Andy Burnham saluda a los laboristas ante un eslógan de esperanza de nuevo

Andy Burnham saluda a los laboristas ante un eslógan de "esperanza de nuevo" REUTERS/Phil Noble

Europa

Reino Unido ya no descarta dar marcha atrás al Brexit: la UE le abre la puerta a volver sin los privilegios que tenía antes

Condicionar su regreso a que acepten el espacio Schengen o el euro daría a Bruselas garantías de permanencia.

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P. Fava
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El primer ministro británico, Andy Burnham, considera la opción de que Reino Unido vuelva a la Unión Europea, reabriendo el debate sobre el Brexit.

Líderes europeos como Pedro Sánchez y Emmanuel Macron han dado la bienvenida a un posible regreso británico, pero advierten que no habría privilegios especiales como antes.

Las encuestas muestran que el 55% de los británicos apoyan volver a la UE, aunque el proceso de reincorporación sería largo y requeriría negociaciones y ratificación por todos los miembros.

Volver a la UE podría implicar para Reino Unido aceptar condiciones como el euro o Schengen, y probablemente requeriría un nuevo referéndum nacional.

Diez años después del Brexit que separó a Reino Unido de la Unión Europea, el primer ministro Andy Burnham ha anunciado que la posibilidad de reincorporarse a la UE será una de las propuestas que se explorarán a la hora de diseñar las nuevas relaciones entre Londres y el bloque comunitario para la próxima década.

"Todas las opciones" estarán sobre la mesa, adelantó Burnham ante la BBC, y en caso de que el reingreso sea lo elegido, estarían dispuestos a "llegar hasta el final". El primer ministro recalcó lo que ya había pronunciado el día anterior en la Conferencia del Partido Laborista: "El Brexit hizo más daño que bien".

Dos de los primeros mandatarios europeos en celebrar sus palabras han sido los presidentes de España y Francia, reunidos en Madrid. "El Brexit fue una enorme pérdida tanto para la población británica como para el conjunto del proyecto europeo. Si el Reino Unido tomara una decisión en ese sentido, España lo aplaudiría. Y abriría los brazos a un pueblo hermano", declaró Pedro Sánchez.

"Welcome back", saludó por su parte Emmanuel Macron. "Sería una muy buena noticia para el Reino Unido y para el resto de los europeos. Siempre nos han resultado útiles para simplificar las cosas, siendo exigentes, y seguimos manteniendo relaciones bilaterales en defensa, inmigración y estrategia".

Emmanuel Macron y Pedro Sánchez en el Palacio de la Moncloa.

Emmanuel Macron y Pedro Sánchez en el Palacio de la Moncloa. REUTERS/Juan Medina

"Creo que Andy Burnham acierta al atreverse y estaremos ahí para colaborar", ha proseguido el mandatario galo. Pero matizaba: "Vemos los límites para el Reino Unido cuando quiere relacionarse con nosotros. Y es que no se puede elegir. No se puede coger lo que te conviene y el resto no". Concluía su alocución, no obstante, con una invitación muy clara: "Volved".

La voluntad de Burnham para reabrir una cuestión que ya dividió profundamente al país hace una década viene impulsada por las encuestas. Según YouGov, un 55% de los encuestados este verano se mostraban a favor de volver a integrarse en la Unión Europea, frente a un 34% que seguía oponiéndose.

La opción de profundizar lazos con la UE sin volver a formar parte de ella y sin volver a reintegrarse en el mercado común o la unión aduanera concitaba hasta un 59% de apoyos. Bruselas, por su parte, ha señalado su intención de progresar con Londres en proyectos comunes de defensa y seguridad.

La sombra de Trump y Putin

La popularidad de Burnham, que ha logrado revitalizar a los laboristas tras el precipitado final del mandato de su predecesor Keir Starmer, puede no ser suficiente para alcanzar un consenso sobre una materia que divide todavía a los británicos.

El partido populista antiinmigración Reform UK, liderado por el gran abanderado del Brexit, Nigel Farage, espera volver a adelantar al laborismo en las encuestas con esta causa. "Andy Burnham no lleva ni cinco minutos como primer ministro y ya nos intenta colar de vuelta en Bruselas por la puerta de atrás", criticaba su portavoz Richard Tice.

