Alumnos utilizan herramientas digitales en un aula durante la jornada escolar.

Alumnos utilizan herramientas digitales en un aula durante la jornada escolar. Marta Fernández Europa Press

Observatorio de la Educación

Los alumnos de España usan más la IA que los de la OCDE pero tienen la peor preparación para utilizarla, según PISA

PISA revela un desfase entre el uso estudiantil de ChatGPT y la capacidad de los centros para integrar eficazmente las herramientas digitales.

Más información: Informe PISA: España saca los peores resultados de su historia en Ciencia, Lectura y 'Mates' tras la reforma educativa de Sánchez

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Las claves
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Los alumnos españoles usan la inteligencia artificial para tareas escolares con mayor frecuencia que la media de la OCDE y la UE.

A pesar del uso intensivo de IA, las escuelas españolas tienen la peor preparación digital entre los países comparados, según PISA 2025.

La falta de un marco pedagógico común provoca que la integración de la IA en las aulas avance más lento que su adopción por los estudiantes.

El uso de IA mejora las calificaciones en deberes, pero puede reducir el aprendizaje real si no se acompaña de buenas estrategias de evaluación.

Los alumnos españoles utilizan herramientas de inteligencia artificial para realizar tareas escolares con mayor frecuencia que la media de la OCDE y de la Unión Europea.

Sin embargo, la capacidad digital de los centros educativos se encuentra por debajo de ambos referentes internacionales. Una brecha que refleja que la adopción de la tecnología por parte de los adolescentes avanza más rápido que su integración pedagógica en las aulas.

Esta es una de las conclusiones que se desprenden del resumen ejecutivo de PISA 2025, que por primera vez ha preguntado a los estudiantes por el uso de chatbots basados en inteligencia artificial, como ChatGPT o Gemini.

La evaluación analiza con qué frecuencia recurren a estas herramientas para resumir textos, investigar un tema, elaborar trabajos escritos o ayudarse durante el aprendizaje.

Los resultados llegan en un momento especialmente delicado para el sistema educativo español. PISA, que evalúa las competencias de los alumnos de entre 15 y 16 años, ha situado a España en sus peores resultados históricos: 477 puntos en Ciencia, 451 en Lectura y 457 en Matemáticas. En esta edición participaron casi 30.000 estudiantes de 956 centros españoles.

La inteligencia artificial ya ocupa un espacio importante en sus rutinas. Para ayudarse en el aprendizaje, el 30,2% de los alumnos utiliza estos sistemas una o dos veces por semana y el 23,9% lo hace todos o casi todos los días. En total, más de la mitad —el 54,1%— recurre a ellos al menos semanalmente, frente al 45,5% de la OCDE y el 45,6% de la UE.

La diferencia también se observa en otros usos. El 41,8% de los estudiantes españoles emplea la IA semanal o diariamente para investigar un nuevo tema, frente al 31,2% de la OCDE y el 32,5% de la UE. Para resumir textos, los porcentajes son del 39,8%, el 29,7% y el 31,3%, respectivamente.

La elaboración de trabajos escritos es la finalidad menos habitual. Aun así, el 33% de los alumnos españoles lo hace al menos una vez por semana, por encima del 28,8% de la OCDE y del 30,1% de la UE.

Menor capacidad

El uso intensivo contrasta con la preparación de las escuelas. PISA construye un índice sobre su capacidad para mejorar la enseñanza mediante recursos digitales, elaborado a partir de las respuestas de los directores.

El indicador incluye las infraestructuras, los dispositivos, la formación del profesorado, el apoyo técnico y el tiempo disponible para planificar las clases.

España obtiene en este índice –0,30 puntos, frente a –0,03 de la OCDE y –0,10 de la UE.

Los responsables de los centros españoles muestran, por tanto, una percepción menos favorable de su capacidad digital. La situación también difiere según la titularidad: la escuela pública registra –0,44 puntos y la privada, 0,03.

Para Daniel González de Vega, creador de Monk, una herramienta que permite evaluar periódicamente la competencia matemática de los alumnos de Primaria, no se trata exactamente de una contradicción, sino de un "desfase".

"Los alumnos incorporan la tecnología mucho más rápido de lo que las instituciones educativas son capaces de establecer un marco pedagógico común para utilizarla", explica. Los estudiantes ya acceden a la IA fuera del colegio, mientras el sistema todavía intenta definir cómo debe emplearse dentro del aula.

En ausencia de un marco compartido, advierte, cada docente puede terminar aplicando su propio criterio y las familias tampoco saben con precisión qué usos son aceptables. La respuesta, sostiene, no pasa por impedir la utilización de estas herramientas, sino por determinar para qué deben emplearse y cómo se comprobará que el estudiante continúa aprendiendo.

González de Vega señala el caso de Singapur, donde, según explica, la alfabetización en IA se está incorporando progresivamente al currículo junto con la formación docente. Su estrategia de e-Pedagogy busca que la tecnología tenga un uso intencional y favorezca un aprendizaje activo y reflexivo.

Evaluar mejor

La formación del profesorado constituye uno de los grandes retos. "El reto no es solamente formar a los profesores para utilizar ChatGPT o Gemini. Es formarles para enseñar y evaluar en un mundo en el que esas herramientas existen", señala el creador de Monk.

Un docente puede dominar técnicamente una aplicación y continuar teniendo dificultades si mantiene un modelo de evaluación basado en trabajos que el alumno puede encargar a una máquina. Por eso, González de Vega reclama formación en transformación digital, pero también en diseño de tareas, evaluación y criterio pedagógico.

La pregunta decisiva, afirma, es quién realiza el esfuerzo mental. Si la IA entrega directamente una respuesta, completa el procedimiento o redacta el texto, puede mejorar el producto presentado sin mejorar necesariamente el aprendizaje. En cambio, puede contribuir a aprender si obliga al estudiante a intentarlo, le proporciona pistas, adapta la ayuda a sus errores y le exige justificar sus respuestas.

González de Vega cita una investigación recogida en una infografía de Monk y basada en 26.811 estudiantes para ilustrar esa tensión. Según explica, el uso de la IA mejoró un 18% las calificaciones de los deberes y redujo alrededor de un 30% el tiempo empleado.

Sin embargo, cuando los estudiantes afrontaron posteriormente exámenes sin ayuda, su rendimiento cayó aproximadamente un 20%.

"El mayor riesgo no es que el alumno copie un deber. Puede entregar un trabajo mucho mejor y mucho más rápido utilizando IA y, sin embargo, haber aprendido menos", advierte.

Frente a esa posibilidad, propone reforzar las evaluaciones activas y verificables: ejercicios realizados en clase, pequeños test periódicos, exposiciones orales, resolución de problemas nuevos y explicaciones sobre el proceso seguido para alcanzar una respuesta.

"La mejor defensa contra la IA que sustituye el aprendizaje es una buena evaluación del aprendizaje", resume. El desafío no consiste tanto en descubrir qué parte de un trabajo hizo una máquina como en crear suficientes momentos en los que el propio alumno deba demostrar qué sabe explicar, resolver y hacer sin ayuda.