El primer ministro británico, Keir Starmer.

El primer ministro británico, Keir Starmer. Jack Taylor Reuters

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Starmer se resiste a caer en la trituradora del Brexit mientras Reino Unido se prepara para su séptimo 'premier' en 10 años

La crisis abierta en el Partido Laborista, entre dimisiones y candidaturas a la sucesión, pinta un futuro muy negro para el primer ministro pese a sus intentos desesperados de continuar en el cargo.

Más información: Más de 70 diputados laboristas y varios ministros piden la dimisión de Keir Starmer tras la debacle en las elecciones locales

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Las claves

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Keir Starmer enfrenta una grave crisis de liderazgo tras la dimisión de varios altos cargos y la presión interna para que abandone el cargo de primer ministro.

El Partido Laborista podría activar primarias, ya que más de 85 diputados han solicitado formalmente la marcha de Starmer, superando el umbral necesario.

Las encuestas muestran una fuerte impopularidad de Starmer y destacan a posibles sucesores como Angela Rayner y Andy Burnham por delante en preferencias.

El Reino Unido se prepara para su séptimo primer ministro en diez años, en un contexto de inestabilidad política y fragmentación del voto entre fuerzas nacionalpopulistas y nacionalistas.

El martes, mientras los costes de financiación del Estado británico subían a su nivel más alto desde 2008 y cuatro altos cargos del Gobierno presentaban su dimisión en cuestión de horas, Keir Starmer —abogado laborista de 62 años que llegó a Downing Street en julio de 2024 con la mayoría parlamentaria más amplia de su partido desde Tony Blair en 1997— insistía ante su Gabinete en que no iba a dimitir.

"El país confía en que sigamos gobernando y eso es lo que estoy haciendo", dijo.

Ahora bien, los estrategas del Deutsche Bank interpretan la subida del bono de deuda a treinta años —situado ya en el 5,67%— como una señal de que los inversores esperan un nuevo líder laborista… y además lo hacen con cierto recelo.

Starmer arrastra una valoración neta de -45% en las encuestas de YouGov. Cuatro de cada cinco británicos lo ven de manera desfavorable. Y, sin embargo, al menos de momento, ahí sigue.

La mecha la prendieron las elecciones locales del 8 de mayo: más de 1.400 concejales perdidos, el control de más de 30 ayuntamientos, un desastre en Gales donde gobernaban desde hacía décadas, y ningún avance en Escocia.

Los beneficiarios fueron Reform UK y los Verdes, lo que confirmó que el laborismo está perdiendo votantes tanto por la derecha como por la izquierda para desazón de sus representantes: el portal LabourList afirmó este martes que 85 diputados laboristas podrían pedir de inmediato la dimisión del primer ministro o "un calendario de transición ordenada antes de finales de 2026".

Entre ellos, está la ministra del Interior, Shabana Mahmood, quien, según el Daily Telegraph, pidió en primera persona a Starmer supervisar la transición de poder.

También están, lógicamente, los dimisionarios Miatta Fahnbulleh, vicesecretaria de Estado de Delegación, Fe y Comunidades; Jess Phillips, vicesecretaria de Estado de Protección y Salvaguardia; Alex Davies-Jones, la ministra galesa de Víctimas y Violencia contra las Mujeres, y Zubir Ahmed, secretario de Estado de Sanidad y aliado cercano de Wes Streeting, ministro del ramo y uno de los candidatos a suceder a Starmer.

Un hombre solo

Dicho esto, lo cierto es que la crisis tiene raíces más profundas. El laborismo lleva arrastrando desde principios de año el escándalo del nombramiento de Peter Mandelson —la mano derecha de Blair durante su ascenso a la fama en los años noventa— como embajador en Washington, retirado cuando se hizo pública su amistad con el empresario y pedófilo Jeffrey Epstein.

El veterano diputado por Manchester Graham Stringer, una de las voces más autorizadas del laborismo británico, cuestionó abiertamente el liderazgo de Starmer en Talk TV y añadió: "No creo que pueda presentarse a las próximas elecciones si el Partido Laborista quiere sobrevivir".

El argumento de Starmer para seguir en el puesto se puede resumir en una frase de su discurso del lunes ante la nación: "Lo que vimos con el último gobierno fue el caos de cambiar constantemente de líder, y eso le costó muchísimo a este país. Un gobierno laborista nunca sería perdonado por infligirle eso de nuevo a Reino Unido".

Es un argumento habitual entre los líderes que insisten en "sacrificarse" por su pueblo, pero que esta vez está basado en datos sólidos.

Desde la votación del referéndum del Brexit en junio de 2016, Reino Unido ha tenido seis primeros ministros: David Cameron, que convocó la votación y se fue al día siguiente de perderla; Theresa May, que intentó gestionar el Brexit tres años y acabó llorando en el atril; Boris Johnson, que ganó una mayoría aplastante en 2019 y fue derribado por su propio partido en 2022; Liz Truss, que duró 45 días; Rishi Sunak, que convocó elecciones anticipadas y las perdió por goleada; y el propio Starmer.