"Reform UK no consentirá jamás que este desafío quede sin respuesta", clamaba. La posición de Burnham es más matizada: aunque ha confesado públicamente que desea ver a Reino Unido de vuelta en la UE "antes de morir", asegura que respeta el resultado del referéndum de 2016 que se decantó por el Brexit.

Andy Burnham y Donald Trump mantuvieron su primer encuentro en la Asamblea General de la ONU.

Andy Burnham y Donald Trump mantuvieron su primer encuentro en la Asamblea General de la ONU. REUTERS/Toby Melville

No obstante, la relación con la UE se presenta como una prioridad por dos factores: el aumento de la agresividad de Rusia en el mar del Norte, con aproximaciones hostiles y tránsitos de su 'flota fantasma' de petroleros opacos en aguas británicas, y la hostilidad de EEUU tras la renuncia a participar en la guerra contra Irán como exigía el presidente Donald Trump.

Además de insistir en que los países europeos se hagan cargo de su propia defensa, la administración Trump ha presionado a sus economías con distintas tandas de aranceles. Esto ha llevado a otras naciones a tratar de acercarse también a la UE aunque no formen parte de la órbita tradicional del continente, como Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

Se trata de naciones que siguen vinculadas a Reino Unido mediante la estructura de la Commonwealth, lo que coloca a Londres en una posición clave para estas nuevas asociaciones. El gobierno británico ya ha llamado a la puerta para participar en dos iniciativas europeas: el Programa de Inversión en Defensa y el proyecto manufacturero 'Made in Europe'.

¿Cómo podría volver a la UE?

Aunque los 27 siempre han mantenido públicamente una mano tendida al retorno de Reino Unido a la familia europea, no fueron pocos los estados que vieron el Brexit con cierto alivio.

Y es que las relaciones entre Londres y Bruselas han sido históricamente tormentosas, marcada por la exigencia de reconocer el excepcionalismo inglés.

En junio de 1984, durante la cumbre de Fontainebleau, Margaret Thatcher logró que se reconociera el "cheque británico", un descuento a su participación en el presupuesto comunitario en base a que apenas se beneficiaban de los subsidios a la agricultura.

Durante la negociación del Tratado de Maastricht, firmado en 1992 y que fundó la Unión Europea, el entonces primer ministro John Major consigue una excepción para quedarse fuera del euro. Originalmente la moneda común era un criterio de adhesión pero seis estados miembros mantienen aún su propia divisa.

David Cameron y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker: las dos caras del Brexit

David Cameron y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker: las dos caras del Brexit Etienne Ansotte/Comisión Europea

Finalmente, y bajo Tony Blair -el más europeísta de los últimos primeros ministros británicos-, Reino Unido tampoco entró en el espacio de libre circulación Schengen que estableció el Tratado de Ámsterdam de 1997. También se excluyó de tratados fundacionales como la Carta de Derechos Fundamentales firmada en Lisboa en 2007.

Todas estas cuestiones tendrían que volver a examinarse si el país solicitase reincorporarse a la Unión Europea, explica a The Paper Thomas Sampson, economista de la London School of Economics. Bruselas podría ofrecer a Reino Unido recuperar sus privilegios o forzar una nueva negociación desde cero.

Eso no sería el principal obstáculo, no obstante, prosigue el experto. Burnham podría verse obligado a comprometerse a entrar en el euro o en Schengen como garantía de permanencia a ojos de Bruselas, pero su implantación quedaría en manos de Londres. Eso permitiría a las autoridades prorrogarlo sine die a su conveniencia.

A continuación, si las conversaciones con la Comisión Europea fructificasen, la reincorporación debería ser aprobada por una mayoría del Parlamento Europeo. Y debería ser ratificada por la totalidad de los países miembros de la UE en el Consejo Europeo.

El plazo de negociaciones no tardaría menos de cuatro o cinco años, según los expertos, y la ratificación parlamentaria se prolongaría otros tantos. Esto implica que incluso en el mejor de los casos, el proceso de reunificación no llegaría antes de otros diez años, algo inasumible en la legislatura de Starmer, que irá a las urnas en 2029.

El primer ministro sí podría poner una nueva piedra en su mandato convocando un segundo referéndum. Aunque no está obligado legalmente, sí le dotaría de la legitimidad para tratar un nuevo acercamiento hacia Europa. Pero también corre el riesgo de reabrir la caja de Pandora que ha devorado siete primeros ministros en la última década.