Ya sólo le faltaba tener que almorzar el sábado con los 84 folios mediante los que el juez Peinado sienta a Begoña ante un jurado popular.

Después del vapuleo recibido en Bruselas, de los apretones de sus socios que le han obligado a comprometerse a recortar seis meses la legislatura y del marrón de las joyas de Zapatero, Sánchez está a un paso de convertirse en el primer gobernante de la historia que verá juzgar a su mujer por cuatro graves delitos.

No es difícil imaginar la dimensión de su cólera al toparse con este auto que machaconamente argumenta que Begoña incurrió en conductas penadas con entre dos y dieciséis años de cárcel, "prevaliéndose de su relación" con él.

Pero al margen de que las innecesarias medidas cautelares, acordadas por Peinado con argumentos extravagantes, den alas a quienes denuncian su animadversión como instructor, los indicios acumulados contra la investigada son demoledores.

Veremos si finalmente cometió esos delitos, pero su conducta al convocar al rector a Moncloa para crear la cátedra, favorecer a Barrabés con cartas de recomendación para retribuir su ayuda, recabar patrocinios a empresas reguladas, utilizar constantemente a una funcionaria como adjunta a sus negocios y apropiarse mediante el truco del "gemelo digital" del software de la Complutense produce un sonrojo infinito.

Casi podríamos decir que Sánchez se lo veía venir y que se ha entrenado con Zapatero para acostumbrarse a defender lo indefendible. Porque en el fondo se trata de dos historias paralelas. O más bien de tres si incluimos la del propio presidente.

Esto no va de ideologías. Ni de jueces, fiscales, policías y periodistas. Ni siquiera de los delitos y las penas, sino de los límites del poder. De la ética de la democracia. Sobre eso habrá que pronunciarse como muy tarde en febrero o marzo.

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Después de unos años en los que Zapatero se había erigido en paladín de Sánchez en defensa de la amnistía, las concesiones a Bildu y a Podemos o la negociación en Suiza con Puigdemont, esta semana se han invertido las tornas.

Y en términos infamantes para ambos.

Porque lo que ha hecho Sánchez es erigirse en paladín de Zapatero para justificar que se hubiera o hubiese apropiado de regalos de Estado valorados en al menos 1,3 millones de euros, incurriendo por ende en un delito fiscal.

Lo pongo en condicional porque Sánchez ha dado por buena la 'versión saudí' atribuida al "entorno de Zapatero" en un programa de TVE. Algo muy significativo pues implícitamente reconocía así que la televisión pública había ejercido de sincronizado altavoz de ambos.

Sánchez y Zapatero al final de la escapada.

Sánchez y Zapatero al final de la escapada. Javier Muñoz.

Como según Sánchez, hablan "todos los días", es lógico que primero se pusieran de acuerdo sobre lo que había que decir, luego eligieran el cómo y el dónde y por fin pactaran su justificación.

Desde luego algo había que decir sobre las joyas tras el silencio sepulcral del expresidente ante el juez. Y hay que reconocer que, de cara al proceso penal, esta última coartada que se les ha ocurrido está mucho mejor urdida que las patéticas mentiras anteriores sobre la "herencia de la abuela".

Como si de un cuento árabe se tratara, el nuevo relato enmarca la entrega de los collares de diamantes y zafiros en la visita que el rey saudí Abdalá bin Abdulaziz realizó a España en 2007.

Él nunca podrá desmentirlo porque lleva once años en la Jannah o paraíso de los musulmanes en compañía de Alá. O al menos eso es lo que le deseamos.

Y, dadas las conexiones tanto de Zapatero como de Sánchez con el benéfico régimen descuartizador de Riad, incluso es posible que, a base de buscarlo con empeño, termine apareciendo algún documento que acredite el regalo.

Eso neutralizaría la imputación del delito de contrabando y bloquearía por prescripción el de evasión fiscal. Pero a cambio agrandaría el escándalo sobre la conducta ética de Zapatero.

En ese flanco es en el que Sánchez ha tratado de amortiguar el golpe con argumentos muy parecidos a los que ya manejó el exministro Miguel Sebastián con el consabido efecto bumerán. Sólo que esta vez es el presidente del Gobierno quien confusamente los esgrime, soslayando el olvido tributario en plena declaración de la renta.

