El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, saluda antes de embarcar en el Marine One a su salida hacia Denton, Texas, en el césped sur de la Casa Blanca.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, saluda antes de embarcar en el Marine One a su salida hacia Denton, Texas, en el césped sur de la Casa Blanca. Evan Vucci Reuters

EEUU

Los votantes del sur de EEUU abandonan a Trump porque su 'mano dura' contra la migración les ha dejado sin trabajadores

El demócrata James Talarico aventaja en los sondeos a Ken Paxton, el candidato de Trump al Senado por Texas, donde los demócratas no ganan desde 1994.

En el valle del Río Grande, que en 2024 se volcó con el presidente, las redadas han vaciado obras y campos.

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El demócrata James Talarico aventaja a Ken Paxton en los sondeos para el Senado por Texas, obligando a Trump a implicarse en una campaña clave para el control de la Cámara Alta.

Paxton arrastra el desgaste de su impeachment por soborno y abuso de poder, además del rechazo de parte del electorado republicano por su estrecha vinculación con Trump.

Las redadas y deportaciones en el sur de Texas han dejado vacantes en la construcción y la agricultura, debilitando el apoyo latino a los republicanos en zonas que Trump ganó en 2024.

La inflación, el precio de los combustibles y el rechazo a la gestión de Trump amenazan a los republicanos en varios estados, mientras los demócratas lideran el voto genérico al Congreso.

El fiscal general de Texas y candidato republicano al Senado, Ken Paxton, reconoció ante un grupo de donantes que a su campaña se le están complicando las encuestas, según una grabación difundida este martes por el portal Axios: "Es la guerra, son los precios de la gasolina, es el diésel…", afirmó a la hora de repartir culpas.

No es la primera vez que se le escapa algo parecido.

La semana pasada, The New York Times publicó otro audio, grabado en una cena privada con donantes en Washington, en el que Paxton se quejaba de que la convención que los republicanos celebraron en septiembre en Dallas —la primera que el partido organiza en unas elecciones de mitad de mandato, a instancias de Trump— le había hecho perder apoyos.

Con este panorama, Trump se ha sentido en la obligación de ir al rescate de uno de sus aliados más fieles: este mismo miércoles, se presentó en San Antonio para apoyar a Paxton y tratar de darle la vuelta a las encuestas, algo en lo que es especialista.

Dicho esto, que el presidente tenga que volcarse en Texas a cuatro semanas de las elecciones del 3 de noviembre, en las que se renueva toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, dice mucho del momento que viven los republicanos.

Los demócratas no ganan allí un cargo de ámbito estatal desde 1994, cuando retuvieron la vicegobernación y la fiscalía general pese a perder la gubernatura a manos de George W. Bush. Los dos escaños del estado en el Senado llevan más de tres décadas en manos republicanas, en concreto, desde 1993.

La media de encuestas del portal RealClearPolitics sitúa ahora a Talarico tres puntos por delante de Paxton y los últimos sondeos apuntan en la misma dirección, aunque con distinta intensidad: el del New York Times y el Siena College le da seis puntos de ventaja al demócrata; el de Fox News, solo dos, es decir, dentro del margen de error.

Ken Paxton, candidato de Trump por Texas.

Ken Paxton, candidato de Trump por Texas. Callaghan O'Hare Reuters

En 2018, Beto O’Rourke llegó a las elecciones casi siete puntos por detrás del republicano Ted Cruz en esa misma media y acabó perdiendo por poco más de dos puntos.

No es de extrañar que el modelo de predicción del estadístico Nate Silver haya señalado durante buena parte de la campaña a Texas como el estado con más probabilidades de decidir quién controla el Senado.

Talarico, de 37 años, fue profesor en un colegio público de San Antonio antes de dar el salto a la Cámara de Representantes de Texas, donde va por su cuarta legislatura.

Estudiante de un seminario presbiteriano, ha hecho de su fe un lenguaje político poco habitual en la izquierda estadounidense y lo utiliza para contraponerse a Paxton, al que define como "el político más corrupto de América". Su campaña, además, ha recaudado más dinero que la de su rival, un patrón que se ha repetido por todo el país.

Un candidato a la medida del presidente

Paxton es, en buena medida, una apuesta personal de Trump. En las primarias republicanas de marzo, el senador John Cornyn, con cuatro mandatos en la cámara baja y favorito del aparato del partido, quedó dos puntos por delante, pero ni él ni Paxton superaron el 50 % de los votos y tuvieron que ir a una segunda vuelta.

