Militantes palestinos de Hamás y de la Yihad Islámica recuperan el cuerpo de un rehén israelí.

Militantes palestinos de Hamás y de la Yihad Islámica recuperan el cuerpo de un rehén israelí. Reuters

Tribunas

¿Ahora no tienen nada que decir los "defensores" de los derechos humanos?

La violencia sexual fue usada como arma terrorista por parte de Hamás, de forma sistemática y premeditada, y no se trató de iniciativas individuales esporádicas de algunos de los criminales.

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"Hay momentos en la historia que rompen el orden moral que define a las sociedades. Momentos que no sólo destrozan vidas, sino que perturban los límites mismos de la conducta humana. El 7 de octubre de 2023 fue uno de esos momentos".

Con estas palabras, la doctora Cochav Elkayam-Levy (experta en derecho internacional, fundadora y directora de la Comisión Civil de Investigación de los crímenes del 7 de octubre, instancia israelí independiente y profesional) abrió el informe hecho público este martes sobre las atrocidades cometidas por los terroristas de Hamás y sus cómplices el día de la masacre en el sur de Israel y después, en Gaza, durante el cautiverio, contra mujeres y hombres secuestrados en la Franja.

Se trata de un estremecedor informe detallado, elaborado tras el estudio de más de 10.000 fotos y fragmentos de vídeos (gran parte de ellos registrados por los propios terroristas) que se acumularon a más de 1.800 horas de material visual, y tras recabar más de 430 testimonios de supervivientes, testigos y familiares de las víctimas.

La conclusión es tajante: la violencia sexual fue usada como arma terrorista de forma sistemática y premeditada, y no se trató de iniciativas individuales esporádicas de algunos de los criminales. Todo estaba pensado y planeado, y se repitió de la misma forma en múltiples escenarios.

Había un patrón concebido de antemano y perpetrado contra las víctimas por los atacantes.

Fueron identificados principalmente trece tipos de crímenes sexuales y de género, mayormente contra mujeres de diferentes edades, pero también los hombres fueron víctimas de violación y tortura sexual. Adultos y menores de edad. Israelíes y ciudadanos de cincuenta y dos países, todos atacados el 7 de octubre en las comunidades del sur que se convirtieron en escenarios de horror: en el festival Nova, en bases militares, en carreteras y casas particulares.

Una soldado del ejército israelí llora en el lugar del festival Nova en Reim el 5 de enero de 2024.

Una soldado del ejército israelí llora en el lugar del festival Nova en Reim el 5 de enero de 2024. Reuters Reuters

Uno de los tipos más horrendos de ataque fue el aprovechamiento de las relaciones familiares para multiplicar el sufrimiento y el espanto, obligando a diferentes personas a presenciar violaciones, torturas y humillaciones sexuales de sus seres queridos, e incluso un caso en el que miembros de una familia fueron obligados a realizar actos sexuales abusivos entre ellos mismos.

A todo esto se agregó la digitalización y difusión de las imágenes para aterrorizar y glorificar lo hecho como actos heroicos. Hubo numerosos casos en los que imágenes de personas asesinadas, torturadas o violadas fueron enviadas a sus familiares por sus propias redes sociales a través de los móviles de las víctimas. Indescriptible crueldad terrorista.

He pasado horas leyendo partes del informe. Es difícil hacerlo sin interrumpir varias veces. Y sin que se haga un nudo en la garganta y se nublen los ojos por las lágrimas. Pero no sólo porque muchas de las víctimas eran mis hermanos, miembros de mi pueblo. Sino porque eran seres humanos, y es difícil comprender cómo alguien nacido de un vientre materno es capaz de infligir tanto sufrimiento a otros.

"Hamás redefinió el concepto de crueldad", ha dicho la doctora Elkayam-Levy.

Pero no sólo el pesar me embargó al adentrarme nuevamente en este tema, que ya me había ocupado en diferentes momentos de los dos últimos años.

También la indignación, por tener claro de antemano que todos aquellos que se pasaron desde el 7 de octubre criminalizando a Israel y acusándolo de un inventado genocidio no se dignaron nunca a decir una palabra contra los terroristas, cuya masacre en el sur de Israel fue la que detonó ineludiblemente la guerra contra Hamás.

¿Y ahora? ¿Saldrá alguno de esos preocupados por los derechos humanos, que solían inclusive alegar que los judíos mentían sobre lo ocurrido el 7 de octubre, a pedir "perdón"?

Funeral de Guy Guy Illouz, secuestrado por Hamás durante el festival Nova.

Funeral de Guy Guy Illouz, secuestrado por Hamás durante el festival Nova. Hannah Mckay Reuters

¿Alguien se horrorizará por las descripciones publicadas?

¿Saldrán intelectuales, "activistas", académicos, actores, periodistas, todos los que enarbolaron banderas palestinas por las calles de Europa, Estados Unidos y América Latina, diciendo "Palestina libre desde el río hasta el mar" (lo cual significa "sin Israel") a exigir que los violadores y torturadores palestinos paguen por sus crímenes?

Algo me dice que no.

No lo harán, aunque los crímenes detallados en el reporte sean, tal cual afirmó la comisión (que trabajó con expertos forenses y juristas), crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y actos genocidas.

La preocupación por los derechos humanos nunca motivó realmente a los detractores de Israel. Es antisemitismo puro, disfrazado, como siempre, de crítica al sionismo. A Israel.

*** Jana Beris es periodista.