Los taxistas romanos aprenden buenos modales.

Los taxistas romanos aprenden buenos modales.

Europa

Clases de chino y buenos modales: los taxistas de Roma no quieren asustar a los clientes

Más de 700 conductores de Roma reciben lecciones gratis para mejorar el servicio y acabar con el tópico del taxista malhumorado.

Roma

“¿Sabéis en qué consiste el confucianismo?”, pregunta la profesora ante el silencio de los presentes. “¿Tenéis idea de dónde viene el mito de que nadie ha visto un funeral chino?”. Tampoco hay una respuesta. “¿Conocéis al menos cuántos millones de chinos hay en el mundo?”. “No lo sé, pero seguro que varios cientos están por el centro de Roma”, bromea al fin uno de los alumnos. La clase escucha con atención, los estudiantes no son unos pipiolos que asisten a una introducción teórica sobre el desconocido gigante asiático, sino taxistas de la capital italiana a la caza y captura de un suculento mercado.

Más de un centenar de conductores se ha inscrito a la segunda edición de este curso de buenos modales que organiza el ayuntamiento de Roma, por el que se calcula que pasarán unos 750 de los 6.000 que trabajan en la ciudad. El Departamento de Transportes sostiene en la nota de presentación que “los taxistas representan una de las primeras tarjetas de visita de la capital”. Con la intención de mejorar el servicio, las lecciones son gratuitas, ya que “un taxista que acoge al cliente con una sonrisa, que conoce la cultura de su país de origen, respeta sus costumbres y es capaz de decir algunas palabras en su idioma, seguramente está en condiciones de ofrecer una experiencia agradable”.

"Los taxistas tenemos mala fama"

Algo que cualquiera que haya pasado por la aventura de coger un taxi en esta ciudad, habrá comprobado que no está a la orden del día. “Sí, es verdad, tenemos mala fama”, asiente Giuseppe, uno de los alumnos. “Pero se debe sobre todo –añade- a una vieja generación que hoy en día prácticamente ha desaparecido. Ahora la mayoría de los taxistas hemos estudiado, estamos más preparados y creo que tenemos una mayor educación de lo que dice el tópico”.

En italiano ese lugar común se resumiría en la palabra furbo, algo así como la picaresca española, con el particular de que aquí se irritan si son descubiertos en el embuste. Y si a esto le sumamos el carácter romano, estamos ante una ecuación difícil de resolver. Describir al capitalino cañí exigiría un máster en antropología, pero simplificando mucho podría valer la figura del taxista. Sirva como ejemplo, Mariano, que asegura con su acento cerrado que vino al curso “para conocer las costumbres de los demás y evitar malentendidos”, pero que realmente a los representantes de su gremio “no les hace falta nada”. En un ejercicio de riesgo, uno diría que el homus romanus al volante es altivo, orgulloso, malhumorado y a pesar de todo gracioso.

Daniel Franchi, operador turístico y profesor de este seminario, reconoce que “Roma es uno de los principales destinos, pero tiene muchos déficits de hospitalidad”. “En realidad es algo que afecta a toda Italia, porque quizás a veces somos poco profesionales, pero le ponemos demasiado sentimiento. Habría que ser capaces de ofrecer mucho de nuestra italianidad con un punto más de profesionalidad”, agrega.

Mientras tanto, todos ensayan al unísono: Pinyin, pronuncian, sin saber muy bien lo que están diciendo. “Quiere decir taxi, pero no os preocupéis que los chinos también entienden la palabra taxi”, aclara la profesora. Aunque las dudas de los taxistas son algo más pragmáticas. “¿Cómo se dice 48 euros?”, cuestionan, en referencia a la tarifa fija que cuesta un trayecto hasta el aeropuerto, siempre que no surja ninguna invención en forma de suplemento.

La Unión Europea ha declarado precisamente 2018 como el Año del Turismo Europa-China. En 2017 unos 13,6 millones de chinos visitaron el Viejo Continente, lo que supone un 13% más que el año anterior, aunque la cifra es todavía muy baja para un país de 1.300 millones de habitantes que se presenta como el mercado con mayor potencial en el mundo.

"No dar la mano a los chinos"

Pero como no sólo de chinos vive un taxista romano –o de cualquier otra parte-, el curso, que se imparte en un hotel a las afueras de la ciudad, incluye también nociones de otras lenguas, de la historia del arte de Roma y consejos para mejorar la acogida. El director de la Escuela John Peter Sloan, Marco Cigna, que organiza las lecciones en colaboración con el ayuntamiento capitalino, insiste en que “las clases de idiomas están muy vinculadas a la cultura del país de origen del turista”. De modo que, por ejemplo, aconsejan “no darles la mano a los ciudadanos chinos, que pueden ver violada su intimidad, o en un exceso de confianza besar a otro hombre”, como hacen los italianos en un gesto de amistad.

Cerca de 14 millones de turistas visitan cada año Roma, aunque el número de personas que pasan al menos un día se eleva hasta más de 26 millones, lo que quiere decir que casi la mitad no llegan siquiera a pernoctar. Daniel Franchi recalca en sus clases que el papel del taxista ha quedado obsoleto. “Roma ha permitido que una aerolínea low cost utilice como centro operativo su principal aeropuerto, por lo que el viajero que viene por un precio reducido psicológicamente no está dispuesto a pagar lo que cuesta un taxi”, afirma. Por eso el profesor subraya que el objetivo es ofrecer servicios adicionales, como con la instalación de WiFi gratuito por las calles, y mejorar las condiciones de una ciudad que “no es fácil para los romanos y aún menos para los turistas”.

Y qué mejor explicación para la descripción psicológica del taxista, que el estado de las carreteras romanas. Imaginen conducir cada día por el tráfico de una ciudad de casi tres millones de habitantes con dos líneas de metro. Por no hablar del asfalto. Con las últimas lluvias se estima que se han abierto unos 50.000 socavones en las calles, cuyo coste le supondrá al ayuntamiento un plan Marshall –como lo ha definido la prensa- de unos 17 millones de euros. Algunos de ellos son tan grandes como para tragarse un coche entero.

Y a pesar de todo eso, “los estereotipos no siempre se cumplen”, asegura Marco Cigna, que mantiene que han encontrado un público “muy motivado”. Entre los asistentes hay profesionales de más de 50 años y varias mujeres. Andrea, más joven, sale de la lección a la carrera. “Muy interesante, muy interesante”, dice, “lo difícil viene ahora cuando me toque coger el taxi y poner en práctica todo esto”.