de relaciones internacionales de la Universidad Francisco de Vitoria.