Manifestación contra el partido de ultraderecha alemán AfD.

Manifestación contra el partido de ultraderecha alemán AfD. Reuters

Europa

Las empresas alemanas se levantan por primera vez contra la ultraderecha: "Hay riesgo de dictadura"

El mundo de los negocios alemán rompe su habitual discreción y alza la voz contra el auge de AfD en los sondeos.

29 marzo, 2024 02:44
Berlín

Algo parece ir mal en la tercera economía del planeta. Es, según apunta un número creciente de empresarios alemanes, el auge de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).

Ese partido nunca gozó de tan buenos números en las encuestas de intención de voto como ahora. Esos número son tan altos que hasta los empresarios, un sector que en Alemania se mantiene ajeno al día a día de la política, han abandonado esa pasiva actitud que les ha caracterizado siempre. Ahora parecen unirse al clamor contra AfD con el que ha empezado este año.

Sirva de ejemplo reciente el conocido aquí como magnate de los tornillos, Reinhold Würth. Este empresario de 88 años es el dueño del Grupo Würth, referente mundial en la fabricación y venta de tornillos y sistemas de fijación y montaje. La empresa de Würth da trabajo a 87.074 personas, según datos de la compañía de este año, en los que se cuantifica en 20.400 millones el volumen de negocio del grupo empresarial en 2023.

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Estos días, Würth ha sido noticia por haber mandado una carta a todos sus empleados para alertarles del “peligro de una dictadura” que supone AfD. “Hago un llamamiento a todos los ciudadanos y también a ustedes, queridos empleados, para que piensen a quién van a votar en las distintas elecciones”, escribía Würth en dicha misiva, publicada parcialmente en distintos medios de comunicación germanos. “Liarla sólo por diversión y votar a AfD por disgusto con el Gobierno simplemente no es suficiente”, abundaba el veterano empresaria, aludiendo a la impopular coalición gubernamental que dirige el canciller Olaf Scholz.

El Gobierno de Scholz, compuesto por sus socialdemócratas, Los Verdes y los liberales del FDP, detentan el cuestionable récord de ser el Ejecutivo más impopular que recuerdan los alemanes en lustros. Según las encuestas de este año que recoge el portal de estadística alemán Statista, sólo un 18% de la población dice estar contenta con la labor de Scholz y su gabinete. Apenas un 1% se considera “muy satisfecho” por el trabajo de Scholz y compañía.

Más empresas

Para Würth, ni siquiera el mal rendimiento de Scholz y su Ejecutivo justifican votar por AfD. Por eso se dirigía en los términos en los que escribía a sus empleados. Y Würth no está solo. Ya son muchas son las grandes empresas germanas que de un tiempo a esta parte vienen mostrando su rechazo a un partido percibido como demasiado escorado a la derecha y que, de hecho, lucha en los tribunales para evitar el espionaje e investigación de las autoridades.

En varios Länder alemanes, las Oficinas para la Protección de la Constitución, nombre que reciben aquí los servicios de inteligencia del Ministerio del Interior, tienen vigilada a AfD por su constatado extremismo de derechas.

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El mes pasado se veía a Oliver Blume, CEO del Grupo Volkswagen, el mayor representante de la poderosa industria del automóvil de Alemania, en una manifestación en Wolfsburgo (centro germano) por el “respeto tolerancia y democracia”. La manifestación estaba convocada a rebufo de las revelaciones periodísticas que informaban a principios de año de un encuentro privado de integrantes de AfD con el líder austriaco del movimiento identitario Martin Sellner.

"Alianza" contra el racismo

En dicha reunión se habló, entre otras cosas, del concepto de “remigración”, cuya puesta en práctica supuestamente implicaría expulsar del país a inmigrantes ilegales, demandantes de asilo e incluso ciudadanos de origen inmigrante. La propuesta de Sellner es tan extrema que hasta la dirección de AfD tuvo que salir en su momento para dar cuenta de que esa idea no forma parte de su programa.

Sea como fuere, las noticias de ese encuentro con Sellner hicieron que hasta el presidente de Deutsche Bank, Christian Sewing, saliera a la palestra a principios de año para afirmar que “el odio y el racismo no deben tener cabida” en ningún sitio. “Los inversores extranjeros también se interesan por Alemania por sus valores y estructuras democráticas fiables. Ahora se preguntan si pueden confiar en ellos a largo plazo”, decía Sewing en una entrevista con la publicación dominical Welt am Sonntag.

Sewing también hablaba a ese semanario como presidente de la Asociación de Bancos Alemanes (BdB, por sus siglas alemanas), por lo que sus palabras son al sector de la banca lo que las palabras de Oliver Blume significan para la industria del automóvil o las de Würth a la tornillería.

De que a estas alturas puede hablarse de que en Alemania hay una conjura de empresarios movilizados para hacer lo que les toque para frenar el auge de la ultraderecha también habla que a finales del pasado mes de febrero unas 250 empresas se dieran cita en Suttgart en una reunión convocada por Südwestmetall, organización que reúne a empresas del industrial estado federado de Baden-Wurtemberg (suroeste germano).

Dicho encuentro versó sobre la “responsabilidad empresarial”. Sobre ese mismo tema habló en presencia de los empresarios el presidente de la República, Frank-Walter Steinmeier. Allí “se formó ante los ojos del presidente una alianza contra el racismo”, según la crónica del evento que ofreció el influyente periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung, diario de línea editorial conservadora.

A raíz de dicho evento, Nicola Leibinger-Kammüller, presidente del fabricante de maquinaria y láseres industriales Trumpf, manifestó que el mundo teutón de la economía “no puede ajeno” al “urgente momento” que vive la sociedad. Trumpf es otro de los grandes nombres de la industria de Baden-Wurtemberg y, por tanto, de Alemania. Leibinger-Kammüller da trabajo a casi 20.000 personas. El volumen de negocio de Trumpf también se cuenta en miles de millones de euros.

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Al futuro de semejantes negocios, y también los de no pocas empresas pequeñas y medianas que constituyen la médula ósea de la economía alemana, lo asaltan las dudas estos días si AfD sigue tan fuerte como está en las encuestas.

Qué dicen los sondeos

Dicen en el sector empresarial que necesitan un país “abierto” al mundo y, sobre todo, a la inmigración en la que se supone se está apostando para solventar el problema de falta de mano de obra cualificada que acusa la economía alemana. Ese es uno de los factores que frenan a la economía de Alemania, que en 2023 entró en recesión – el PIB alemán se encogió un 0,3%. 2024 no parece que vaya a ser mucho mejor.

Si el domingo hubiera elecciones en Alemania, las ganaría la Unión Demócrata Cristiana (CDU), el principal partido de la oposición y al que las encuestas recientes atribuyen casi un tercio del electorado. Su inmediato perseguidor sería AfD (18%), seguido de SPD (15%), Los Verdes (14%) y el partido que ha formado la izquierdista Sahra Wagenknecht (5%) en detrimento de la periclitante Die Linke, el equivalente alemán de Podemos en España.