Carmena es un producto, o un subproducto, de las redes sociales aceleradas. Los que son los suyos apenas se acuerdan de su más reciente acuerdo o desacuerdo, pero la quieren en un graffiti pop en el 2 de Mayo. Acaso porque la vida es una triste metáfora municipal, y Carmena se vuelve a presentar en ese absolutismo con magdalenas que es lo suyo.

Sucede que en ciertos momentos, y a cierta altura del camino, no hay otra cosa mejor que una alcaldía y un ordenanza/bedel de la cuerda que le alegre las mañanitas. Manuela ha hecho poco, la verdad: infartar las arterias vitales de la ciudad, encoger belenes, andar en el imaginario de los taxistas acelerados y ser una santa laica para los modernos de la zona de Malasaña. Se sabe que cualquier intento de Tierno Galván en la ideología que sea acaba derivando en chiste, y así recordamos a Álvarez del Manzano, un hombre pegado a su fotógrafo, por las tascas y los figones. El fotógrafo siempre volvía con una foto enmarcada y firmada por el alcalde con el mesonero -y el propio munícipe- inmortalizados entre los churretes.

Pero hay gente que vota a Carmena como hay gente que todavía cree en las virtudes patria y redentoras del sorayismo. Soraya se fue en los mismos momentos que Manuela dijo que se quedaba. Fue en las vísperas de la Diada bronca y la prensa sagastacanovista no tuvo otra ocurrencia que regarnos el día con hagiografías ditirámbicas sobre Soraya y Manuela. Con ellas dos, y a la vista está, el santo no tiene nada por mucho que lo bendigan. Ahora Manuela se deja querer, pues que todo populismo se maneja mejor en los ayuntamientos: quizá porque al colectivo untado se le pueda poner cara. Cuenta la alcaldesa con el apoyito entrañable y difuso de Pedro Sánchez, y eso sería una maldición sino fuera porque en este verano los tiempos están cambiando a peor; siempre a peor. Carmena está por encima del circo de Ahora Madrid y bien que lo hace saber. Laminar a los propios con sonrisas.

Manuela Carmena no parece aventurar un Madrid mejor, pero la masa social sólo pide que no le colapsen la Gran Vía con ecologismos anacrónicos. Las aceras coleccionan miasmas, hay socavones, pero la capital es solidaria en los carteles. Lo de curar las hambres de los madrileños vernáculos parece ser cometido del Padre Ángel.

Las elecciones municipales en Madrid serán la impotencia fratricida del PSM, y Carmena acaudillando a los dóciles y cierto cordón sanitario contra Villacís por joven y por tener criterio en la capital del PluriEstado. Lo veremos, claro, con la indiferencia acostumbrada con la que vemos la vida pasar al la vera de la Cibeles.