Pedro Sánchez sigue sin dar explicaciones ni respuestas a la crisis de Ceuta.

Mientras la ciudad sigue viviendo una situación de excepcionalidad y la mayoría de los líderes europeos le dan la espalda a él y a su Gobierno, el presidente permanece de vacaciones en La Mareta, en Lanzarote, sin tomar decisiones significativas sobre la crisis.

Una cosa sí ha decidido, sin embargo, Pedro Sánchez: que no será él quien comparezca frente a los españoles.

El 31 de julio, el presidente dedicó poco más de una hora y media a la ciudad autónoma, pronunció una frase de rigor sobre la "violación de la integridad territorial de España" e inició de inmediato sus vacaciones. Desde entonces, coordina por videoconferencia desde su residencia oficial.

Tampoco ha solicitado comparecer personalmente ni en el Congreso ni en el Senado. Ha preferido enviar a otros.

El Gobierno ha intentado esquivar también las comparecencias urgentes que el PP ha pedido en el Senado.

La estrategia de la Moncloa consistía en concentrar todas las explicaciones a finales de agosto en el Congreso (entre el 25 y el 28), lejos del control de la Cámara Alta, donde los populares tienen mayoría absoluta. Para ello, Fernando Grande-Marlaska y José Manuel Albares han alegado "duplicidades".

Sólo Margarita Robles ha roto esa unidad aceptando comparecer en el Senado el próximo 18 de agosto.

El resto ha preferido dilatar su comparecencia y elegir el escenario más favorable.

Mientras tanto, el Ejecutivo ha desplegado en apenas cuatro días a cuatro ministros en Ceuta.

Sira Rego estuvo el 7 y 8 de agosto para abordar la situación de los menores no acompañados, que entonces cifraba en torno a 1.340.

Ángel Víctor Torres llegó el 10 de agosto y se reunió con el presidente Juan Jesús Vivas.

José Manuel Albares, ayer, 11 de agosto, realizó la primera visita de un ministro de Exteriores a la ciudad en la historia reciente y aseguró que "hasta la última persona que ha entrado irregularmente volverá a Marruecos".

Margarita Robles viaja hoy, 12 de agosto, para conocer el despliegue militar.

La secuencia es evidente. Después de días de presencia mínima sobre el terreno (solo Sánchez y Marlaska el 31 de julio), el Gobierno ha acelerado las visitas precisamente cuando arrecian las críticas por la ausencia del presidente y por su negativa a suspender las vacaciones. Es una forma de fingir actividad mientras el jefe del Ejecutivo permanece en Lanzarote.

Esta forma de gestionar la crisis no es anecdótica. Es el reflejo de un estilo: evitar la rendición de cuentas directa, diluir responsabilidades y controlar el calendario político, fiándolo todo al relato mediático y a la aparición de nuevos temas que "eclipsen" Ceuta.

Así que Sánchez no da la cara. Prefiere que otros lo hagan por él, y sólo cuando ya no hay más remedio. La entrada de entre 50.000 y 72.000 personas en apenas 48 horas, con decenas de muertos y más de un millar de menores todavía en la ciudad, exigía presencia y explicaciones.

Lo que Sánchez ha ofrecido son vídeos de Tik Tok.

El problema es que este comportamiento doméstico coincide con su aislamiento creciente en Europa. Veintidós jefes de Gobierno y de Estado firmaron a principios de agosto una carta en la que expresaban su "seria preocupación" por las políticas migratorias españolas y apuntaban a la regularización masiva (con hasta 1,2 millones de solicitudes) como causante de un "efecto llamada".

El diario británico The Telegraph ha titulado que Sánchez se ha convertido en un "paria de izquierdas" que "empuja a Europa al abismo".

POLITICO lo ha descrito como the loneliest leader in the EU ("el líder más solo de la UE").

Ulf Kristersson tachó la regularización de "muy mala idea".

Giorgia Meloni suspendió temporalmente la cooperación Schengen con España e Italia mantiene la alerta.

El rechazo no es marginal: es mayoritario en Europa. España vive hoy en el aislacionismo en beneficio de un solo hombre: el presidente.

El panorama que queda es demoledor. Un presidente que se niega a suspender sus vacaciones y a dar explicaciones personales. Un Gobierno que intenta esquivar el Senado y dilatar las comparecencias. Una ministra de Defensa que ha tenido que romper la unidad para aceptar lo que el resto sigue resistiendo. Una secuencia de visitas ministeriales a Ceuta que llega tarde y parece diseñada para cubrir la ausencia del jefe del Ejecutivo.

Y, de fondo, un Sánchez cada vez más solo en Europa, tratado como "un paria" por sus propios socios.