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LA TRIBUNA

Los olvidados de Europa en la crisis del coronavirus

El autor relata la tragedia humanitaria que se vive en los campos de refugiados de las islas de Lesbos, Samos, Chíos y Cos, agravada ahora por la llegada del coronavirus.

25 mayo, 2020 02:40

Érase una vez en Europa un lugar ideado por políticos europeos para personas que huían de las guerras y la miseria provocada por otros políticos. Estas personas procedían de otros países como Irak, Afganistán o Siria y lo único que pretendían era salvar sus vidas y las de sus familias, pues bien, en su camino de huida acabaron interceptados en unas islas del Mar Egeo, en Grecia, país transfronterizo de la Unión Europea.

Estas víctimas del odio y la ambición política provocada por los nacionalismos, fundamentalismos religiosos e intereses económicos no podrían ir más allá a pesar de que quisieran. No podían aspirar a llegar a Londres, París, Berlín o Madrid. Esto no estaba a su alcance, la ley europea les obligaba a quedarse allí. (Según la normativa europea, ser registrado en el primer país de llegada implica no poder solicitar asilo en otro Estado miembro o, en caso de hacerlo, arriesgarse a ser transferido de vuelta).

Allí se quedaron varios años a pesar de que estos centros difícilmente cumplían con la Convención de Ginebra y la Convención Universal de los Derechos Humanos. En estos centros se acogía al triple de personas de lo que permitía su capacidad. En el centro de acogida de Moría, diseñados para 3.000 personas, convivían unas 20.000. Intenten imaginar la situación.

Vivían como podían, ya que los centros de lo único que disponían era de alambradas metálicas para delimitarlos. Los políticos europeos se olvidaron de proveer alojamiento básico, comida o medicinas. Los refugiados tuvieron que hacerse hogares con restos de basura, cajas de cartón o con las tiendas de campaña rotas con las que huyeron, todos apiñados, hacinados y sin agua, con un grifo por cada mil personas.

Y siguieron llegando los refugiados hasta un total de 60.000; niños, mujeres, ancianos no importaba la edad o si estaban enfermos. Allí los enviaban los dirigentes europeos con la única ayuda que la proporcionada por las diversas ONG que allí operaban, como Médicos Sin Fronteras, Team Humanity o ACNUR, entre otras. Organizaciones que fueron constantemente atacadas por movimientos de ultraderecha ante la pasividad de la comunidad europea. Estos mismos movimientos xenófobos incendiaban los almacenes de ropa para los refugiados.

Hay contagiados y los refugiados siguen hacinados: puede ser la mayor catástrofe humanitaria de este siglo en Europa

Y llegó el frío invierno, y llegó la ola de frío. Muchos de los refugiados esperaban ser reubicados dada las bajas temperaturas y el riesgo de muerte, y algunos, solo algunos, lo consiguieron.

Y luego llegó la pandemia global del Covid-19, y la Unión Europea se resistía a evacuar los campos del mar Egeo, a pesar de las advertencias sobre el potencial catastrófico de un brote infeccioso y de que lavarse las manos frecuentemente suponía un lujo fuera del alcance de la mayoría. Los hospitales más cercanos, en Lesbos y Samos únicamente disponían de seis y dos camas de UCI, respectivamente.

Algunos refugiados empezaron a hacer huelgas de hambre por la situación, otros intentaron huir ante la cuarentena generalizada, con la respuesta de disparos de bala por parte de las autoridades griegas. La situación era ya insoportable e inmanejable…

Lamentablemente no es esta una historia de cuento, es una desagradable historia real que ocurre a día de hoy, mayo de 2020, en la Unión Europea, y que puede derivar en la mayor catástrofe humanitaria de este siglo en el continente. Ya hay contagiados y los refugiados siguen hacinados.

La falta de iniciativa de los gobiernos políticos nacionales de Europa es devastadora y viola los derechos humanos. La acción correcta y necesaria sería evacuar de inmediato a todas las personas en todos los campamentos para garantizar su seguridad. Hemos de demostrar que la situación es insostenible y que nos importa. 

*** César Vera Prieto-Laffargue es vicepresidente de Volt Europa en ESPAÑA.

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