Hace exactamente 25 años le encargué a Zapatero, entonces líder de la oposición, un prólogo para los cuentos de Borges, recopilados como Ficciones en la colección Millenium de El Mundo. El prologuista parece haberse convertido hoy en el protagonista de su relato favorito, El Jardín de los Senderos que se Bifurcan.
Se trata del espía Yu Tsun —chino tenía que ser— que participa en una intriga de historias superpuestas, descubre que el laberinto de la vida no es un espacio físico sino temporal y termina rindiéndose a la autodestructiva utilidad del mal.
Zapatero no era así. O al menos no hacía las cosas que el auto del juez Calama le atribuye ni presentaba síntomas de tener la intención de hacerlas.
En la treintena de conversaciones reproducidas en los dos tomos de mis memorias —Palabra de Director y Por Decir la Verdad— ni una sola vez me habla de dinero como aspiración propia. Tampoco parece envidiar el de los demás.
Nuestras conversaciones abarcan un cuarto de siglo y las situaciones más diversas: en casa de Gertru para que Felipe no se enterara, en la mía para investigar el 'tamayazo', en la Moncloa en todos los momentos cruciales, en Toledo cuando 'conspiraba' con Page y Bono contra Sánchez, en casa de amigos comunes, en bodas, fiestas y cumpleaños, en la redacción o visitando exposiciones.
Repito: nunca, ni una sola vez Zapatero ha hablado delante de mí de cómo ganar dinero. Ni en concreto, ni en abstracto. Ni siquiera en broma. Se hablaba del mar y de los peces, de Dios y de la Virgen, de muchos otros temas personales, sobre todo de política, pero nunca de negocios.
Si alguien me hubiera dicho hace sólo dos o tres años que le veríamos imputado por blanqueo de capitales y por lucrarse con el tráfico de influencias no le hubiera creído. Antes habría dado pábulo a un rumor de que le fuera infiel a Sonsoles —algo rayano en el imposible metafísico— que al de que se trataba de un corrupto.
Pero los 85 folios están ahí y aunque no destruyen su presunción de inocencia, sí que barrenan su reputación ética. Algo terrible para el PSOE, pero no sólo para el PSOE.
Tras la 'decepción Juan Carlos I', vendría la 'decepción Zapatero'. Dos figuras emblemáticas de nuestro medio siglo de democracia, identificadas con ideales nobles —pudieran compartirse o no—, ahora embadurnadas por el dinero sucio procedente del exterior.
¿Cuándo y cómo comenzaron a torcerse las cejas de ZP? Llevo días dándole vueltas, excavando en los recuerdos, hilvanando detalles e indicios y sólo puedo ofrecer un relato subjetivo, extraído del laberinto borgiano que habitamos todos.
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Zapatero en el Jardín de los Senderos que se Bifurcan.
El punto de partida es que ninguno de los hechos que se le atribuyen guarda la menor relación con sus siete años y medio de gobierno. Siempre ha podido jactarse de que ni él ni ninguno de sus ministros, cuando lo eran, fueron denunciados por corrupción.
Es raro que quien tuvo los resortes firmes del poder vaya a caer luego en las arenas movedizas del tráfico de influencias. Pero, como dijo Rufián, "tenemos ojos en la cara" y hemos leído lo que hemos leído.
Me acuerdo muy bien de la noche que en el porche de la Moncloa Zapatero me dijo que sería un "expresidente ejemplar" —en el sentido de que ayudaría a forjar consensos—, que se iría a vivir a la casa que estaba terminando de hacerse en León y que vendría en AVE a trabajar al Consejo de Estado.
Era como el final de una película de Frank Capra con música de dulzainas y chirimías.
No cumplió ninguno de esos tres buenos propósitos. El primero que abandonó fue el de vivir en León, alegando el veto de sus hijas, empeñadas en seguir en Madrid.
Lo del Consejo de Estado tardó un poco más. Ingresó como consejero vitalicio en el 2012 y renunció en 2015. Perdía con ello 100.000 euros anuales, pero dejaba de ser incompatible para otras actividades, la primera de las cuales fue la presidencia del Instituto de Diplomacia Cultural, una ONG con sede en Berlín.