Una semana antes de esa votación, celebrada en mayo, Trump dio su respaldo a Paxton, que acabó ganando con cerca del 64 %. Cornyn advirtió entonces de que su rival "probablemente perdería contra James Talarico" y se convertiría en un lastre para el resto de candidatos republicanos.

Y la verdad es que tenía motivos para pensarlo: en 2023, la propia mayoría republicana del parlamento texano sometió a Paxton a un proceso de destitución —el famoso impeachment— por soborno y abuso de poder.

El Senado estatal lo absolvió de los veinte cargos, pero no logró acabar con el escándalo: su esposa pidió poco después el divorcio alegando "razones bíblicas", una fórmula que en el lenguaje evangélico alude al adulterio.

Esa sombra le persigue entre los suyos. Según una encuesta del Texas Public Opinion Research, el 30 % de quienes votaron a Cornyn en las primarias prefiere ahora a Talarico, y en el sondeo de Fox News publicado el pasado jueves, el 51 % de quienes tienen intención de votar considera a Paxton demasiado cercano a Trump.

Ahora bien, el demócrata también tiene sus puntos débiles: el 53 % lo ve demasiado escorado a la izquierda. Lo que inclina la balanza es que siete de cada diez votantes aseguran que el coste de la vida pesará en su decisión, y entre quienes sienten que se están quedando atrás económicamente, Talarico aventaja a su rival en 32 puntos.

En esa alza del coste de la vida influye, sobre todo, la guerra con Irán, que Estados Unidos e Israel iniciaron a finales de febrero y que, con el estrecho de Ormuz bloqueado durante meses, ha disparado el precio de los combustibles.

James Talarico en la noche electoral de las primarias demócratas de Texas.

James Talarico en la noche electoral de las primarias demócratas de Texas. Joel Angel Juarez Reuters

Talarico pide desde abril que se suspenda el impuesto federal sobre la gasolina y el diésel, y a finales de septiembre retó a Paxton a apoyar esa medida y a oponerse a la guerra.

El republicano aceptó lo primero, pero no lo segundo. Tampoco se atreve a aceptar una verdad incómoda para su partido y su presidente: las redadas contra los inmigrantes en situación irregular están dejando sin trabajadores a las mismas comunidades que dieron a Trump su victoria de 2024.

El valle que se quedó sin manos

El mejor ejemplo es el condado de Starr, en el valle del Río Grande, la franja fronteriza con México en el extremo sur de Texas.

Con un 97 % de población hispana, llevaba votando demócrata en las presidenciales desde 1896, pero en 2024 Trump ganó por 16 puntos y convirtió el condado en el símbolo de un vuelco que se extendió por toda la frontera: según las encuestas postelectorales, el republicano se habría llevado el 55 % del voto latino en Texas.

Lo consiguió con dos promesas, cerrar la frontera y abaratar la vida. La primera la ha cumplido con creces: las detenciones de quienes cruzan ilegalmente la frontera sur van camino de su cifra anual más baja desde finales de los años sesenta. La segunda ha sido un rotundo fracaso.

Agente de ICE en Mineápolis

Agente de ICE en Mineápolis Europa Press

Y es que la otra cara de su política migratoria, las deportaciones masivas de quienes ya viven en el país, choca de frente con sus objetivos económicos.

En el sur de Texas, las detenciones de la agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) —sea en domicilios, obras, controles de tráfico o en plena calle— han pasado de unas 400 en 2024 a más de 9.000 en lo que va de 2026, según un análisis del Washington Post.

Casi ocho de cada diez detenidos por la oficina del ICE encargada del valle no tenían antecedentes penales.

Las consecuencias para el mercado laboral saltan a la vista: en un año, el empleo en la construcción ha caído un 5 % en la zona de Brownsville y Harlingen, dos de las principales ciudades del condado, y el sector agrícola se ha hundido un 13% en sus cuatro condados, mientras en el conjunto de Texas se mantenía estable.

David Reyna, constructor de Rio Grande City y votante de Trump, aseguró al Post que las redadas están "devastando por completo la construcción local".

La asociación de constructores del sur de Texas llegó a viajar a Washington para advertir al Departamento de Seguridad Nacional de que, si seguían las detenciones en las obras, los republicanos perderían muchos votos.

