Pedro Sánchez celebra su derrota en las elecciones de 2023.

Pedro Sánchez celebra su derrota en las elecciones de 2023. EFE

Columnas EL PANDEMONIUM

Tu 'cuñao' ya sabe quién ganará las elecciones de 2027

¿No te fías de los sondeos? Dame tu previsión, que nos vamos a reír.

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El sondeo de este lunes de EL ESPAÑOL, que le da 149 escaños al PP y 57 a Vox, ha dolido de forma especial entre la izquierda, que lleva una semana hablando de él en las redes sociales.

"Nos quieren desmovilizar", dicen.

También dicen que los sondeos no sirven para nada, que estamos suponiendo una desmovilización masiva de los votantes del PSOE y que los datos son inventados o reciclados.

Dice esa izquierda, finalmente, que el electorado progresista aparecerá a última hora por sorpresa, como la caballería de los Rohirrim en la batalla de los campos de Pelennor de El señor de los anillos, para quebrar a los orcos de Feijóo y Vox.

El mosqueo tiene fundamento. Porque, en paralelo al mejor resultado de la derecha en casi cincuenta años de democracia, el sondeo de Sociométrica prevé el peor resultado de su historia para la izquierda española.

103 escaños para el PSOE, siete para sumar y dos para Podemos.

Es decir, 112 escaños en total, muy lejos del segundo peor resultado de la izquierda en democracia, los 121 del PSOE de Alfredo Pérez Rubalcaba (110 escaños) y la IU de Cayo Lara (once) en 2011.

Las quejas de la izquierda no son novedosas. Miles de españoles creen que los sondeos mienten o se equivocan por sistema, y que, en general, dicen lo que quieren oír quienes los pagan.

Es una afirmación colosal y merecedora, como mínimo, de un libro, que ojalá alguien se anime a escribir porque revolucionará la ciencia política del futuro. Porque si los sondeos no sirven para nada, ¿qué hacen cientos de partidos políticos de todos los países democráticos, junto con sus medios de prensa, sus empresas y sus agencias de consultoría, pagando por ellos?

¿Son todos unos mentecatos que desconocen que los sondeos son una invención?

El primer sondeo electoral documentado data de 1824, cuando el periódico Harrisburg Pennsylvanian preguntó a los votantes locales sobre la contienda entre Andrew Jackson y John Quincy Adams.

Pero se popularizaron a partir de la década de 1930, cuando George Gallup fundó el American Institute of Public Opinion (origen de la Gallup Poll) y comenzó a publicar columnas semanales.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los sondeos de opinión se hicieron rápidamente habituales en Europa occidental, Canadá, Australia, América Latina y, progresivamente, en el resto del mundo a medida que se extendían las democracias y los medios de comunicación de masas.

Hoy, en 2026, sólo existen dos métodos para conocer las tendencias ideológicas de fondo en una sociedad como, por ejemplo, la española.

1. El primero son los sondeos de opinión.

2. El segundo son tus santas narices.

La ventaja del primer método es que la muestra suele ser mayor que la del segundo, que es siempre una muestra de uno.

La ventaja del segundo es que es gratis, que es lo que suele ocurrir cuando el trabajo lo hace un espontáneo que no sabe de lo que habla.

Que los sondeos de opinión dicen lo que quieren oír quienes los pagan es además una suposición que no dudo que sea cierta en algunos casos.

Pero que el segundo método, el de tus santas narices, da siempre resultados coincidentes al 100% con los antojos de quien los pronostica es una verdad que va a misa.

Una pequeña obviedad: como regla general, nadie paga cantidades astronómicas para que le cuenten mentiras, por muy halagadoras que sean. Eso de los sondeos "que te dicen lo que quieres oír" es un autoengaño con las patas muy cortas.

Otra cosa diferente es el CIS, que cuenta con la potencia mediática del PSOE y que sí tiene capacidad para "modelar" la percepción de los ciudadanos. Pero una encuestadora privada no cuenta con esa potencia de fuego, así que no tiene demasiado sentido mentir, porque tampoco vas a llegar mucho más allá de tu círculo de convencidos.

Alberto Núñez Feijóo.

Alberto Núñez Feijóo. RTVE

Muchos votantes creen, sin embargo, que los sondeos minusvaloran de forma sistemática a su partido por no se sabe qué extraño motivo. Y por eso prefieren creerse los prejuicios de esos vendemotos de red social que juegan a nigromantes demoscópicos jurando ver corrientes de fondo que sólo ellos pueden detectar.

Esos vendemotos, dicho claro y rápido, son estafadores. Su ventaja es que, como decía un mítico artista de los cubiletes que operaba en las Ramblas de Barcelona, "gilipollas nunca faltan".