Lo que para entonces ya estaba haciéndose añicos era lo del "expresidente ejemplar". Tras dejar el poder, Zapatero comprobó enseguida el frío que hacía en el exterior. Y no le gustó nada esa sensación térmica.
Por un lado, se sentía injustamente tratado por la España conservadora que se fijaba en el lado negativo de su gestión: aquel Estatuto de Cataluña que no pedía nadie y disparó el 'Procés', la reapertura de las heridas del pasado con la Memoria Histórica, las concesiones a ETA en el proceso de paz y la tardía y equivocada gestión de la crisis financiera.
Era un entorno social que le desdeñaba y ridiculizaba sin reconocer los avances en sus políticas de igualdad, la tolerancia ejemplar ante las críticas, la trascendencia del final del terrorismo o el sacrificio personal de la política de ajustes que evitó la humillación de un rescate como el de Portugal o Grecia.
Al mismo tiempo, la derrota de Rubalcaba en las generales, el fracaso de su protegida y heredera ideológica Carme Chacón en la pugna por el liderazgo en el congreso de Sevilla y su pronto fallecimiento, le desconectaron de la cúpula del PSOE. Por dos veces —en el 14 y el 17— se movió en la sombra para cerrarle el paso a Sánchez y por dos veces fracasó.
Zapatero se sentía injustamente tratado por la España conservadora que se fijaba en el lado negativo de su gestión.
En el momento del triunfo de la moción de censura, Sánchez ya detestaba a González, pero a Zapatero ni siquiera le prestaba esa atención.
De repente el hombre que había reinventado la izquierda a través del feminismo, las energías renovables y la alianza de civilizaciones, se convirtió en un barco sin amarres. O lo que es lo mismo en un personaje, tan afable como triste, en busca no ya de autor, sino de un simple escenario en el que representar alguna función.
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Eso es lo que encontró en Venezuela cuando, con el apoyo de un grupo de líderes iberoamericanos, comenzó a ejercer hace doce años como mediador entre el Gobierno de Maduro y la oposición democrática, en sus negociaciones de Caracas y República Dominicana.
Con el fracaso de ese proceso de diálogo comienza el primero de los dos grandes deslizamientos que han desembocado en este desastre. Paulatinamente, viaje a viaje, Zapatero empieza a convertirse en un agente del régimen de Maduro, sobre el que pretende influir para que se democratice.
Es la tentación de Siracusa. Le pasa lo mismo que a Platón con el tirano Dionisio en la etapa en que justifica sus abusos, alentando en vano la esperanza de que cambie. Muchos pensamos que pecaba de iluso y soñaba con el Nobel de la Paz.
Al mismo tiempo su radicalización ideológica iba haciéndose patente. Al principio de forma reactiva y en paralelo a la propia polarización de la sociedad española. Con la singularidad de que siempre decía que éramos los otros quienes nos "derechizábamos".
Luego, con conexiones muy patentes con el llamado Grupo de Puebla en América Latina y con Podemos, Bildu o Esquerra en España. Las cunetas de la Guerra Civil —pero sólo las de un bando— comenzaron a formar parte de sus obsesiones.
Al cabo de ese proceso, el otrora apóstol de la transversalidad, las instituciones 'contra mayoritarias', la contención en el ejercicio del poder o el republicanismo cívico; el gobernante que decía que "bajar impuestos es de izquierdas", hablaba de liberalizar el mercado de trabajo y planteaba el límite de ocho años en la Moncloa, pasaba a convertirse en paladín, ideólogo y anclaje moral del sanchismo.
Era como si hubiera abrazado el "no es no" de forma retrospectiva y con la furia del converso. Entró en una fase en la que creía que la fuente de todos los males de España, desde la Segunda República a nuestros días, era el supuesto carácter antidemocrático de una derecha que nunca aceptaba perder el poder en las urnas.
