Don Lemon.

Don Lemon. Reuters

Columnas EL PANDEMONIUM

El periodista más insufrible del planeta es este

El progresismo ha puesto en su punto de mira a ciudadanos anónimos sin vinculación con las causas de moda de la izquierda. Y cruzada esa línea roja, cualquiera puede convertirse en potencial víctima de la violencia.

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Don Lemon es un buen candidato al título de periodista más insufrible de la historia. Y eso que el título, ya se lo aseguro yo, está competido.

Lemon, periodista americano, ex presentador estrella de la CNN, es el narcisista más esférico jamás producido por una profesión en la que abundan los perfiles arrogantes, déspotas, narcisistas y amorales.

Don Lemon es la versión en la vida real del Wayne Gale de Asesinos natos, el Caesar Flickerman de Los juegos del hambre o el Jack Delroy de El último Late Night.

Presentador de la cadena CNN hasta que lo despidieron en abril de 2023, Lemon ha seguido el camino de Tucker Carlson (montárselo por su cuenta en las redes sociales), aunque en dirección ideológica contraria: Lemon se ha transformado en Sumo Sacerdote de la religión extremoprogresista.

Lemon predica hoy en su canal de YouTube The Don Lemon Show, donde su audiencia aplaude su transformación en activista mediático.

Y el pasado 18 de enero, Lemon lideró un asalto a una pequeña iglesia local, la Cities Church de Saint Paul, en Minnesota. Algo que no podría haber hecho jamás desde la CNN.

¿Su excusa? "Sólo soy periodista, un humilde testigo de la historia". El rollo habitual.

Además, como hombre negro y gay, Lemon juega siempre la carta de la victimización, afirmando que cualquier crítica contra él es "racismo y homofobia".

En realidad, Lemon no se limitó a ser testigo.

Lemon irrumpió en la iglesia acompañado de docenas de manifestantes que protestaban de forma violenta contra las redadas de ICE, el cuerpo policial estadounidense encargado de detener y deportar a los inmigrantes que han entrado ilegalmente en Estados Unidos. Lemon "sólo" estaba ahí. Pero su sola presencia incentivó los disturbios al darle a los violentos lo que estos buscaban: visibilidad en el canal de un periodista lo suficientemente famoso para garantizársela.

Es fácil de entender. Sin cámaras, el incentivo para generar el caos disminuye exponencialmente.

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Lo que poca gente sabe es que el ICE no es creación de Donald Trump.

El ICE fue creado por la administración de George W. Bush en marzo de 2003 y potenciado por Barack Obama, con el que se alcanzó el récord histórico de deportaciones en Estados Unidos: 3,1 millones de inmigrantes deportados en ocho años, con un récord de 407.000 en 2012.

Cuando Trump llegó a la presidencia, Obama se convirtió en uno de los principales críticos del mismo cuerpo que él llevó a récords de productividad irrepetibles.

“Pero el ICE de Obama no mató a nadie” dicen hoy los críticos.

En realidad, sí. Durante la presidencia de Obama, setenta y seis personas murieron a manos del ICE. La diferencia es que a nadie le importó porque, claro, era Obama.

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¿Cuál es la relación entre la iglesia asaltada por Don Lemon y los agentes del ICE?

Que David Easterwood, pastor asociado de la congregación, ocupa el cargo de Director Interino de la Oficina de ICE en Saint Paul desde 2015.

Es decir, desde la presidencia… de Barack Obama.

Lemon ha confesado que conocía de antemano el plan de irrumpir en la iglesia, pero ha justificado el asalto como "periodismo de la Primera Enmienda”. Una de esas chorradas que no quieren decir nada, pero que, al parecer, justifican cualquier cosa que haga un periodista (progresista).

Irónico, ¿no es cierto? Un periodista actuando como el pirómano que llama a los bomberos para filmar el incendio que acaba de provocar.

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Durante su asalto a la iglesia, Lemon se unió a la activista Nekima Levy Armstrong, conocida por su elogio a asesinos de policías como Assata Shakur.

Tras su “acción”, Nekima Levy Armstrong se comparó con Jesucristo cuando expulsó a los mercaderes del templo: "Como persona de fe, sentí que era mi responsabilidad entrar en esta iglesia y poner el foco en los miembros de la congregación. Cuando las cosas estaban mal en el templo, Jesucristo entró en él y tiró las mesas al suelo”. El cinismo clama al cielo.

Una vez dentro de la iglesia, Lemon interrogó al pastor Jonathan Parnell, cuestionando su derecho a rezar en paz. Según Lemon, "la incomodidad" de soportar un asalto violento por parte de radicales "es parte de la protesta".

La idea es llamativamente extraña. Según Lemon, la protesta no tiene sentido si no consigue molestar a alguien. O sea, que en realidad no se trata de protestar, sino de molestar.

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Lemon acusó también a los feligreses de Cities Church de “supremacistas blancos”.

Las visiones dementes de Lemon son llamativamente sectarias: ve racismo en un puñado de familias rezando, pero ignora su propio fanatismo anticristiano.

¿Por qué escogió Lemon una iglesia "blanca"? Porque sabe que nunca habría salido impune de haber asaltado una iglesia negra o latina.

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Lemon defiende su rol como "documentador de protestas", pero su transmisión en vivo le dio visibilidad a los radicales y atrajo a violentos con sed de foco mediático.

Lemon es el sacerdote-terrorista perfecto: usa la cámara como crucifijo frente a los vampiros de la "ultraderecha blanca", bendiciendo la violencia mientras se finge neutral y esquiva de forma cobarde la responsabilidad por sus propios actos.

Lemon ha tratado de justificar su asalto esgrimiendo el caso de Renee Nicole Good, que murió tras intentar atropellar a un agente de ICE y recibir un disparo por ello.

Pero no ha sabido explicar en qué ayuda a la justicia que un grupo de fanáticos irrumpa en una iglesia para aterrorizar a familias y niños, y que él intente ridiculizarlos frente a su cámara.

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¿Por qué es importante lo de Lemon, al que prácticamente nadie conoce en España?

Primero, porque evidencia que el progresismo ha puesto en su punto de mira a ciudadanos anónimos sin vinculación aparente o significativa con las causas de moda de la izquierda. Y cruzada esa línea roja, todo es cuestión de azar.

Sólo tienes que estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, una simple iglesia, para ser calificado de "ultraderechista" y hacerte así acreedor a cualquier violencia, literalmente cualquiera, que a los fanáticos de turno se les antoje contra ti.

Segundo, porque Don Lemon es uno de los primeros periodistas que da el salto desde su rol previo de propagandista de las causas de la izquierda al rol de activista con boots in the ground.

Y eso ya no es periodismo, propaganda o siquiera activismo. Es incitación de la violencia.

Y esto también acabará llegando a España cuando la izquierda salga del poder, el presidente sea Alberto Núñez Feijóo y algunos periodistas monclovitas se queden sin trabajo. Al tiempo.