El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, visita este martes las nuevas fortificaciones de Járkov.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, visita este martes las nuevas fortificaciones de Járkov. Reuters

Europa

La nueva batalla decisiva del Donbás: Ucrania debe defender Chasiv Yar si no quiere perder Donetsk

Chasiv Yar, al este del país, sirve de enlace con ciudades clave como Sloviansk y Kramatorsk, el centro armamentístico del ejército de Zelenski.

10 abril, 2024 02:25

Dentro de lo que son ya más de dos años de guerra, hay escarceos sin demasiada importancia… y batallas decisivas que pueden cambiar el panorama del frente. Por parte ucraniana, vimos las ofensivas en las regiones de Sumy, Járkov y Jersón que le permitieron recuperar buena parte del terreno perdido en las primeras semanas de la invasión. Por parte rusa, es imposible olvidar los asedios a Mariúpol, Severodonetsk, Bakhmut o Avdivka, con sus ataques indiscriminados a la población civil y su trituradora de carne ajena y sobre todo propia.

Dentro del avance lento pero constante que está llevando a cabo el ejército ruso desde finales del año pasado, ha llegado el momento de un nuevo hito que puede ser clave: la toma de Chasiv Yar. Aunque la propaganda rusa ha insistido mucho en el valor de sus victorias y aunque haya que reconocer que Ucrania ha aceptado sin rechistar el papel público de víctima, lo cierto es que, desde la toma de Avdivka, que costó decenas de miles de vidas rusas solo a cambio de espacio vital para la capital ocupada de Donetsk, estos avances se cuentan en pocos kilómetros.

El miedo, por lo tanto, es al futuro; a la posibilidad de que, si siguen los problemas de escasez de munición y si no llegan las baterías antiaéreas que puedan proteger las centrales eléctricas que permiten funcionar a Ucrania en el día a día, el frente acabe derrumbándose. Hace tiempo que está claro que solo un cataclismo mayúsculo permitiría a Rusia llegar a Kiev, pero es que incluso pensar en alcanzar la orilla oriental del río Dniéper parece un auténtico milagro desde verano de 2022.

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La guerra de Ucrania, por mucha grandilocuencia que se utilice y por mucho que el Kremlin amenace con llevarla a otros países, sigue siendo mayoritariamente la guerra del Donbás. Es decir, estamos viviendo una continuación del conflicto de 2014 con la diferencia de que el número de tropas y recursos empleados son infinitamente superiores y que, de paso, Rusia se ha hecho con buena parte del acceso al Mar Negro ocupando los territorios al sur del Dniéper en Zaporiyia y Jersón.

Chasiv Yar y el acceso a Sloviansk

Cuando Rusia habla de "estamos ganando la guerra" solo puede referirse, por lo tanto, a que la ocupación total del Donbás está más cerca. Y lo cierto es que es así… pero con matices. Rusia necesita algo más que avanzar decenas de kilómetros en meses. Algo más que recuperar lo perdido tras la toma de Bakhmut, algo más que los combates eternos en las cercanías de Kupiansk y algo más que los costosísimos avances al oeste de Avdivka. Necesita dar un golpe sobre la mesa antes de que los terrenos se llenen de barro y el progreso de los blindados se haga imposible.

Militares ucranianos asisten a ejercicios tácticos al sur de Ucrania.

Militares ucranianos asisten a ejercicios tácticos al sur de Ucrania. Reuters

Ese golpe sobre la mesa podría ser, como decíamos, Chasiv Yar. En la larga batalla de Bakhmut, Chasiv Yar sirvió de enlace para los ucranianos entre la ciudad rodeada, sus suburbios de Ivanivske y Khromove, y las ciudades de Sloviansk y Kramatorsk, el gran centro armamentístico del ejército de Zelenski.

Si bien en verano, Ucrania pudo volver a rodear Bakhmut y recuperar buena parte de los territorios circundantes, el hecho es que durante el invierno y lo que llevamos de primavera ha perdido casi todo lo ganado y los rusos se encuentran ahora mismo a las puertas de la ciudad enlace.

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Chasiv Yar de por sí no es una ciudad especialmente grande ni poblada, pero sí es clave en la protección de Sloviansk y Kramatorsk… y todo el mundo sabe que perder Sloviansk y Kramatorsk supone para Ucrania perder la guerra del Donbás. Lo que pasaría a partir de entonces es imposible de saber.

En ese sentido, ambos ejércitos se juegan muchísimo en esta contienda, aunque por motivos distintos: Ucrania debe proteger el acceso a las joyas de su corona oriental; Rusia necesita la victoria para asentar el relato de triunfalismo con el que está consiguiendo bloquear a buena parte de Occidente.

La ofensiva de verano

Chasiv Yar destaca principalmente por su altitud. Eso es lo que la convierte en un objetivo tan difícil de atacar. Los rusos dicen haber empezado a ocupar algunas casas del vértice más oriental de la ciudad y así lo verifican algunas geolocalizaciones, pero lo complicado será llegar hasta el centro.

En principio, aquello debería ser un campo de tiro para los ucranianos, como lo fue Avdivka durante meses o la propia Bakhmut o Vuhledar. El problema es que los rusos no tienen ningún problema en seguir mandando hombres a morir siempre que les sirva para avanzar cien metros más. Y Ucrania no tiene munición para tanto kamikaze.

Un militar ucraniano limpia un área de minas antipersona en Jersón.

Un militar ucraniano limpia un área de minas antipersona en Jersón. Reuters

En ese sentido, si Ucrania consigue aguantar antes de la renovación de tropas rusas este verano, con la llegada prevista de otros 300.000 soldados al frente, tendrá mucho ganado. Lo que le espera es un aluvión con todas sus letras, pero necesita capear el temporal como sea para no dejar la puerta abierta al enemigo.

Si Rusia demuestra que puede tomar una pieza tan importante en el tablero sin necesidad siquiera de sus nuevos movilizados, habrá mandado un mensaje de superioridad importante al enemigo y a sus aliados.

Ahora bien, si no lo consigue, es decir, si Rusia se atasca durante meses en Chasiv Yar y ni siquiera la movilización surte efecto, la dinámica habrá cambiado. No ya la militar, eso es obvio, sino la propagandística.

Los últimos meses están recordando demasiado a los primeros: los rusos quieren hacer creer al mundo que su victoria es inevitable y que ayudar a Ucrania es tan solo una pérdida de recursos y una manera de prolongar el sufrimiento. Tampoco faltan las amenazas a todo aquel que se atreva a ponerse en su contra, por supuesto.

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Ucrania tiene la oportunidad de demostrar que no es así. Defender Chasiv Yar, una plaza que no puede rendir de ninguna manera, como sí ha rendido tantas otras por falta de medios, sería una inyección de optimismo y una garantía que poder presentar ante sus remisos aliados, especialmente los Estados Unidos: aquí estamos, podemos ganar, ayudadnos a hacerlo.

Putin está fiando su victoria al triunfo de Trump en noviembre y la consiguiente desmembración del bloque occidental, pero eso no está tan claro en las encuestas. Quedan siete meses. Si Ucrania resiste y los demócratas vencen, entraremos en otra fase de la guerra.