Yo tengo que pagar por mis derechos de autor, pero Zapatero no por sus collares.

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Sostiene Sánchez que "todos los presidentes del Gobierno hemos recibido regalos", sugiriendo que eso implicaba el derecho a disponer libremente de ellos. A pesar de reconocer que "evidentemente se hacen por la representación institucional y el reconocimiento a la amistad que tiene ese país con España".

Pero también sostiene Sánchez que existe una zona de sombra que ampararía algo parecido a la amnesia en la que habría quedado sumido Zapatero: "Algunos regalos no sé ni cuáles son porque son cosas que no se dan cuando uno está bilateralmente con el líder de ese país".

Esa fue la versión del jueves. La del viernes incorporaba la variante de que "cuando uno viaja al extranjero recibe regalos de los que no tiene constancia hasta que regresa a Madrid".

Eso trasladaría el momento del regalo a 2009, que es cuando Zapatero visitó al rey Abdalá en Yeda y reabriría la cuestión de cómo entraron los collares de zafiros y diamantes en España sin que fuera contrabando.

Ambas variantes coinciden en que las joyas no se habrían entregado en mano y en que el regalado podía "no tener constancia" de su valor. Es como si las joyas hubieran tenido vida propia y libertad de movimientos sin demasiado control ni por parte del donante ni del receptor.

Bonito cuento de las mil y una noches.

Para lo que Sánchez no tiene explicación, claro está, es para la decisión de las joyas de introducirse en una caja fuerte instalada casi veinte años después por Zapatero en un inmueble propiedad del PSOE en la calle Ferraz. Alguien tendría que haberles dado la combinación con la que entraron.

Es como si las joyas hubieran tenido vida propia y libertad de movimientos sin demasiado control ni por parte del donante ni del receptor. Bonito cuento de las mil y una noches.

Como seguro que no fue cosa de 'Gertru', Sánchez ha emprendido un grotesco blanqueo retrospectivo.

Y al hacerlo en dos tiempos, con la resaca de un Consejo Europeo en el que le zurraron la badana de por medioo, ha incurrido en un cuádruple patinazo que indica que tiene un chicle pegado en el zapato y cuanto más intenta quitárselo más se pringa.

"Afortunadamente, la España de 2007 no es la de 2026, ni la legislación de hoy es la de 2007", dijo el jueves. "Hay que reconocer a Zapatero el mérito de haber impulsado a partir de 2008 la Ley de Buen Gobierno, aprobada por una mayoría parlamentaria progresista", añadió el viernes.

Se ve que tras la tunda que le dieron la socialdemócrata Frederiksen, el democristiano Merz y la conservadora Meloni a costa de la regularización masiva de inmigrantes, el presidente había dormido poco y mal.

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En primer lugar, cuando Abdula visitó España en junio de 2007, Zapatero ya llevaba más de tres años en el poder, con plena capacidad de obrar y legislar.

En segundo lugar, desde enero de 2005 estaba en vigor un Código de Buen Gobierno, publicado en el BOE, que prohibía a los miembros del ejecutivo y por ende al presidente, aceptar cualquier regalo que "vaya más allá de los usos sociales y de cortesía".

En tercer lugar, de esa "ley de 2008, aprobada por una mayoría parlamentaria progresista" no hay el menor rastro en el Diario de Sesiones del Congreso porque nunca existió.

En cuarto lugar, no fue ningún gobierno socialista, sino el de Rajoy, el que en 2013 elevó a rango de ley el Código de Buen Gobierno y el que en 2015 reformó el Código Penal para poder condenar por cohecho a quien se quedara en una caja fuerte regalos destinados al Patrimonio Nacional.

Pero al margen de que la memoria de Sánchez empiece a resultar tan delicuescente como su palabra, si esta es finalmente su versión de los hechos, a Zapatero no le quedará más escapatoria que reconocer que 'cambió de opinión' sobre la procedencia de guardarse los regalos, cuando el beneficiario resultó ser él.

De igual manera que Sánchez lo ha hecho sobre la amnistía que jamás aceptaría o sobre los herederos de ETA con los que nunca pactaría. He ahí lo que les hermana.

