Pedro J. Ramírez, presidente y director de EL ESPAÑOL.

Pedro J. Ramírez, presidente y director de EL ESPAÑOL. Cristina Villarino.

Tribunas

Invertir en Defensa es proteger la libertad

Discurso del director de EL ESPAÑOL en el I Observatorio de la Defensa de EL ESPAÑOL e Invertia.

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Señoras y señores.

Bienvenidos a este primer foro del Observatorio de la Defensa de EL ESPAÑOL. Es el primer acto que celebramos tras el ciclo de eventos vinculado a nuestro décimo aniversario. Y no es casualidad que esté dedicado a la protección de nuestro sistema democrático.

Nos reunimos en un momento de turbulencias. De incertidumbres sin precedentes en Europa.

Unas incertidumbres acentuadas por la volatilidad de la política de Trump y la presión estratégica de China y Rusia. Nuestro modelo de sociedad, nuestra democracia constitucional, forjada hace medio siglo durante la Transición, está en juego.

Europa, y España con ella, se enfrenta a amenazas complejas, híbridas y persistentes que afectan no sólo a la integridad territorial, sino también a su estabilidad económica, tecnológica y social.

Como dijo Camus, "la verdadera generosidad hacia el futuro consiste en entregarlo todo al presente". Hoy debemos entregar nuestro esfuerzo, nuestra convicción y nuestros recursos a la defensa de aquello que nos define: la democracia, la libertad, el Estado de Derecho.

La Defensa no es un lujo ni una opción ideológica. Es una necesidad. Coincido con todo lo que ha manifestado a este respecto en múltiples ocasiones la ministra de Defensa, Margarita Robles.

Y en su disposición a proclamarlo, como ella dice, “sin complejos”. Porque tiene razón: “El gasto en Defensa es una condición para la libertad y la convivencia”.

Protección frente a la fuerza

También Churchill acertaba cuando afirmó que "la libertad nunca está a más de una generación de distancia de su extinción".

Esa distancia es hoy peligrosamente corta. Los conflictos se multiplican. Las amenazas crecen. Los regímenes autoritarios avanzan. La autocracia es una infección silenciosa que ataca a nuestro tejido social.

La democracia requiere protección frente a la fuerza. No existe libertad sin capacidad de defenderla.

Por eso el aumento del gasto en Defensa no responde a una lógica armamentística sino a una necesidad estratégica y en el fondo a un imperativo ético.

Pedro J. Ramírez, presidente ejecutivo y director de EL ESPAÑOL

Vivimos tiempos de inquietantes mutaciones. La arquitectura de seguridad que construimos tras 1945 se tambalea.

La invasión de Ucrania fue un punto de quiebra. Demostró lo que muchos no querían ver: que la fuerza sigue importando. Que los derechos se defienden, no se heredan.

España ocupa una posición privilegiada en Europa. Somos miembros de la Unión Europea. Somos miembros de la OTAN. Esa doble membresía supone la culminación de una aspiración vital. También una importante responsabilidad.

La OTAN ha garantizado décadas de paz en el continente. Asumirlo no requiere un acto de fe. Es algo verificable. Treinta y dos naciones democráticas, treinta de ellas europeas, hemos avanzado bajo un paraguas de seguridad compartida. Ese mecanismo, imperfecto, ha funcionado.

Ahora debe evolucionar. Europa debe fortalecerse, reforzando en la medida de lo posible el vínculo atlántico, pero apostando también por su autonomía estratégica.

La UE debe convertirse en una potencia relevante en el escenario global y para ello debe impulsar su capacidad industrial y tecnológica.

La industria de Defensa

España no puede ser un espectador en esta transición. Debemos ser un actor responsable, exigente, comprometido. Y eso requiere una apuesta decidida por la industria de la Defensa.

E insisto en hacerlo “sin complejos”. Porque como subraya Margarita Robles, “invertir en Defensa no es militarismo, es invertir en seguridad, en empleo y -en muchos casos- en una industria de uso dual”.

Aquí es donde hablan los números. Y los números son elocuentes.

En 2025 la Unión Europea ha gastado en defensa un 11% más que en 2024 y un 63% más que en 2020. Esa tendencia va a mantenerse al menos durante una década con el objetivo del 5% del PIB marcado por Trump y asumido en la cumbre de la OTAN.

La meta está en 2035 y eso debe dar confianza a los ciudadanos y seguridad a los inversores.

España no puede quedarse rezagada en esa carrera, aunque la haya iniciado desde la cola del pelotón. De momento ha dado un salto comprometiéndose a gastar el 2% del PIB. Es un salto significativo pero insuficiente.

Como ayer mismo explicó Michael Ignatieff, referente del pensamiento liberal, en nuestro periódico: “Si España no invierte más en Defensa, el resto del mundo puede pensar que no quiere jugar el partido de la construcción del nuevo orden”

Por eso debemos insistir en que la industria de Defensa no es un sector parasitario. Ni siquiera un sector meramente instrumental.

Es un sector estratégico que genera conocimiento, empleo, innovación. Cada euro invertido en defensa genera efectos multiplicadores en tecnología, en investigación, en capacidades industriales.

Y España tiene empresas con marchamo de excelencia en este campo. Sabemos fabricar buques. Sabemos fabricar sistemas de armas. Sabemos fabricar electrónica de defensa de nivel mundial. Eso no es propaganda. Son hechos verificables.

Empresas excelentes

Indra vigila el espacio aéreo con sus radares exportados a múltiples países, aporta electrónica avanzada al Eurofighter, es puntera en sistemas de guerra electrónica y digitalización del combate o en soluciones de defensa aérea y antidrones.