Su eventual sucesor sería el séptimo en una década.

Los laboristas, a un paso de solicitar primarias

Para calibrar la magnitud de ese dato basta con mirar a los vecinos.

En el mismo período, Francia ha tenido dos presidentes de la República: François Hollande y Emmanuel Macron. España ha tenido dos presidentes del Gobierno: Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. Italia, el país que los anglosajones citan como sinónimo de inestabilidad política, ha tenido cinco presidentes del Consejo en ese período —Paolo Gentiloni, Giuseppe Conte en dos etapas, Mario Draghi y Giorgia Meloni—, pero ninguno duró menos de un año completo.

El problema de Starmer es que su argumento no convence a nadie. Las reglas del Partido Laborista establecen que se necesitan las firmas del 20% de los diputados —en este caso, 81 de los 404 que tiene el partido en la Cámara de los Comunes— para activar unas primarias entre los afiliados para elegir un nuevo líder.

Si es cierto que son ya 85 los que piden la marcha del primer ministro, como informaron este martes varios medios británicos, el umbral estaría ya superado.

De activarse formalmente, Starmer estaría condenado a la derrota: según una encuesta de Survation para LabourList publicada en febrero, la ex viceprimera ministra Angela Rayner y el alcalde de Mánchester Andy Burnham están por delante en las preferencias de los votantes.

El analista Jordan Rochester, del grupo empresarial Mizuho, lo resumió para la cadena CNBC: "Si Starmer cae, hará historia. Ningún primer ministro laborista en el cargo ha sido desafiado formalmente ni destituido por su partido".

La viceprimera ministra británica, Angela Rayner, llega a una reunión de gabinete en Downing Street en Londres.

La viceprimera ministra británica, Angela Rayner, llega a una reunión de gabinete en Downing Street en Londres. Toby Melville Reuters

¿Y después de Starmer, qué?

Las opciones son tres y ninguna es fácil. La primera es la sustitución interna por un líder laborista. Los nombres que circulan son cuatro: Andy Burnham, de 56 años, alcalde del Gran Mánchester desde 2017 y exministro en los gobiernos de Blair y Gordon Brown, lidera todas las encuestas: el 34% de los británicos lo preferiría a Starmer y entre los afiliados laboristas tiene el respaldo del 55%, según YouGov.

El obstáculo es que no es diputado —fue bloqueado por la ejecutiva del partido para presentarse en unas elecciones parciales en enero— y necesitaría ganar un escaño en Westminster antes de poder aspirar al cargo.

El citado Wes Streeting no solo tiene una valoración neta de -22% entre el público, sino que su propio compañero de Gabinete, el ministro de Energía, Ed Miliband, ha asegurado que, si se presenta a unas elecciones para contestar el liderazgo de Starmer, él hará lo propio.

El problema para Miliband, exlíder del partido y dos veces derrotado por David Cameron en las elecciones legislativas, es que, por mucho que se postule como una figura de consenso, no deja de ser un nombre demasiado vinculado al pasado, incapaz de generar ninguna ilusión en el votante.

La segunda opción es convocar elecciones anticipadas.

Las encuestas muestran que Reform UK lidera la intención de voto a nivel nacional, aunque el sistema electoral británico mayoritario penaliza históricamente a los partidos sin tradición.

Un pacto entre Reform UK y los conservadores de Kemi Badenoch sería matemáticamente posible pero políticamente complicado; un acuerdo laborista-conservador de unidad nacional sería inédito, aunque tal vez necesario.

Un crédito dilapidado en menos de dos años

La tercera opción es la continuidad, pero los datos la hacen la más improbable.

Con su -45 % de valoración neta, Starmer es el líder más impopular de los encuestados por YouGov. Por eso, los mercados ya están descontando su salida. "Para muchos, es solo cuestión de con qué rapidez se produce la salida", insistió Jordan Rochester a la CNBC.

El precedente conservador también pesa: los tories gobernaron catorce años con relativa comodidad hasta que en las elecciones de julio de 2024 obtuvieron su peor resultado desde 1832. La continuidad de un líder impopular no sólo no repara el daño: lo acumula.

En julio de 2024, Starmer ganó 412 escaños con la promesa de una "nueva era de estabilidad nacional". Menos de dos años después, el país que prometió estabilizar vive en plena tensión entre los extremos del nacionalpopulismo de Nigel Farage y el nacionalismo escocés, galés e irlandés, en máximos históricos.

"No hemos visto el cambio que el país y yo esperábamos", dijo Jess Phillips al dimitir. "Starmer no ha sido suficientemente explícito sobre el cambio que esperan mis electores ", escribió la diputada Rachel Taylor en sus redes sociales.

Starmer prometió un "gran salto adelante" en la relación con Europa sin precisar cómo ni cuándo. Ganó las elecciones diciendo todo lo que los británicos querían escuchar. El problema es que luego no supo qué hacer con esa victoria.