El canciller alemán, Friedrich Merz, durante su visita al Comando Operacional de las Fuerzas Armadas Alemanas, cerca de Berlín.

El canciller alemán, Friedrich Merz, durante su visita al Comando Operacional de las Fuerzas Armadas Alemanas, cerca de Berlín. Reuters

Europa

Alemania y Francia impulsan el 'E-6': una unión europea de la Defensa con España y las otras tres grandes economías

El ministro alemán de Economía, Lars Klingbeil, se reunió esta semana con sus homólogos de Francia, Polonia, España, Italia y Países Bajos para explorar la posibilidad de crear una vanguardia económica y militar que venza el bloqueo actual de Orbán y compañía.

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Alemania considera que la tendencia expansiva de la Unión Europea durante las últimas décadas se ha convertido, en última instancia, en un freno y un peligro para su condición de potencia mundial.

Poner de acuerdo a veintisiete países con sus veintisiete agendas es muy complicado, como se ha visto recientemente en los retrasos de envíos de armas a Ucrania o en la aprobación del acuerdo comercial con Mercosur.

Todo ello ralentiza a Europa cuando el resto del mundo vive en un frenesí continuo.

Una vez que la Administración Trump ha declarado la guerra comercial y política a la Unión Europea y sus valores de diversidad y entendimiento, ha llegado el momento, piensan en Berlín, de coger el toro por los cuernos.

Ya no se puede confiar en que Estados Unidos proteja al viejo continente ante las amenazas militares de Rusia, las comerciales de China o los diversos conflictos internos que puedan surgir.

De hecho, Washington se está volcando en el apoyo a partidos antieuropeístas, buscando así minar el proyecto europeo, como lo atestigua su memorándum de seguridad nacional.

Líderes como Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, o Robert Fico, primer ministro de Eslovaquia, parecen estar más cerca de las tesis autócratas de Donald Trump y Vladímir Putin que de los cimientos de la democracia liberal clásica.

Dentro del propio Parlamento, partidos como Patriotas por Europa, que incluye a la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, a la Liga Norte de Matteo Salvini, al Fidesz del mencionado Orbán o al español Vox, llevan tiempo intentando desmontar desde dentro el concepto mismo de una Unión Europea para volver a las fronteras cerradas y al "cada uno a lo suyo".

Divergencias en el gasto militar

En ese contexto hay que entender la videollamada que el ministro alemán de Economía, Lars Klingbeil, organizó el pasado miércoles con sus homólogos de Francia, Polonia, España, Italia y Países Bajos con el fin de crear un "núcleo central" que dé respuestas rápidas a los problemas actuales.

Los objetivos van desde lo económico —al fin y al cabo, se trata de las seis economías más potentes de la eurozona— hasta lo militar: hacer frente a los aranceles estadounidenses, buscar la manera de entenderse con China… y trabajar de una vez en una política de seguridad conjunta e independiente.

El objetivo de Klingbeil es alertar sobre la necesidad de explotar al máximo los minerales de tierras raras, tan en boga ahora mismo en la industria tecnológica, y ponerse de acuerdo en cuánto hay que gastar en defensa.

Aquí, obviamente, va a haber siempre un problema.

Francia y Alemania son muy conscientes de la necesidad de rearmarse. También parece que Giorgia Meloni va en ese sentido, con una participación activa en la OTAN.

Sin embargo, España siempre se ha mostrado más remolona a la hora de dedicar partidas al gasto militar.

Las razones son económicas —gastar en defensa, asegura el gobierno, limitaría el gasto social e incluso el mantenimiento de las pensiones—, pero también ideológicas.

El Gobierno de Pedro Sánchez arrastra el prurito antimilitarista de la izquierda española desde los años ochenta.

Sus desencuentros con Trump han sido sonados por negarse a elevar hasta el 5% del PIB el presupuesto de defensa. "No sé qué pasa con España, van por su cuenta", aseguró recientemente el magnate.

El presidente Pedro Sánchez conversa con el primer ministro polaco, Donald Tusk, durante la reunión de emergencia de líderes europeos sobre Ucrania en Luanda (Angola)

El presidente Pedro Sánchez conversa con el primer ministro polaco, Donald Tusk, durante la reunión de emergencia de líderes europeos sobre Ucrania en Luanda (Angola)

Polonia, clave

En el polo opuesto, nos encontramos con Polonia, cuya importancia dentro de la Unión Europea va a más y que, tras los años oscuros de los gobiernos de ultraderecha, parece haber renovado su compromiso con Bruselas gracias a Donald Tusk.

Tusk es un convencido de la necesidad de protegerse ante la amenaza rusa y ha invertido miles de millones de euros en reforzar un ejército que, ahora mismo, en número y armamento, puede ser el más poderoso dentro de Europa.

Polonia, precisamente, es también uno de los aliados clave para la iniciativa de inteligencia común propuesta por el nuevo gabinete de Gobierno neerlandés.

En octubre, dos agencias de inteligencia de este país anunciaron que dejarían de compartir determinada información con Estados Unidos, tanto por una cuestión de preocupación por los derechos humanos, como por la escasa confianza que provoca una prorrusa convencida como Tulsi Gabbard al frente de la Inteligencia Nacional norteamericana.

El objetivo es crear una coalición junto a Francia, el Reino Unido, Alemania, los países nórdicos y la citada Polonia. Una coalición que se asemeje a la llamada "cinco ojos", que forman Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

Como puede observarse, en este listado sí que falta España, siempre mirada con recelo desde La Haya.

El gran reto, sin duda, será desarrollar estas vanguardias sin que el resto de los países europeos se sientan ninguneados y las decisiones obtengan el mayor respaldo posible. No tiene pinta de que vaya a ser fácil.