El miércoles Zapatero acabó con el mito de 'ZP' —aquel político idealista, para muchos equivocado pero íntegro— al no ser capaz de ofrecer explicaciones legales sobre su enriquecimiento y abocar así a sus propias hijas a la imputación.

Sánchez no sólo ha dado a entender que están en el mismo barco, sino que Zapatero y él siempre han sido iguales. Dispuestos ambos a 'hacer de la necesidad virtud' en nombre del socialismo.

Pero el jueves y el viernes le ha pasado todavía algo peor, al recibir por dos veces el abrazo del oso del autócrata de la Moncloa.

El abrazo emponzoñado de un oso malherido y ya tambaleante. Sánchez no sólo ha dado a entender que están en el mismo barco, sino que Zapatero y él siempre han sido iguales. Dispuestos ambos a 'hacer de la necesidad virtud' en nombre del socialismo.

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Por mucho que algunos tengamos que caernos del guindo, lo sucedido en España en los últimos años certifica esa equiparación.

Cuestión distinta es cuándo empezó Zapatero a corromperse. La justicia lo determinará, caso de llegar a esa conclusión penal. Pero si el baremo es el de la ética política, hay que reconocer que hace tiempo que se apartó de sus principios al convertirse en cómplice de los abusos y la deriva despótica de Sánchez.

Aunque en el Congreso de Sevilla reclamara "contención" a María Jesús Montero, Zapatero nunca ha alzado la voz ni contra los ataques a la prensa crítica, ni contra la colonización de las instituciones, ni contra la contumacia en gobernar sin presupuestos, ni contra la falta de diálogo con la oposición, ni contra la guerra sucia frente a policías, jueces y fiscales.

Es el mismo reproche que podría hacerse a ministros como Margarita Robles o Félix Bolaños, con la diferencia de que Zapatero no está bajo la autoridad de Sánchez.

Su forma de gobernar fue muy distinta. Pero la realidad es que, mientras ahora callaba sobre todo esto, a la vez se prestaba a allanar el camino a Sánchez con los separatistas vascos y catalanes o las dictaduras venezolana y china.

Algunos ingenuos pensábamos que perseguía el Nobel de la Paz, pero las averiguaciones y deducciones de la UCO, la Fiscalía Anticorrupción y el juez Calama nos están abriendo los ojos sobre lo que era un tinglado tan lucrativo como presuntamente criminal.

En Calama parece haber encontrado el expresidente la horma de su zapato. Un juez cordial, dialogante y hasta dicharachero. Un juez 'zapaterista', como diría él.

Pero más le hubiera valido que le hubiera retirado el pasaporte como a Begoña sin hacer algunas de las incisivas observaciones que constan en la transcripción de su interrogatorio.

Expresiones como "eso suena a dinámica de blanqueo", "el dato mata al relato" o "eso lo hacemos nosotros motu proprio", refiriéndose a cobrar por informes orales sin contrato, a que quien se quedaba el dinero era Zapatero y a la irrelevancia de su 'autorización' para investigarle en el extranjero, le hicieron más daño que cualquier medida cautelar.

Al final lo que destroza la credibilidad de Zapatero es la inverosimilitud de una teoría alternativa sobre el rescate de Plus Ultra. ¿Por qué iban a pagarle los dueños de la aerolínea a 'Julito' Martínez, si no tuvieran constancia de que el expresidente estaba detrás de esas gestiones que concluyeron con tan inmerecido premio gordo?

Zapatero sólo ha reconocido lo único que no tiene visos delictivos: la llamada a un alto cargo del Santander para que recibiera a quienes acababan de pedirle un crédito, alegando que seguían indicaciones suyas.

Sí, fue una mera gestión entre particulares. Pero demuestra que los directivos de Plus Ultra, Martínez Sola y Roselli, que habían firmado la carta, no habían utilizado su influyente nombre en vano y que Zapatero tenía una motivación para ayudarles.

Al final lo que destroza la credibilidad de Zapatero es la inverosimilitud de una teoría alternativa sobre el rescate de Plus Ultra.