Pero los votantes del PSOE, a diferencia de los de otros partidos, al menos tienen algo real a lo que aferrarse para menospreciar los sondeos: los resultados de las generales de 2023.

Y por eso dicen que los sondeos "se equivocan siempre". Porque los sondeos fallaron en las elecciones generales de 2023.

En todos los demás casos (las cuatro elecciones autonómicas recientes, por ejemplo), los sondeos se han aproximado con mucha precisión al resultado final en las urnas. Pero la anécdota de 2023 ha acabado convertida en categoría porque eso es lo que le conviene creer a mucha gente.

La realidad es que las principales encuestadoras españolas (Sociométrica, GAD3, Sigma Dos, 40dB y Target Point) tienen una excelente reputación y un alto porcentaje histórico de precisión.

El error medio histórico de los sondeos preelectorales ronda internacionalmente los 1,7-2,5 puntos. En España, ese error medio es de 1,9 puntos por partido político.

España tiene, es verdad, algunos problemas particulares que no tienen nada que ver con la calidad o el maquiavelismo de las encuestadoras, y que complican los análisis.

1. El principal es el método D'Hondt y nuestras cincuenta y dos circunscripciones, que amplifican mucho la consecuencia de pequeñas desviaciones del voto que en otros países serían irrelevantes, pero que aquí mueven escaños.

2. El segundo es la complejidad del escenario político español. Especialmente por la existencia de un tercer bloque, el de los nacionalismos periféricos, que convierte en un problema irresoluble de tres cuerpos lo que en muchos otros países occidentales se reduce a un problema resoluble de dos cuerpos.

Ahora, además, hay un cuarto bloque en ciernes: el de los cantonalismos, esos localismos de talla XXS, generalmente circunscritos a una sola provincia. Más ruido en las encuestas.

3. El tercer problema es la abundancia de empresas de sondeos generalmente unipersonales de muy baja calidad, que introducen ruido y sensación de caos.

Pero, en realidad, el "error" de 2023 no lo fue tanto si se analiza de forma desapasionada.

La mayoría de los sondeos acertaron el orden (PP > PSOE > Vox ≈ Sumar) y que el PP sería de largo la fuerza más votada.

El error medio del promedio fue razonable o mejor que el histórico.

Sin embargo, hubo un patrón claro: sobreestimación del PP e infraestimación del PSOE. Muchas encuestas proyectaban 175-180 escaños para PP y Vox (al borde o dentro de la mayoría absoluta) y se quedaron en 170.

No es una diferencia estratosférica, pero el hecho de que la mayoría absoluta se jugara en esos 5-6 escaños amplificó la sensación de error.

En cualquier otro país europeo, además, el candidato derrotado (Pedro Sánchez) habría aceptado su minoría y permitido gobernar al ganador de las elecciones (Alberto Núñez Feijóo).

Pero Sánchez prefirió bloquear el Congreso gobernando con una minoría inviable con el objetivo de impedir la alternancia democrática. Y eso puso el foco en los sondeos.

Más allá de esa excepción histórica, las grandes encuestadoras españolas han pronosticado con un alto grado de precisión el resultado de todas las elecciones de los últimos diez años.

Y ahí están los rankings y los análisis de Kiko Llaneras, de Electomanía / PollCheck o de Politpro para corroborarlo (análisis donde, por cierto, Sociométrica suele puntuar muy alto).

Así que, por responder rápido.

1. Los sondeos electorales siguen siendo el método más fiable y preciso para conocer las tendencias de voto de los ciudadanos.

2. El otro método, que es el palillo en las muelas, el codo en la barra y el regüeldo demoscópico a ojo de buen cubero, tiene un porcentaje de acierto muy inferior al primero.

3. El sondeo de EL ESPAÑOL no se basa además en que la participación de la izquierda será la menor desde 1977. El sondeo de Sociométrica, de hecho, tiene en cuenta los resultados de las generales de 2023, y por eso otros analistas dicen que nuestros datos "sobreestiman" a la izquierda.

Es decir, el resultado de Sociométrica incluye una hipotética activación del voto de izquierdas, a pesar de que las circunstancias políticas y sociales no son ni por asomo las mismas que en 2023.

Si esa izquierda se queda en casa, cosa que no cabe descartar, el resultado de PP y Vox podría ser incluso mejor que el que prevé el sondeo.

De todas maneras, cualquiera puede hacer la prueba. Sólo hay que escoger al gurú demoscópico preferido de turno y pedirle una previsión, con porcentaje de voto y escaños, para las próximas elecciones generales. Con cifras concretas y horquillas de uno-dos escaños, no de veinte como el CIS.

Luego, se anota esa previsión en un papel que se guarda a buen recaudo.

Y el día de las elecciones se compara con los sondeos de Sociométrica, GAD3, Sigma Dos, 40dB y Target Point.

Nos vamos a reír.