Vista de la plaza de Cibeles durante la concentración con motivo del Día de Ceuta.
Negarse a la resignación
Un noruego desubicado entiende España tan bien como un español: si invaden Ceuta, invaden todo el país.
Escribo de lo mismo y pienso si no hay más actualidad, que me hallo otro sábado en el mismo lugar.
Pero de qué más vas a escribir cuando han invadido el país.
En la antesala de las reuniones hablan de esto, en las sobremesas se habla de esto y también en los ascensores y en los bares en los que me siento.
Hablan los españoles, a los que no veo resignarse por primera vez en mucho tiempo y sobre todo, curioso, hablan los extranjeros.
El otro día, en el lobby de un hotel, preguntaba un noruego a la recepcionista si habían tenido que alojar invaders allí. Como si toda España fuese Ceuta y todas las calles estuvieran atestadas de inmigrantes ilegales corriendo en todas direcciones a quienes Moncloa concede más derechos que a los ceutíes.
A lo mejor el noruego desubicado resulta que entendía España tan bien como un español. Si invaden Ceuta, invaden todo el país.
Inmigrantes ilegales en la playa del Trampolín.
Esto, que es un pensamiento sencillo, al Gobierno le está suponiendo un esfuerzo enorme. O tal vez alguien les tiene lo suficientemente motivados para no llegar a la misma conclusión que los españoles a los que representan.
En mi memoria de niño sólo hay una manifestación grabada: la del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Tengo imágenes de Valladolid aquella tarde de la mano de mi padre, la ciudad a rebosar de gente indignada más que conmocionada, de personas mayores y jóvenes con un único propósito.
Yo tenía cinco años y no recuerdo España igual de nuevo hasta este miércoles pasado. Da igual dónde mirases esta semana, había una indignación latente. Un negarse a la resignación, a las mentiras de los políticos, a regalar la soberanía que tanto costó construir en España.
No es racismo, diga lo que diga la izquierda snob que vive de la miseria de la pobreza ajena.
En España no pasa nada. No ocurre más: no fluctúa el IBEX, todo está parado desde el 30 de julio.
Vivimos en un tiempo detenido, en una excepción constante. Tenemos España invadida y un Gobierno justificando a su homólogo invasor.
Esta excepcionalidad constante en la que vivimos desde aquel 11-M en el que irrumpió Zapatero (sin uso ni destino) en nuestras vidas y las fronteras de España saltaron por los aires. Zapatero, haciendo siempre negocio de las tragedias ajenas; Sánchez comercializando el mismo dolor.
En España no ocurre nada que no tenga que ver con las cloacas del PSOE. Si a Aznar se le desmoronó el Gobierno mientras aseguraba que había sido ETA la responsable de aquel atentado contra la soberanía y las vidas de los españoles, a Sánchez se le desmorona la Moncloa por jurar que no es Marruecos quien ha asolado Ceuta de marroquíes dispuestos a violar menores, agredir mujeres, comerse gatos, secuestrar ocas e incluso apalear una cría de delfín por diversión.
Pensábamos que no quedaba sociedad cívica en España y resultaba que toda estaba en Ceuta y con los ceutíes.
El Estado no estaba allí. Por suerte, había españoles.