El primer ministro británico, sir Keir Starmer, anuncia que dejará el cargo en septiembre.

El primer ministro británico, sir Keir Starmer, anuncia que dejará el cargo en septiembre. Jack Taylor Reuters.

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La caída de Keir Starmer, el líder gris que no cambió Reino Unido: de la mayoría absoluta al oprobio del 'caso Mandelson'

El hombre que condujo a los laboristas a un liderazgo aplastante en Westminster cede víctima de las carencias en su capacidad de liderazgo.

Más información: Starmer se rinde a la presión y anuncia que dimitirá en otoño para dar paso a Burnham al frente del laborismo.

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Las claves

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Keir Starmer anunció su dimisión como primer ministro británico tras dos años en el cargo, abriendo la carrera por el liderazgo laborista.

La presión interna aumentó tras el escándalo del cese del embajador Mandelson por su vinculación con el 'caso Epstein' y una oleada de dimisiones.

Starmer logró una histórica mayoría laborista en 2024, pero su mandato fue percibido como gris, sin avances significativos en economía, empleo o servicios públicos.

Andy Burnham, con amplia experiencia política, emerge como principal candidato para sucederlo y liderar al Partido Laborista hacia las próximas elecciones.

El primer ministro británico, Keir Starmer, anunció este lunes su decisión de renunciar al cargo. Se abre así oficialmente el proceso de sustitución que culminará en otoño con la elección de un nuevo líder del partido. Quien lo gane se convertirá en la sexta persona que ocupa el número 10 de Downing Street en siete años y la séptima en una década.

La presión sobre el primer ministro se había vuelto insostenible en los últimos meses. Sobre todo, desde la destitución del embajador en Estados Unidos, Peter Mandelson, por sus vínculos con el 'caso Epstein' y la cascada de ceses y dimisiones que siguieron.

La carrera política de Starmer ha sido corta, pero intensa. Se estrenó en 2015 al obtener un escaño en la Cámara de los Comunes. En julio de 2024, llegó al 10 de Downing Street con el apoyo de sus 412 parlamentarios, cerca del récord histórico de 418 escaños conseguido por Tony Blair en 1997.

Muchos se preguntaron cómo fue posible que un tecnócrata, metódico y testarudo, carente de carisma, lograra un triunfo tan sonado tras 14 años de dominio conservador. Aunque la cuestión es comprender qué ha pasado para que su proyecto se haya abandonado solo dos años después de iniciarlo.

Keir Starmer (Southwark, Londres, 1962) se crio en una familia obrera. Su padre trabajaba en una fábrica de herramientas. Tom Baldwin, periodista, escritor e influyente estratega del laborismo británico describe en su obra biográfica la difícil relación que mantenía de joven con su padre, un hombre frío y distante.

"En la casa había que comer en silencio para que él leyera el periódico", cuenta Baldwin. La televisión estuvo prohibida durante años y no se podía escuchar música pop.

El factor más determinante en la formación de su carácter fue la enfermedad de su madre. Padecía el 'síndrome de Still', una forma agresiva de artritis reumatoide. A lo largo de su vida, sufrió amputaciones, múltiples operaciones y vivió con dolor crónico constante. Los médicos le dijeron que nunca podría caminar ni tener familia.

Además de criar a sus cuatro hijos, ejerció como enfermera. Baldwin asegura que Starmer heredó la resiliencia y la perseverancia de su madre.

En su adolescencia, Starmer participó activamente en la política laborista. Con 16 años se afilió a las Juventudes Socialistas.

El joven abogado Keir Starmer, en una entrevista en televisión.

El joven abogado Keir Starmer, en una entrevista en televisión. Extraída de imágenes de TV. Evening Standard

Estudió Derecho en la Universidad de Leeds, donde se graduó en 1985. Poco después, obtuvo un posgrado en Oxford y una licenciatura en Derecho Civil.

Su carrera jurídica se desarrolló como experto en derecho penal aplicado al ámbito de los derechos humanos. En 1990 se incorporó a Doughty Street Chambers, una de las firmas de abogados especialistas más importantes del Reino Unido, reconocida por su enfoque en la defensa de los derechos humanos, las libertades civiles y la justicia social.