Paulatinamente, viaje a viaje, Zapatero empieza a convertirse en un agente del régimen de Maduro, sobre el que pretende influir para que se democratice.
Esa premisa le llevó a justificar en 2020 el "pacto del insomnio", incluidas la ley del 'sólo es sí' y la ley trans. Y en 2023, el trueque de la investidura por la amnistía. Todo se justificaba por la superioridad moral de la izquierda, la necesidad de parar a la ultraderecha y la urgencia por poner coto al capitalismo salvaje liderado por los Estados Unidos.
Su apoteosis llegó con la dulce derrota en las improvisadas generales de julio del 23, tras una campaña en la que se había soltado la melena como mitinero. El 'hacer de la necesidad virtud' de Sánchez precisaba de una estrategia negociadora y de una coartada ideológica. Zapatero proporcionó a Sánchez ambas.
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¿Acaso no había aceptado él negociar con ETA, en Suiza, con mediadores internacionales? ¿Acaso no había sido él quien había dado el primer bocado al orden constitucional proclamando desde la Moncloa que "el concepto de nación" era algo "discutido y discutible"?
Por eso fue desde el principio el cerebro de la negociación con Puigdemont, aunque no tuviera que dar la cara hasta la detención de Santos Cerdán. Si para la izquierda Sánchez ya era el Mesías que les había conducido y sostenido en la Tierra Prometida del poder, Zapatero se había convertido en su 'Profeta'.
Eran los días en los que decenas de socialistas de la alta burguesía, levantando con una mano el puño y sujetando con la otra la cartera, le aclamaban en sus celebraciones como si se tratara de una estrella de rock.
Zapatero llevaba ya unos años rodeado de altos ejecutivos de grandes compañías públicas o reguladas y conglomerados mediáticos afines al PSOE cuya prosperidad, con salarios y bonos de siete cifras, acababa de contribuir a prolongar al menos otra legislatura.
Con ellos había entendido que el "pecunia non olet" también podía ser un principio socialista. Con tal de que se orientara a combatir a la derecha. Ignorando, por cierto, la advertencia borgiana de que "hay que elegir bien los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos".
En ese hábitat irrumpió 'Julito', un modesto empresario de provincias, pletórico de buena disposición. Si hay una línea certera, o más bien inmarcesible, en el auto del juez es la que recoge la conversación en la que el CEO de Plus Ultra Roberto Roselli se refiere a 'Julito' como el "lacayo" de Zapatero.
Eso es lo que era: el chófer a cualquier hora, el asistente diligente, el hombre para todo, el 'pagafantas' del menudeo, el 'Pascual criado leal' del que se hacía escarnio un día sí y otro también en el entorno de Zapatero. Pronto sabremos si es que tenía pocas luces o lo aparentaba como en "Yo, Claudio".
Cosas más raras hemos visto, pero pensar que 'Julito' montó el tinglado de Análisis Relevante por su cuenta, utilizando el nombre de Zapatero en vano, requiere grandes dosis de imaginación. Quienes se aferran a esa tesis y alegan con razón que el auto no describe presiones directas del expresidente ante ningún funcionario soslayan indicios tan poderosos como la conversación de "once minutos" de Zapatero con el presidente de Plus Ultra, la carta al Santander en la que se pide un crédito en su nombre -ningún banco deja de comprobar si algo así es cierto- o las múltiples gestiones de su fiel secretaria 'Gertru'.
Y sobre todo que el caudal de lo recaudado con Plus Ultra y otras empresas que representaban oscuros intereses venezolanos no sólo recalaba en el expresidente en calidad de consultor sino también en la empresa de sus hijas.
Esto es lo más desconcertante de todo. Si en algo se había esforzado Zapatero durante su vida pública era en mantener a sus hijas al margen.
Ellas habían creado una agencia de servicios digitales que se había hecho viable, vendiéndonos a medios de muy distinta orientación videos sobre series, películas y nutrición a 200 euros la pieza. ¿Qué necesidad tenía de meterlas en esa cadena que cuando menos reunía todos los ingredientes para convertirse en piedra de escándalo?