Navantia construye fragatas que compiten con cualquier astillero europeo. Airbus Defence and Space diseña satélites de vigilancia, ensambla los Eurofighter y fabrica aviones de combate, transporte o repostaje en vuelo. Oesía aporta tecnologías disruptivas en la fotónica, las comunicaciones tácticas seguras, la simulación avanzada, la visión inteligente o el cifrado cuántico.

España tiene además líderes empresariales de acreditada solvencia en este ámbito. Aquí está Ángel Escribano que en sólo un año ha impulsado la gran eclosión de Indra como locomotora del sector. Aquí está Luis Furnells artífice de ese sofisticado milagro y objeto de deseo llamado Oesía.

Estas empresas merecen estabilidad. Merece estabilidad la cadena de suministros que las respalda. Merece estabilidad el talento que trabaja en sus laboratorios.

"No podemos construir una capacidad de Defensa creíble con presupuestos volátiles"

Y contamos por supuesto con el compromiso, con el probado espíritu de sacrificio, con la competencia acreditada en múltiples misiones internacionales, con el amor a la patria, sí, con la lealtad a la unidad constitucional de la nación, sí, de nuestras Fuerzas Armadas. Por algo son la institución más valorada en todos los sondeos.

Pero, claro, no podemos construir una capacidad de Defensa creíble con presupuestos volátiles. Con inversiones que puedan interrumpirse a mitad de un proyecto.

Un gran pacto de Estado

La Defensa nacional precisa de un gran Pacto de Estado porque la industria militar necesita previsibilidad. Y previsibilidad significa presupuestos crecientes. Significa un compromiso sostenido. Significa respaldo político para las fusiones nacionales y transnacionales. Para la creación de consorcios con otras grandes empresas europeas.

Significa, en suma, tomarse la Defensa Nacional como parte de nuestro ADN y concebirla como una misión a largo plazo.

Todo indica que esto ha empezado a suceder porque el Plan Industrial y Tecnológico de Seguridad y Defensa va a movilizar 10.400 millones de euros a través de 31 Programas Especiales de Modernización y 79 proyectos que contribuirán a fortalecer las capacidades de la OTAN.

Además, el capital privado ha empezado también a movilizarse con iniciativas de fondos como los que promueve Nazca Capital. Mañana (martes) escucharemos con interés a su presidente Carlos Carbó junto al resto de nuestra veintena de ponentes.

El Observatorio de la Defensa de EL ESPAÑOL seguirá muy de cerca, día a día, la ejecución y desarrollo de cada uno de estos proyectos como si se tratara de un hito de la economía, el deporte o la Cultura.

Porque España gasta todavía poco en Defensa.

Nuestros aliados más próximos superan con creces nuestro esfuerzo. No por capricho. Por necesidad.

¿Es eso prioritario? Sí. ¿Es urgente? Sí.

Cuando Europa estaba en paz, cuando el orden internacional parecía inmutable, podíamos permitirnos el lujo de la ambigüedad. Hoy no. Hoy los riesgos son manifiestos.

El momento híbrido, la zona gris entre la paz y la guerra, es el presente de Europa Oriental. No sólo en Ucrania, pero por supuesto en Ucrania. EL ESPAÑOL tiene una corresponsal en Kramatorsk, María Senovilla. Hace unas semanas fue víctima de un ataque con drones y cada vez que vuelve de un viaje tiene que comprobar si su casa sigue en pie. Allí está una de nuestras fronteras.

Los ciberataques son además una realidad cotidiana que no entiende de visados ni de aduanas. La desinformación es un arma de destrucción política que se extiende por el continente.

Incrementar el gasto militar significa comprar equipos de vanguardia, a ser posible con tecnología europea. Significa entrenar a nuestras fuerzas. Significa mantener la capacidad de disuasión. Significa decir, sin ambigüedades, que defendemos nuestro territorio también de las amenazas que puedan llegar por nuestro flanco sur.

Eso no es belicismo. Es realismo.

Responsabilidad y sacrificio

Incrementar el gasto en defensa es un acto de responsabilidad hacia las generaciones futuras.

Es decirles a los niños de hoy: "Vosotros también viviréis en libertad. Vosotros también tendréis derechos. Nosotros velaremos por ello".

España tiene la capacidad industrial, la capacidad tecnológica, la capacidad intelectual para ser una potencia de defensa significativa en Europa. Pero para ello necesita recursos. Necesita decisión política. Necesita el compromiso de sus ciudadanos.

¿También cierto sacrificio? Quizá. Pero todo lo valioso requiere sacrificio.

Vivimos en una Europa que debe aprender, nuevamente, a defenderse.

No es una Europa que quiere guerras. Es una Europa que quiere evitarlas. Pero evitarlas exige estar preparado para ellas.

España tiene una oportunidad. Una responsabilidad. Ser uno de esos defensores. Ser uno de esos países que dice: "Aquí se respeta la democracia. Aquí se respeta el derecho internacional. Aquí estamos preparados para defenderlo".

Eso exige inversión. Exige compromiso. Exige que miremos el futuro sin ilusiones y con determinación.

Como escribió Hemingway, "el mundo se te quiebra, pero algunos materiales se vuelven más fuertes donde se rompen". Europa se ha roto múltiples veces. Hoy corre el riesgo de volver a quebrarse. Pero tiene la oportunidad de hacerse más fuerte.

España puede ser parte de esa fortaleza.

Ese es nuestro deber.

Todos tenemos que sentirlo como propio.

Muchas gracias.