Momentos previos al debate.

Momentos previos al debate. Reuters

ELECCIONES FRANCIA

Un debate encorsetado, favorable a Le Pen

Víctor Gómez Frías

Adormecidos por un formato equivocado donde resultaba casi imposible interpelarse, cada uno de los cinco candidatos se dedicó a desarrollar en sucesivos monólogos aspectos ya conocidos de sus programas. La escasez de debate proyectó una impresión de acuerdo general, donde era necesario hilar fino para identificar las importantes diferencias de posición que se escondían entre los prolijos argumentos que todos desplegaban para cada tema.

Los dos tribunos de verbo más vibrante, que no más preciso, Jean-Luc Mélenchon, candidato del movimiento 'La Francia insumisa' (el más a la izquierda de los cinco representados), y Marine Le Pen, presidenta del partido de extrema derecha 'Frente nacional, tuvieron pues una ventaja para atraer la atención de los espectadores en un debate tan encorsetado. François Fillon, ganador de las primarias de la derecha de 'Los Republicanos', pudo también considerase afortunado porque así se evitó que se multiplicaran los reproches por los escándalos relacionados con el pago de dinero público a su esposa.

Los dos tribunos de verbo más vibrante, Jean-Luc Mélenchon y Marine Le Pen, tuvieron una ventaja para atraer la atención de los espectadores en un debate tan encorsetado

Emmanuel Macron, fundador del movimiento '¡En marcha!', pese a haber defendido que el presidente debería concentrarse en los grandes principios, se extendió con frecuencia en detalles demasiado tecnocráticos. Benoît Hamon, vencedor en las primarias socialistas, resultó el más pedagógico en la mayoría de las intervenciones pero no logró marcar un perfil propio con el que ser recordado por los votantes.

Planeó pues un sentimiento de falta de ambición, no solo retórico, sino en cuanto a las visiones sobre Francia, terreno que resultó igualmente favorable a Le Pen, dado su poco pudor para vender diagnósticos maniqueos y promesas grandilocuentes. La ambiciosa refundación de la República (sería la 6ª) que pregona Mélenchon quedó deslucida porque la mencionó varias veces, pero solo para decir que se convocaría una asamblea constituyente, olvidando las concretas propuestas que su programa incluye sobre su puesta en marcha.

Fillon no supo tampoco ilusionar con un proyecto de país, dada su insistencia en explicar que el principal –y casi único– problema es el excesivo gasto público y número de funcionarios, fiando toda esperanza de mejora en el estado del bienestar a la eficiencia de la burocracia. Hamon optó por la tibieza obsesionado por pulir su programa para intentar recuperar la huida hacia el centro de quienes habían apoyado a Manuel Valls en las primarias. Macron insistió en exceso en el pragmatismo, aunque tuvo cierto éxito en que se lo identificara como la principal alternativa a Le Pen, al producirse más referencias mutuas entre ellos que las que se produjeron entre los demás candidatos.

Hamon optó por la tibieza obsesionado por pulir su programa para intentar recuperar la huida hacia el centro de quienes habían apoyado a Manuel Valls

¿Cuáles fueron los temas donde más patente resultó la diferencia entre los candidatos? La ecología, que solo pareció importar verdaderamente a Mélenchon y a Fillon, al desatenderla sorprendentemente Macron y Hamon pese a estar muy presente en sus programas. La laicidad, (y en particular la prohibición del ‘burkini’), solemnnizada por Mélenchon y Hamon, banalizada por Macron al reducirla prácticamente a su dimensión de orden público y manoseada por Le Pen para atacar al conjunto de los musulmanes. La eutanasia, defendida por Hamon y Mélenchon, eludida por los demás. La semana laboral de 35 horas: abiertamente cuestionada solo por Fillon. La inmigración: prohibición para Le Pen, cuotas para Fillon, defensa de los valores de asilo por parte de Mélenchon, Macron y Hamon. La renta universal, única diferencia de posición entre Hamon (a favor) y Mélenchon (en contra, al igual que los otros tres candidatos). Los impuestos, que solo Le Pen se atreve a sugerir que bajará, glosando las subidas bajo los mandatos de Hollande y Sarkozy/Fillon. La política internacional: defensa de la paz por Mélenchon, salida de la OTAN y cercanía a Rusia por Le Pen, compartido este último punto por Fillon. E inevitablemente, el ideologizado dilema sobre si el “collège” (equivalente a la ESO en nuestro sistema educativo) debe proponer o no diversos itinerarios formativos, que tan cansado tiene a los franceses desde hace décadas, perdidos sobre las razones y posiciones que se arroga cada partido.

En suma, fue un debate del que no resultó ningún ganador, más allá de los pequeños movimientos hacia uno u otro candidato entre los votantes indecisos. Pero sí puede afirmarse que la impresión global vino a confirmar la inevitabilidad de que Le Pen pase a la segunda vuelta al ser la que más se desmarca de los demás. El candidato revelación, Macron, no logró imponer esa misma impresión –por su escasa capacidad de síntesis en este debate y, sobre todo, por la calculada indiferencia que los demás candidatos, menos precisamente Le Pen, le dirigieron–; en consecuencia, es posible que próximamente vea disputada su posición de segundo más votado en la primera vuelta que actualmente le conceden las encuestas. Fillon no ha deslumbrado pero ha conseguido que se lo escuche pese a sus problemas en los tribunales. Y los votantes de izquierdas habrán reforzado su preocupación por que Hamon y Mélenchon no logren decidir unir sus candidaturas –como fuera, incluso echándolo a suertes– dada la notable cercanía de sus propuestas, ya que por separado se disputan la cuarta y quinta posición en las encuestas, mientras que juntos podrían encabezarlas.

Fillon no ha deslumbrado pero ha conseguido que se lo escuche pese a sus problemas en los tribunales

Por último, una mirada de ida y vuelta desde España. Pese a lo desacertado del formato que produjo un debate bastante aséptico, los cinco candidatos demostraron una atención por las políticas públicas concretas de más calado a la que nos acostumbran los políticos españoles, favorecida sin duda por el alto perfil que exigen a cada parlamentario las circunscripciones uninominales y, más recientemente, por la existencia de primarias realmente disputadas y abiertas que han tenido que superar varios candidatos. Un ejemplo claro de cómo la calidad de la oferta política –más allá del talento individual– se moldea a través de las instituciones que la canalizan.

**Víctor Gómez Frías es consejero de EL ESPAÑOL

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