No es baladí que Martínez Sola fuera quien se sincerara ante su accionista y consejero Rodolfo Reyes con la frase más emblemática del sumario: "Vamos a follar, aunque sea pagando un poquitín". ¿Cuánto les costó la llamada de Zapatero al banco?

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"Nuestro pana Zapatero" es rehén de su ascendencia imprescindible para los fines de la trama, igual que el "señor X" lo fue para que actuara el GAL, igual que sin "M. Rajoy" no habría funcionado la Gürtel e igual que sin el "One" y su visir Santos Cerdán no se le habrían abierto las puertas a la 'fontanera'.

Es verdad que a Zapatero sólo le quedaba la "auctoritas"; pero la "potestas" se le suponía, toda vez que Sánchez recurría a él cada vez que necesitaba calentar a sus bases o enfriar a sus aliados.

Si Rubalcaba hubiera podido ver la situación en la que se encuentran tanto su antecesor como su sucesor en el liderazgo del PSOE, sin duda habría pensado que unos llevan la fama y otros cardan la lana.

Tanto Zapatero como Sánchez encarnaron proyectos audaces de transformación del socialismo. Ahora aparecen uncidos en el mismo yugo de un horizonte penal oscuro en el que han quedado atrapadas las hijas del uno y la esposa del otro.

La novedad de esta semana es que ya forman un tándem indisoluble. Sánchez rompió enseguida amarras con Ábalos y un poco más tarde con Cerdán, pero no lo ha hecho con Zapatero pese a lo aparatoso del asunto de las joyas. ¿Será por lo que le debe o por lo que le teme?

Tanto la opinión pública como la mayoría parlamentaria ya saben que si quieren pasar página tendrán que barrerles juntos.

Ellos se baten en retirada invocando el talismán del socialismo y buscando como buenos ateos la bendición papal. "Si tienen alguna duda que hablen con el Vaticano", dijo este viernes Sánchez en Bruselas, desafiando a los demás miembros de la UE en materia de inmigración.

Pero el tiempo se les acaba. Están ya al final de la escapada, perseguidos por la Policía, la Guardia Civil, la fiscalía anticorrupción, los jueces y la prensa. Les quedan los fanáticos bien remunerados de los medios públicos y concertados. También el BOE, el CIS y la Ley de Nietos que pronto fabricará veinte mil nuevos votantes al mes.

Por eso a Sánchez le habría gustado llegar a julio del 27, pero ya admite que baraja ir a las urnas a comienzos de año. Algo que hoy por hoy se asemeja, según los sondeos, al muro del pelotón de fusilamiento.

Cuidado con las últimas balas que les quedan porque pueden ser de fragmentación. De momento, cada día que pasa Zapatero y él se asemejan más a Butch Cassidy y el Sundance Kid, cercados por el ejército boliviano en la escena final de "Dos hombres y un destino".

Desde 2011 no había tenido peores expectativas el PSOE. Fue cuando usé esa misma comparación cinematográfica, aplicándosela a Zapatero y al propio Rubalcaba.

La diferencia es que entonces tras la muerte política a los líderes y sus familias no les quedaban cuentas pendientes con la justicia. Pase lo que pase en las urnas, Sánchez y Zapatero tienen en cambio años de pleitos y banquillos por delante. Ese es el nudo gordiano de la situación que les impide tirar la toalla.

De ahí que la última conversación de los dos pistoleros acorralados, según el guion de William Golding, cobre ahora mucha mayor relevancia. En este caso sus palabras podrían ser intercambiables.

Sánchez: Jamás supiste disparar. Ni siquiera al principio…

Zapatero: Y tú sólo sabes hablar.

Sánchez: Se me ocurre un sitio genial para ir.

Zapatero: Tus ideas geniales nos han traído hasta aquí. No quiero volver a oír una idea tuya más…

Sánchez: Australia.

Zapatero: ¿Esa es tu idea genial?

Sánchez: Y aún me quedan muchas más.

¿Quién ha dicho que esta crisis no tiene salida? ¿Por qué no Australia? Ah, que existe tratado de extradición…

Bueno, siendo creativos podría aplicárseles el ostracismo perpetuo en las antípodas como pena sustitutoria.