Keir Starmer y su mujer acudiendo a un colegio electoral en Londres. Reuters
Las municipales en Reino Unido convierten a Farage en líder de la oposición mientras Starmer descarta dimitir
El laborismo se hunde en muchos de sus principales bastiones en Inglaterra y cede paso al avance de la ultraderecha.
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Las elecciones municipales en Inglaterra y autonómicas en Escocia y Gales han propiciado un nuevo golpe al premier británico Keir Starmer. El Partido Laborista ha sorteado la decisiva jornada electoral con una importante caída en el apoyo popular en algunos de sus tradicionales bastiones, confirmando el descontento de los votantes con el Gobierno y avivando las dudas sobre su futuro.
El gran triunfador del día ha sido el ultra Nigel Farage. Su partido, Reform UK, ha obtenido por el momento más de 400 escaños en los municipios ingleses -las encuestas le otorgan más de 1.400 asientos en los 136 consistorios en liza- y, a falta del recuento oficial, podría convertirse en la oposición en Escocia y Gales a las formaciones independentistas.
El mal resultado del Partido Laborista dispara aún más la presión sobre Starmer, cuyo liderazgo lleva semanas en entredicho por el escándalo del caso Mandelson. Él ha contestado asumiendo la responsabilidad pero descartando dimitir. "Eso llevaría al país al caos", se justifica. "Días como este no debilitan mi determinación de alcanzar el cambio que prometí".
El ultra Nigel Farage celebra los resultados en el municipio de Havering, en Londres. Reuters
La publicación de los primeros resultados evidencia la continua fragmentación del tradicional sistema bipartidista británico hacia un contexto multipartidista. Según algunos analistas, se trata de una de las mayores transformaciones de la política británica del último siglo.
Los otrora dominantes partidos Laborista y Conservador han perdido miles de votos en beneficio de Reform UK y los ecologistas de izquierda -los Verdes han logrado su primer puesto de alcalde en Londres, en el barrio de Hackney-, mientras que las formaciones nacionalistas se harán con el poder en Escocia y Gales.
Farage, líder populista de la ultraderecha, ha afirmado que los resultados hasta el momento superaban "con creces" sus expectativas y representaban "un cambio histórico en la política británica". El antiguo bróker y tertuliano, envalentonado por el recuento, ha proclamado que será el ganador de las elecciones generales de 2029.
Hasta el momento se ha escrutado poco más del 20% de los cerca de 5.000 escaños municipales en juego en Inglaterra y los resultados son elocuentes: el laborismo es el gran perdedor al dejarse en el camino 258 escaños, mientras que los tories salen apenas mejor parados al perder 158 asientos.
Reform UK gana hasta ahora 382 de los escaños en liza, cuando antes solo controlaba dos, confirmando así lo que presagiaban todos los sondeos preelectorales: que capitaliza el descontento de los británicos con el rumbo del país, ya sea por la inflación, los altos impuestos o la cuestión migratoria.
El hundimiento de los laboristas se materializa en la pérdida de algunos de sus históricos bastiones, como el consejo de Tameside en Greater Manchester, donde llevaban siendo la fuerza más votada durante casi 50 años y habían situado como cabeza de lista a la viceprimer ministra Angela Rayner; o en la cercana Wigan, donde han perdido sus 22 representantes.
Siendo los resultados municipales conocidos hasta ahora pésimos para el laborismo -y no mucho mejores para los conservadores-, lo peor está probablemente por venir: en Escocia y Gales, donde ha gobernado casi sin rivales durante dos largas décadas.