Los trabajadores nacidos en Estados Unidos no han cubierto el hueco porque prefieren los sueldos y las condiciones que les ofrecen en Houston o San Antonio.

Según un sondeo de Cook Political Report y Televisa/Univisión publicado en septiembre, más de uno de cada cinco hispanos que votaron a Trump en Texas no votará a los republicanos en las elecciones a la Cámara de Representantes, y casi dos tercios de los votantes hispanos del estado se muestran reacios a apoyar a un candidato que defiende las deportaciones.

Ahora mismo, incluso los tres escaños que el valle envía a la Cámara de Representantes están en el aire. Reyna, que aún guarda en su oficina gorras con el lema de Trump, Make America Great Again, resume la situación con los colores de los dos partidos: "Todo el valle era rojo y ahora va a ser azul".

Muchos seguidores, pocos candidatos fiables

El propio Trump admitió el 30 de septiembre, en una recepción por el Mes de la Herencia Hispana en la Casa Blanca, que la inmigración es "la tarea más difícil" a la que se ha enfrentado: "Siempre van a decir que eres demasiado duro o demasiado blando".

El caso es que hay una contradicción que recorre a buena parte de la derecha populista a ambos lados del Atlántico: señalar al inmigrante como amenaza abstracta, pero no calcular cuánto aporta en concreto a la economía que promete aliviar.

Donald Trump baila durante el mítin en Nebraska.

Donald Trump baila durante el mítin en Nebraska. Nathan Howard Reuters

En Estados Unidos, los nacidos en el extranjero suponen el 19 % de la población activa, y su peso en la construcción y el campo de los estados fronterizos es enorme. Giorgia Meloni, sin ir más lejos, aprobó en 2025 cerca de 500.000 permisos de trabajo para extranjeros hasta 2028.

Trump ha hecho lo contrario y sin un plan alternativo, hasta el punto de que algunos congresistas republicanos han puesto sobre la mesa un programa de trabajadores temporales para la construcción.

Ahora bien, el problema republicano no se limita a la inmigración ni a Texas. En Iowa, Maine, New Hampshire, Ohio, Carolina del Norte o Alaska, estados con mucha menos población inmigrante, los candidatos republicanos al Senado van por detrás o en empate técnico.

En Carolina del Norte, el exgobernador demócrata Roy Cooper saca nueve puntos a Michael Whatley, hasta hace poco presidente del Partido Republicano y elegido personalmente por Trump.

El gobernador de Carolina del Norte, Roy Cooper.

El gobernador de Carolina del Norte, Roy Cooper. Reuters

En Ohio, donde Trump ganó por once puntos en 2024, el exsenador demócrata Sherrod Brown aventaja en tres al republicano Jon Husted, y solo el 38 % de los votantes del estado aprueba hoy la gestión del presidente.

Por supuesto, Trump sigue siendo capaz de llenar pabellones y por eso ha pedido a sus bases que voten "como si fuera él quien estuviera en la papeleta", pero no ha construido una red de candidatos que resista los vaivenes de la economía y del carácter errático del presidente.

Su balance de legislatura no es un activo del que presumir: prometió recortar el estado y reducir la deuda, pero el gasto federal ha crecido un 4 % en los once primeros meses del año fiscal, la Oficina Presupuestaria del Congreso calcula un déficit de unos 2,1 billones de dólares y la deuda pública ha superado los 40 billones.

Prometió mantener al país al margen de guerras ajenas, y ya ha entrado en Venezuela y ha bombardeado Irán, además de amenazar a Cuba, Canadá y Dinamarca.

La única promesa cumplida, la de la frontera, queda empañada por los excesos del ICE, tras la muerte en enero de dos ciudadanos estadounidenses a manos de agentes federales desplegados en Minnesota.

El rechazo a la gestión del presidente supera en unos 23 puntos a la aprobación, según la media de Silver, y convierte estas elecciones en un referéndum sobre su gestión.

Cuando se pregunta por el voto genérico al Congreso, sin nombrar candidatos, los demócratas sacan 9,6 puntos de ventaja, y el modelo del estadístico neoyorquino les concede un 93 % de probabilidades de recuperar la Cámara de Representantes y un 74 % de hacerse con el Senado, para lo que necesitan arrebatar cuatro escaños a los republicanos.

Los números actuales apuntan a que serán seis, Texas incluida. Ahora bien, queda un mes… y un mes en tiempos de Trump es un mundo.