Participó en casos emblemáticos, como la defensa de los activistas de 'McLibel' contra McDonald’s. En el plano internacional, representó a Croacia ante la Corte Internacional de Justicia en un caso de genocidio contra Serbia.

En 2002 fue nombrado miembro del Consejo de la Reina. En julio de 2008 fue designado jefe de la Fiscalía de la Corona y director del Ministerio Público.

La carrera política

Starmer dio el salto a la política activa cuando contaba 52 años. En las elecciones generales de 2015 se presentó como candidato laborista por la circunscripción de Holborn y St. Pancras, feudo de la izquierda en el centro de Londres.

En aquella ocasión el Partido Conservador obtuvo la mayoría absoluta con 331 escaños y su candidato, James Cameron, gobernó en solitario. Los laboristas sufrieron un duro golpe: obtuvieron 232 asientos, 26 menos que en los anteriores comicios.

Eran los años en los que el Reino Unido estaba inmerso en el debate sobre el Brexit. Theresa May había sucedido a Cameron como primera ministra y decidió convocar elecciones para asegurar una mayoría sólida ante una situación tan trascendental para la nación.

Los liberales mejoraron algo sus resultados. Starmer repitió escaño y el nuevo líder laborista, el izquierdista radical Jeremy Corbyn, lo eligió como representante de su grupo parlamentario para examinar la propuesta del Gobierno.

Keir Starmer en Gales en 2019, preparando su candidatura para el liderazgo laborista.

Keir Starmer en Gales en 2019, preparando su candidatura para el liderazgo laborista. Shutterstock.

Con el tiempo, además de desempeñar su papel de analista jurídico, se convirtió en la figura clave en el giro laborista a favor de un segundo referéndum. Como todo el Reino Unido, el partido estaba dividido y Starmer comprendió que esa era su debilidad más notable.

La prueba llegó en las elecciones de 2019: Corbyn obtuvo el peor resultado laborista de los últimos 80 años. Starmer se presentó a las primarias del partido en 2020, ganando el liderazgo a sus rivales gracias a un 56,2 % de los apoyos.

La propuesta triunfadora prometía unidad y profesionalización. Su historial de éxitos jurídicos anticipaba resultados en la política nacional y su figura ya se presentaba como un futuro líder del partido.

Al comienzo de su carrera como portavoz de la oposición tuvo que adoptar un papel claro en la crisis de la Covid-19. El dramatismo de la situación permitió que el público perdonase su expresión acartonada y vacilante.

La situación no mejoró un año después, cuando pronunció su primer discurso presencial ante un congreso. Se mostró tedioso y poco inspirador. "Su estilo titubeante provocó tantos estallidos de aplausos del público que tardó 90 minutos en pronunciarlo", contó The Telegraph.

Los medios describieron el periodo tras su nombramiento como una "reconstrucción implacable" del Partido Laborista. Cambió las reglas internas, purgó gradualmente a las figuras afines a Corbyn y giró hacia el centro en los temas de economía y seguridad.

El lema de la campaña de 2024 fue Change (Cambio). Presentó a los laboristas como una fuerza de renovación que ofrecía estabilidad y "servicio público" para contrarrestar la fragmentación de la derecha y el amiguismo que afloró en los anteriores Gobiernos conservadores.

Starmer planteó una opción de centroizquierda pragmática, enfocada en el crecimiento económico, pero sin desatender las necesidades de los trabajadores. Prometió no subir los impuestos ni las cotizaciones de los trabajadores.

El plan funcionó. Los laboristas arrasaron en las urnas y consiguieron 412 escaños, alcanzando casi el récord histórico de 418 diputados obtenido por Tony Blair en 1997.

Keir Starmer recuperó la mayoría absoluta después de 14 años de sucesivos gobiernos conservadores gracias a una campaña de restauración del orden, la competencia y la estabilidad. La fragmentación de la derecha y las convulsiones producidas tras el brexit también jugaron un papel decisivo.

Un mandato breve

Los biógrafos dibujan a Starmer como una persona obsesionada con ganar. De joven lo apodaban 'superboy' por su espíritu competitivo. "Aún detesta perder en los partidos de fútbol que juega los fines de semana con los amigos", relata Baldwin.

