“¿Presiones? Con Óscar Puente no he tenido problemas. Con Nadia Calviño, sí” |Rafa Latorre en 'UHCL'

Opinión Una hora con Lorena

Rafa Latorre: “Presiones va a haber siempre. Es curioso: con Óscar Puente no he tenido problemas y con Nadia Calviño sí. Ella va por detrás. Ay, los tecnócratas”

"De ‘chao, pescao’, nada. Ni chao, ni pescao. Ayuso no puede contar qué ha pasado con ese piso".

"Pedro Sánchez tiene más poder que Florentino: en Moncloa entró un presidente de Telefónica y salió un jubilado".

"Me aborrece ese comunicador que te habla con cariño y muy lento, como Risto Mejide: igual es lo que su espectador se merece".

Publicada

21/09/2026

Cuaderno de bitácora (una conversación también es un viaje)

Le pregunto a Rafa Latorre que cuándo se siente libre, que cuándo se siente más él mismo. Me dice que le sucede a esas horas tan sordas en las que él se reinicia, de las cuatro a las seis de la mañana.

Me figuro el silencio eléctrico del mundo en esa franja y pienso que tiene sentido que sólo solos seamos libres.

Me divierte la idea de ese trabajo cerebral contracultural, medio clandestino, por la cosa de la madrugada. Hay algo desubicado y fascinante ahí, algo de esquirol que llega a la fábrica vacía o de niño raro que se presenta en la fiesta horas antes del cumpleaños. No queda claro nunca si es alguien perdido o alguien que sabe cosas que nosotros aún no.

El caso es que él se levanta y toma un café y luego coge el coche y huele a gasolina y a camisa planchada y se pone una lista de cuatro canciones que se ha hecho en Apple Music y que se llama Madrugada Trance. La he escuchado y casi me tengo que servir un cubata. Creo que he vuelto a fumar. Es sonido sintético de festival masivo, de venirte arriba, de comerte todo el pastel.

Rafa Latorre.

Rafa Latorre. Sara Fernández.

Everlasting y Set me free, de Armin van Buuren o The city sleeps tonight y Rest of our lives de Ben Gold. Es la música que escuchas cuando el mundo es tuyo o cuando está a punto de serlo.

Digamos que ésta es su propia versión de aquello que decía Woody Allen de que le daban ganas de invadir Polonia escuchando a Wagner.

Latorre edifica todos los días una atmósfera poderosa ya desde que atraviesa la ciudad en carretera hasta que llega al estudio para ponerse al frente del primer tramo de Más de Uno, en Onda Cero, en esa mañana bicéfala que comparte con Alsina.

Está claro que hay que echarle torería al asunto porque se trata de espabilar a España.

Todo interesa en esta extrañeza: hablamos de un hombre que se despierta cuando todo el mundo duerme, que al rato ve cómo el engranaje se inserta en él, no él en el engranaje, y luego se pasa las primeras horas del día hablándole a alguien sin cara. ¡Es un poema!

Algo de eso cuenta Latorre aquí, en esta charla, cuando le pregunto a quién se dirige ficcionalmente cuando hace radio, si a su madre o a su mejor amigo o a un señor de Burgos. Él dice que no piensa en nadie, que es un poco psicopatológico, que no tiene en mente a un oyente tipo. Que simplemente se entrega.

Rafa Latorre visita nuestro set.

Rafa Latorre visita nuestro set. Sara Fernández.

Será por eso que tantos oyentes le devuelven la confianza. Porque por esa confianza él lo da todo a fondo perdido. “¿Qué das tú?”, le digo. “Yo lo doy todo”.

La intimidad líquida (la que te entra por el oído y al final te ocupa, te toma) es una alquimia exigente.

Hay que estar dispuesto a pagar el precio y este tío lo está. Hay que estar dispuesto a volcarse pero también hay que poseer algo valioso que volcar.

A ver si al final Latorre va a ser un poco monomaníaco, como el capitán Ahab, el protagonista de Moby Dick, uno de los libros de su vida. A ver si aquí ese alguien sin cara es su terror blanco, su amor blanco, su blanca fascinación… no sé, eso misterioso que te lleva en volandas y te da propósito.

Rafa Latorre hace radio de autor para adultos, con todo lo que eso significa. Hay un poco de picardía aquí, una encantadora ironía saludable. El suyo es un escepticismo simpático que te hace de revulsivo, que te pone a tono. Una radio contra la pereza y la tristeza de vivir ensimismado, de ser solemne y autocomplaciente. La pugna es contra la inercia, contra la cursilería. Contra el meapilismo. De siempre, esas son cosas que te ponen feo.

De la radio de Latorre no sales cabreado. Él es todo lo contrario al furibundo y al agorero. Yo creo que de su radio sales más consciente, más inteligente, pero conservando el buen humor. ¿No es ese un equilibrio muy sofisticado? Latorre señala la grieta pero se lo pasa bien, que para eso estamos aquí abajo media hora.

Decía que piensa como un adulto pero a ratos se ríe como un chaval. Se ríe de verdad, como poca gente sabe reírse ya, y se pone hasta nervioso, azorado, de la gracia que le hace lo que sea. Esa tipología de su risa va con secuencia: primero se abruma un poco y luego se le distingue un diminuto destello gamberro. Acaba por ser la risa de un jugador.

En su carácter radiofónico está presente el prestigio intelectual del que duda de todo, pero esa vocación cerebral no prescinde jamás de la compasión. Usa esa palabra en esta entrevista. La compasión es fundamental, dice. Quizás sea su rasgo de izquierdas. Es curioso, porque un poco antes de eso ha hablado también del deseo de transmitirles a sus hijos que hay que vivir sin rencor. Esa es la línea de pensamiento.

No hace falta creer en dios para que el perdón, como invento, te apasione.

Yo creo que lo que pasa aquí es que a Rafa le gusta mucho la gente aunque sepa que hay que ser suspicaz con ella para que no te coman la tostada, para no caer en la bobería. Total: que en esa tensión se mueve, como uno de esos muelles de los relojes que él ama.

Latorre nos enseña su reloj y nos habla de su obsesión por este artefacto.

Latorre nos enseña su reloj y nos habla de su obsesión por este artefacto. Sara Fernández.

Convendremos esto por si al final no hay paraíso: en la vida es importante tener relojes hermosos y amigos, mirar el mar, comer carne roja y cabalgar el bogavante, como le decía siempre Raúl del Pozo en el chino del Palace (“una vez que te has subido en él, no hay que bajarse jamás”), y es importante la belleza en cuanto que es inútil y no se entiende pero resbala en uno, como una tarde de toros.

Pienso que Latorre es un hombre anfíbico en muchas cosas, un hombre dual. Está en el animal marino, en esa ballena gélida de las nubladas obsesiones viejas, y también en el terrestre del toro en la arena que pende del sol, de la carne, de la fiesta y de la tragedia.

Lo que late siempre de fondo es el sueño de la gesta, la pulsión de aventura. En las ondas y en la vida. Al servicio de narrar con gracia el mundo. Al servicio de cazar algo (la idea, la frase, el giro) que nos haga sentir que no estamos cayendo en picado hacia la muerte.

Durante la entrevista.

Durante la entrevista. Sara Fernández.