Un momento de la entrevista a Jesús Vivas en La 1.
Aida Bao y los licenciados homosexuales de Ceuta
¿Por qué discrepan tanto las versiones de la policía y del periodismo monclovita sobre Ceuta?
Decía este miércoles un periodista de La Hora de La 1 que "muchos" de los asaltantes que vagan hoy por las calles de Ceuta son "licenciados, diplomados y homosexuales".
Es una de las frases más extrañas que he oído nunca en boca de un periodista.
Y lo decía en una conexión en directo desde la playa del Trampolín de Ceuta rodeado de cientos de inmigrantes entre los que, en pura lógica, debía haber un buen puñado de cirujanos, filósofos y matemáticos homosexuales.
Como dice Don Raggio en X, los informativos de La 1 parecen ya guionizados por Los Javis.
Pero estoy seguro de comprender el razonamiento del periodista.
Decir que entre los invasores ceutíes hay muchos licenciados y diplomados homosexuales pretende evocar en el espectador de La 1 (es decir entre los jubilados que siguen viendo hoy la televisión) la imagen de cientos de miles de chavales asediados en sus países de origen por su sexualidad y su refinada sensibilidad artística, un poco en plan El club de los poetas muertos.
No dudo que alguno de esos haya, por pura probabilidad estadística, entre los 90.000 asaltantes de Ceuta.
Pero de ahí a hacer categoría…
También entre los soldados rusos que hoy invaden Ucrania debe de haber muchos licenciados, algún violinista e incluso uno o dos poetas bisexuales. Pero nadie dice por ello, o siquiera insinúa, que el ejército ruso sea la nueva Atenas.
También dijo ese periodista de La 1 que esos diplomados y licenciados huyen del terrorismo y de la guerra. La pregunta es qué terrorismo y qué guerra hay hoy en Marruecos más allá de la que Mohamed VI le ha declarado a los españoles con la complicidad del Gobierno de Pedro Sánchez, que parece encantado de que Ceuta esté empezando a caer ya, por fin, en manos de Rabat.
Así que según La 1, y por resumir, los licenciados homosexuales ceutíes huyen del terrorismo, la guerra y la homofobia.
Un reportero de TVE tras mostrar las playas de Ceuta llenas de inmigrantes ilegales: “Muchos son licenciados, diplomados y homosexuales”. pic.twitter.com/T1WeE4S71e
— Wall Street Wolverine (@wallstwolverine) August 6, 2026
Pero nadie en La 1 nadie se ha hecho la pregunta más elemental. ¿En cuál de los dos bandos militaban esos licenciados antes de llegar a España?
¿En el de los verdugos o en el de las víctimas?
El hecho de que en las imágenes de televisión sólo se vea a adultos jóvenes en edad militar, sin sus familias, abuelos, padres, madres, hermanos o hijos, hace pensar que, de estar en un bando, ese no sería precisamente el de las víctimas.
Porque, ¿quién huye de una guerra y deja a los más vulnerables de su familia, mujeres, niños y ancianos, atrás?
Y para deducir eso sólo hace falta atender a lo que dicen los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad que intentan hoy poner orden en Ceuta y que describen unos niveles de violencia difícilmente compatibles con los de una clase magistral sobre poesía lírica arcaica, la elegía, el yambo y la lírica monódica helénica.
Pero claro. Concluir eso nos llevaría a preguntarnos qué impacto va a tener entre los españoles dejar entrar en España a millones de hombres adultos procedentes de culturas donde las mujeres carecen de derechos, la violencia sexual está al orden del día y los homosexuales son perseguidos hasta la muerte.
En Marruecos, por ejemplo, sólo el 2,5% de los ciudadanos muestra "algún tipo de aprobación" hacia la homosexualiad. El resto la rechaza o, literalmente, "la odia".
¿De dónde sale, por tanto, la idea de que los inmigrantes que llegan a España forman parte del 2,5% y no del 97,5% restante?
¿Y en qué escenario mental eso acaba saliendo bien para los españoles?
Pero para averiguar ese detalle, si los invasores son víctimas reales o verdugos camuflados, haría falta hacer periodismo, no ponerle un micrófono delante de la boca a alguien que puede decir lo que quiera e inventarse cualquier pamema porque sabe que nadie, jamás, comprobará su historia.
Y el periodismo gubernamental no está para eso. Está para sorber los sesos de los jubilados españoles con una pajita de papel reciclable.
Luego, el jueves por la noche, una portavoz del sindicato policial JUPOL dijo en El Análisis de Telemadrid, el programa de Antonio Naranjo, que la situación en Ceuta es límite, que los ceutíes viven encerrados en sus casas y que las peleas, los asaltos y las agresiones sexuales han alcanzado niveles tercermundistas.
Que sólo hay ciento cincuenta antidisturbios en toda la ciudad para más de cinco mil ilegales, muchos de ellos violentos y con antecedentes penales, y al menos una decena de ellos identificados como terroristas yihadistas.
