El fusilamiento de Torrijos (Antoni Gisbert).
Españoles, la clase media ha muerto
España era la envidia del mundo y ha acabado poniéndole envase antirrobo al embutido.
España, como faro del primer mundo, tenía entre su patrimonio nacional un éxito mayor que La Alhambra, más prodigioso que Velázquez, casi igual a Cervantes: su clase media.
Su autónomo que llegaba sin preocupación a final de mes y tenía hipoteca, esposa, tres hijos con actividades extraescolares, dos coches, compraba churros los domingos y confiaba en que en unos años tendría pagada la casa, sus hijos trabajarían sin ser pobres y él cobraría una pensión con la que dar la propina a los nietos, porque los abuelos están para malcriar.
Su funcionario que había sacado la plaza con laboriosidad antes de que el empleo público se convirtiese en la religión oficial del Estado.
Su afilador, que en verano vendía melones también en mitad de algún pueblo de Castilla.
Era una clase media tan heterogénea como España, pero clase media sin duda alguna.
Después, esa misma España se suicidó. Una mañana sin nada de particular después de 2008, Zapatero mediante, decidió saltar desde lo más alto de la prima de riesgo para no volver ya nunca más junto al resto de Europa.
El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.
Desde entonces hemos vivido en un país de luto, en medio de la casa de Bernarda Alba, convirtiendo en tabú el tema mientras los salarios bajaban, el combustible subía, las hipotecas se disparaban y era más rentable no hacer nada que hacerse trabajador por cuenta propia y responder cada trimestre ante Hacienda.
Hoy miramos aquella España como quien mira un cuadro de Gisbert. Qué tragedia a punto de suceder, pero qué dignidad gastábamos. Fue un fusilamiento silencioso disfrazado de brotes verdes y lo único que brotaba eran joyas en la caja fuerte de Zapatero "sin afán patrimonial".
Es curioso cómo, hablando con amigos de mis padres, en mitad de una de esas cenas de principio de verano que requiere un tema neutro y jocoso para hacerla distendida, decidí preguntar por qué habían tolerado dócilmente que este se convirtiera en un país peor. Científicamente más desdichado, menos honrado… De esos que ya no se encuentran frente al espejo como si a la democracia entera le hubiera llegado la decadencia.
Por qué habían colocado a los peores de los suyos al frente de todas las instituciones que tienen que ver con el común.
Predeciblemente, la noche se calentó.
Todos, sin excepción, creían haberlo tenido difícil en su tiempo. Creían haber hecho lo correcto. Nadie contemplaba otro camino. Sólo hay que ver con el sueldo medio cuántos metros cuadrados se compraban en una ciudad de provincias en España, ayer y hoy. Hoy somos pobres, hoy no hay clase media. Ni siquiera los que lo fueron lo son ya. Aunque viven tranquilos.
Hemos sustituido las rentas medias por burócratas y burocracia que las fiscalizan para pagar más burócratas. El Estado se ha convertido en un hámster obeso que hace girar la rueda porque ya no sabe hacer otra cosa y engorda esperando el infarto final.
De la clase media sólo nos queda el recuerdo. Murió joven, como todo cadáver hermoso. Nosotros la recordamos, nos queda la certeza de que una vez nuestros padres lo fueron y nos prometieron sin palabras que nosotros lo seríamos también mientras nos mandaban a la universidad (porque es lo que hay que hacer para ser un hombre de provecho).
Se ofenderán unos cuantos lectores, lo sé. Yo el primero, lector de mi propio artículo. Un país que era la envidia del mundo entero ha acabado desembocando en una sociedad donde hay que ponerle envase antirrobo al embutido y a la carne en el supermercado, incluso al desodorante… como antes se le ponía sólo a las botellas de güisqui que rondaban los cien euros.
Ser clase media no es comer todos los días (eso es no ser pobre de solemnidad). No es hacer la compra de manera estrecha a partir del día diez para llegar a final de mes. Ser clase media no es que estén las terrazas llenas de gente que sale a tomar un vino, pero no se sienta a cenar, de la misma manera que ser clase media no es irse de vacaciones haciendo el mayor esfuerzo del año y que si te invitan a una boda te descuadre el trimestre entero.
Españoles, la clase media ha muerto.