No teme resolver los obstáculos que encuentra para alcanzar sus metas: no dudó en deshacerse de los miembros más izquierdistas que lo auparon a la cúspide, ni en marginar a su predecesor, Corbyn, cuando consideró que eso era lo necesario para llegar al poder.

Los que lo conocen dicen de él que es un trabajador infatigable y extremadamente meticuloso. Tom Baldwin relata una anécdota de cuando era un joven abogado: estaba tan concentrado estudiando expedientes en su habitación que "no se dio cuenta de que unos ladrones habían entrado a su casa" y se estaban llevando el televisor.

Es un hombre reservado y también desconfiado. Su núcleo cercano en Downing Street es muy reducido y muchos de los miembros de su grupo parlamentario se lamentan de que nunca consiguieron reunirse con él.

Su mandato no ha destacado por grandes logros; tampoco por sonados fracasos. La economía mantiene el objetivo de estabilidad fiscal, pero el crecimiento sigue siendo débil, la productividad no ha mejorado y el desempleo continúa creciendo hasta casi un 5 %.

Durante su campaña, Starmer puso mucho énfasis en mejorar el Servicio Nacional de Salud (NHS). Aunque se han reducido las listas de espera y se ha prometido la contratación de más personal, la situación actual está muy lejos de los objetivos. En política migratoria y orden público o vivienda tampoco se han alcanzado los objetivos propuestos.

Donde sí se le puede atribuir un éxito notable es en el proceso de desintoxicación de la política nacional tras los escándalos tories. Su objetivo de 'enfriar' la vida parlamentaria se ha alcanzado plenamente.

El primer ministro sir Keir Starmer con el embajador en EEUU, lord Peter Mandelson en una recepción en Washington.

El primer ministro sir Keir Starmer con el embajador en EEUU, lord Peter Mandelson en una recepción en Washington. Carl Court- Reuters.

Quizá demasiado, porque es precisamente esa frialdad la que se interpreta como la falta de liderazgo que lo ha arrastrado hasta el anuncio de su dimisión.

El acontecimiento que desencadenó la campaña de acoso fue el cese del embajador en Washington, lord Peter Mandelson, tras conocerse su vinculación con el 'caso Epstein'. El jefe de gabinete del primer ministro, Morgan McSweeney, renunció a su cargo en febrero cuando se conoció que había recomendado el nombramiento del embajador.

Sobre Downing Street se cernió la duda de si el primer ministro era conocedor de la situación cuando nombró al embajador. A partir del episodio, se desencadenó una cascada de ceses y dimisiones que han debilitado la posición de Starmer dentro de su partido y ha alentado la apertura de un proceso de sustitución interna en el que la elección de Andy Burnham como diputado ha sido el acontecimiento clave de las últimas semanas.

La crítica más repetida dentro de sus correligionarios es la de falta de liderazgo. "No tenemos claro hacia dónde vamos ni para qué estamos aquí", denunció a BBC un diputado laborista.

Otro aseguró que "No hay fuego ni pasión. No hay visión". Quienes lo defienden lo justifican explicando que no es buen comunicador y no es fácil entender lo fuertes que son sus convicciones y la pasión que hay detrás de su imagen gris.

El golpe final se asestó en mayo: Reform UK, el partido de ultraderecha de Nigel Farage, arrasó en las elecciones municipales y regionales, postergando a los laboristas a un segundo plano muy peligroso. Las elecciones generales se celebrarán en 2029 y el tiempo corre en contra del laborismo.

La mayoría parlamentaria del partido de Starmer es un activo valiosísimo que no se puede perder. Sus rivales son muy activos en las redes. Para combatirlos hace falta un liderazgo firme y pragmático, centrado en comprender los problemas del país y ofrecer soluciones frente al populismo y la fragmentación.

Andy Burnham representa esa imagen: larga trayectoria política y de gestión, logros contrastados y foco en la solución de problemas. El perfil gris y poco carismático del (todavía) primer ministro no asegura el triunfo dentro de tres años.

Al menos, Starmer ha escuchado las voces que le decían que quedarse perjudica a su partido y, por extensión, a su país. Es un buen ejemplo de que la prioridad nacional, el bien común, está por encima de cualquier consideración personal.