Luego, la portavoz policial describió un caso reciente de violencia. Uno entre tantos. Una agresión sexual a una niña que había dejado a los sanitarios ceutíes aterrorizados por el grado de destrozo provocado en sus genitales.
"Ceuta es hoy una ciudad muy peligrosa para las mujeres", añadió luego.
De acuerdo con La 1, los asaltantes son filólogos homosexuales a la espera de que el Instituto Cervantes descubra el talento que ha irrumpido en Ceuta con la fuerza acumulada de siglos de refinada civilización.
Según la Policía, sin embargo, Ceuta es una ciudad sitiada.
¿Cómo pueden discrepar tanto las versiones de la policía y del periodismo monclovita?
Esta misma semana también, Aida Bao Pena, la sustituta de Silvia Intxaurrondo en La 1, sometió a un tercer grado al presidente ceutí Juan Jesús Vivas.
Juan Jesús Vivas en #LaHora5A: "Estamos viviendo una situación de absoluta excepcionalidad (...) Me está usted llamando pesado, o no lo sé. La ley la estamos aplicando. Tenemos una relación de absoluta colaboración (...) Vamos a seguir protegiendo el interés del menor pero, por… pic.twitter.com/2KMaXQsgwm
— RTVE Noticias (@rtvenoticias) August 5, 2026
Ese tercer grado hay que verlo con atención para darse cuenta del ingente trabajo de reciclado que van a necesitar los medios públicos monclovitas cuando Pedro Sánchez salga del Gobierno.
Porque yo dudo que en ningún otro país se tolerara sin más que la presentadora de un programa de televisión público interrogara con esa saña al Zelenski ceutí que está enfrentando, casi sin ayuda del Gobierno de su nación, la invasión de un país enemigo.
Lo recuerdo de nuevo. Ciento cincuenta antidisturbios para una ciudad de 80.000 habitantes que ha sido invadida por 90.000 asaltantes, de los cuales permanecen en ella más de 5.000, muchos de ellos delincuentes condenados.
Hay gente, además, con la que ni siquiera te sale la agresividad. Juan Jesús Vivas, con el que yo he compartido algún que otro desayuno en EL ESPAÑOL, es un señor pequeño, casi microscópico, que habla bajito, suave y tranquilo. Jesús Vivas es una nana con bigote.
Es alguien, en fin, con el que es radicalmente imposible pelearte o generar una polémica. Mucho menos una tan artificial y tendenciosa como la planteada por Aida Bao Pena.
Ese juicio sumarísimo a Juan Jesús Vivas no habría sido posible ni siquiera en la televisión pública marroquí. Hasta allí habrían sido, si no menos agresivos, si desde luego más educados. Al menos le habrían dejado contestar.
Luego, un pelota dijo en redes sociales "así deberían ser todas las entrevistas". Eso lo suele decir gente que no ha hecho jamás una entrevista y que no distingue un tono inquisitivo de la pura y simple mala educación. Que no distingue, tampoco, una entrevista a un delincuente, a un corrupto o a un incompetente de la entrevista a un tipo cuya ciudad ha sido invadida por una potencia hostil.
Pero la misión era la misión. Convencernos a todos los españoles de que los asaltantes son menores desamparados que sufren hoy en Ceuta porque las comunidades del PP no quieren acogerlos. Ese es el relato. La invasión de Ceuta reducida a un "los fachas no quieren menas".
En realidad, los que no quieren acoger a los menas son Cataluña y el País Vasco, que ya lo han dicho de forma explícita.
Lo que han pedido PP y Vox es que esos menores vuelvan con sus padres, un deseo que difícilmente puede ser calificado de "inhumano". Porque lo contrario (y esto lo digo yo) es apropiarse de ellos como si fueran fardos de droga llegados a la playa para meterlos a la fuerza en centros de menores conflictivos para beneficio de esas organizaciones que reciben cientos de millones de euros cada año por gestionar su acogida.
Hoy en España 600.000 personas viven de la "empatía". Es decir, del multimillonario negocio del activismo de la "acogida".
La realidad es que en España han entrado 28.000 menores desde 2018 y que sólo se han devuelto a sus países de origen cuarenta y uno. El 0,15%.
¿Por qué? Porque hay gente haciéndose millonaria con ellos. Hoy, la explotación de menores no consiste ya en esclavizarlos como en el siglo XV. Consiste en traerlos a España para que la maquinaria de la administración pública empiece a producir billetes a chorro. Y por eso prácticamente todos los menores que entran en España se quedan en España. Porque generan un beneficio mayor que el del mejor fondo de inversión de Wall Street.
Allí donde se incentiva la demanda, en fin, crece la oferta. Pero que todos lo tengamos claro: el mena no es el consumidor. El mena es el producto. Los que ganan dinero con él son los políticos, los sindicatos, las ONG y los activistas.