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Todo indica que Análisis Relevante nació entre vacilaciones y balbuceos, con cambios no sólo accionariales sino de objetivos y estrategia. Mi tesis es que Zapatero no quería ser un burdo comisionista como Ábalos sino más bien un lobista al estilo de su amigo y colaborador Pepiño Blanco, pero sin tener que dar la cara formalmente para ello.
Por eso, en vez de un negocio como Acento, éticamente objetable pero legalmente blindado, montó una "boutique" con el escaparate de Análisis Relevante. La "boutique": así es como, según el juez, se referían a la trama sus propios clientes.
Algo más sutil y refinado que una lonja de compraventa. Algo sofisticado y evanescente, con una oferta refinada y exclusiva, compatible con el activismo político y la fe en el socialismo.
Por algo se habla de la "gauche caviar". Que tu mano izquierda no sepa cuánto, cuándo y cómo recoge la derecha, según los perfiles de los grabados egipcios. O al menos que pueda fingir no saberlo.
La parte a la vez más oscura e inquietante del auto de Calama es aquella que presenta a la "Oficina del presidente Zapatero", con 'Gertru' al frente, como una especie de fielato para la compra de crudo venezolano por empresas suizas y chinas.
La siguiente tentación era enlazar la actividad de la "boutique" con las oportunidades que empezaron a rodear a Zapatero en Venezuela. Si en España las ventas se medían en cientos de miles, en la dictadura petrolífera de Maduro había que hablar ya de millones de barriles.
La parte a la vez más oscura e inquietante del auto de Calama es aquella que presenta a la "Oficina del presidente Zapatero", con 'Gertru' al frente, como una especie de fielato para la compra de crudo venezolano por empresas suizas y chinas.
El documento de la empresa de materias primas del Partido Comunista Chino que reproducimos hoy es muy impresionante. Puede que esa ‘Letter of Intention’ se perdiera luego en un laberinto etéreo como el del espía Yu Tsun, o que sea el hilo que conduzca al ovillo de la financiación ilegal del PSOE y la Internacional Socialista. Porque si Zapatero se llevó algo al bolsillo en esas ‘operaciones de Estado’, seguro que derivaría mucho más al del partido.
A este respecto hay dos elementos imposibles de soslayar. El primero, el ominoso silencio de Zapatero tras la usurpación del poder por Maduro cuando fue derrotado en las urnas el 28 de julio del 24. Ahí se le terminó de caer la careta de mediador.
El segundo, su escapismo cuando se le ha preguntado por la presunta muerte del turbio Francisco Flores, vinculado a la vez con el sobre marrón de Aldama y con una de las empresas que pagaban a Análisis Relevante.
De ahí podría llegar el interés norteamericano en el caso, pues Flores era el eslabón clave de una cadena que unía una modesta gestoría del barrio de Hortaleza con el principal testaferro de Maduro, Alex Saab, extraditado por segunda vez a Estados Unidos.
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Mi tesis es que en el "Jardín de los Senderos que se Bifurcan", en el que se van trenzando todas nuestras biografías, hay encrucijadas en las que es imposible conciliar la conciencia y la conveniencia sin que alguien se convierta en rehén de sus autoengaños.
El auto del juez Calama sugiere que Zapatero lleva años saltándose ese semáforo en una acelerada huida hacia delante, en la que la radicalización política dentro de su secta, en el eje Caracas-Pekín, le habría servido, presuntamente, de coartada y tapadera para el enriquecimiento ilícito a través de su "boutique".
Ahora estaríamos al final de su escapada. Porque, como escribe Borges en ese cuento que tanto le fascina, "cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que un hombre sabe para siempre quién es".
El "momento" de José Luis Rodríguez Zapatero, nieto del capitán Lozano, esposo de Sonsoles, padre de Laura y Alba, llegará el 2 de junio cuando acompañado de abogado responda a las imputaciones del juez Calama. O cualquier otro día, anterior o más bien posterior, en el que decida contarnos su verdad, toda su verdad y nada más que su verdad.