Vista del Goldwin Smith Hall de la Universidad de Cornell en Ithaca, Nueva York.

Vista del Goldwin Smith Hall de la Universidad de Cornell en Ithaca, Nueva York. REUTERS/Lauren Petracca

EEUU

El caso de la 'manada' de Cornell sacude la élite universitaria de EEUU: siete alumnos violaron a una joven y no fueron a juicio

Tras el archivo de la investigación, la Fiscalía de Nueva York reabre el caso por la perseverancia de la denunciante.

Cornell pertenece a la Ivy League, el grupo de ocho universidades que simboliza la élite académica estadounidense.

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Corresponsal en EEUU
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La Fiscalía del condado de Tompkins reabre el caso de una presunta violación grupal en una fraternidad de Cornell en octubre de 2024, tras reconocer que no revisó la entrevista completa de la denunciante.

La estudiante de 20 años demanda a siete hombres, a Cornell, a las fraternidades Chi Phi y Tri Delta y a un bar; sostiene que fue agredida durante horas tras ser presionada para consumir una sustancia.

Cornell expulsó a dos de los demandados y suspendió a otros dos; la fraternidad Chi Phi fue cerrada y sigue vetada del campus, aunque no se presentaron cargos penales inicialmente.

Una encuesta de Cornell de 2025 indicó que el 35% de las alumnas que respondió sufrió contacto sexual no consentido; la Fiscalía General de Nueva York revisa la respuesta universitaria.

"Coño gratis arriba". A las dos menos cuarto de la mañana, este mensaje apareció en el chat grupal de Chi Phi, una fraternidad de la Universidad de Cornell (EEUU). En la planta superior de la casa estaba una estudiante de 20 años que había ido a ver a un amigo.

Según su relato, varios hombres la agredieron sexualmente durante horas tras presionarla para consumir lo que le dijeron que era ketamina. Más estudiantes entraron en la habitación tras aquel llamamiento.

Era octubre de 2024. Cornell expulsó o suspendió a cuatro de los siete hombres demandados, pero ninguno de ellos fue acusado penalmente, pese a ser todos mayores de edad.

Ahora la Fiscalía ha reabierto el caso. Su responsable admite que decidió no presentar cargos sin haber visto antes la entrevista en la que ella dijo a la policía que estaba segura de haber sido violada.

Copas, drogas y sexo no consentido

Cornell está en Ithaca, al norte del estado de Nueva York, y pertenece a la Ivy League, el grupo de ocho universidades que simboliza la élite académica estadounidense.

Cerca de un tercio de sus alumnos de grado forma parte de fraternidades o hermandades, grupos estudiantiles que suelen vivir juntos y organizan fiestas, a menudo en sus propias casas.

El 19 de octubre de 2024, la joven empezó la noche en la casa de Tri Delta, la hermandad a la que pertenecía. Después fue a un bar. Allí le marcaron las manos con una X para indicar que no podía beber por ser menor.

Según la demanda, pese a ello le sirvieron alcohol. Más tarde pasó por otro local y, hacia las once, caminó sola hasta la casa de Chi Phi.

La casa de la fraternidad Chi Phi en la Universidad de Cornell, Ithaca, Nueva York.

La casa de la fraternidad Chi Phi en la Universidad de Cornell, Ithaca, Nueva York. REUTERS/Lauren Petracca

Dentro bailó con el amigo al que había ido a ver. Él le propuso mantener relaciones sexuales con otro miembro de la fraternidad. Subieron a la planta superior.

Su amigo la dejó un rato con un estudiante, regresó y la condujo a otra habitación. Allí, sostiene que él y otro hombre la presionaron para inhalar una sustancia que según le dijeron era ketamina.

La joven asegura que después apartó varias veces la mano de uno de ellos. Se cubrió con una sábana cuando aparecieron otros miembros de Chi Phi. Tenía el móvil fuera de su alcance y se sintió incapaz de salir corriendo.

Dos hombres la llevaron entonces a una habitación más pequeña. Según su relato, las agresiones continuaron hasta las seis menos cuarto de la mañana, cuando perdió el conocimiento.

Ahora ha demandado a los siete hombres, a Cornell, a Chi Phi, a Tri Delta y al bar por distintos fallos de vigilancia y protección.

La entrevista que no llegó al fiscal

Tres semanas después de aquella noche, la joven acudió a la policía de Cornell, habilitada para investigar delitos en el campus. Los agentes alertaron a los estudiantes y abrieron una investigación. La policía de la ciudad de Ithaca afirma que nunca recibió una denuncia sobre el caso.

Entrevistaron a la chica durante dos días. De esas conversaciones salió una declaración de seis páginas que ella revisó, corrigió a mano y firmó. Fue el relato de la denunciante que recibió Matthew Van Houten, fiscal del condado de Tompkins, junto a una captura del chat de Chi Phi.

La transcripción de la entrevista muestra que la alumna distinguió entre el comienzo de la noche y lo que vino después. Dijo que al principio se había sentido conforme con parte del contacto sexual, aunque estaba muy ebria.

En la demanda posterior sostiene que ya entonces no podía consentir por su estado. También habló de coacción y afirmó haberse sentido "completamente incapacitada".

"Puedo decir con un 100% de seguridad que fui violada", dijo. Preguntada si había dicho que no o que estaba cansada, respondió que creía haber dicho que estaba cansada.

El campus de la Universidad de Cornell en Ithaca, Nueva York.

El campus de la Universidad de Cornell en Ithaca, Nueva York. REUTERS/Lauren Petracca

Van Houten asegura que nunca vio esa transcripción. Según él, la declaración firmada presentaba el consumo de drogas y la actividad sexual como voluntarios, y no incluía aquella afirmación de la alumna.

Consideró "repugnante" el mensaje de Snapchat, pero insuficiente para probar la falta de consentimiento. La Fiscalía no habló con la joven. Van Houten dice, además, que no le consta que la policía entrevistara a los siete hombres.

Van Houten se acogió inicialmente a que la ley de Nueva York distingue entre que alguien sea drogado sin consentimiento y que haya bebido o tomado drogas voluntariamente.

En este último caso, la intoxicación no basta por sí sola para acusar de violación: deben acreditarse otras circunstancias, como fuerza, una negativa clara o inconsciencia.

Ahora el fiscal quiere hablar con la denunciante, obtener la entrevista completa y presentar las pruebas ante un gran jurado, que decidirá si hay base para formular cargos. Afirma haber recibido nuevas pruebas, aunque no ha precisado cuáles.

Las cifras que Cornell ya conocía

El caso ha abierto otra polémica, la de las sanciones. Algunos de los estudiantes acusados, recoge la demanda, solo tuvieron que escribir textos de reflexión de lo ocurrido.

Cornell reconoce que esos textos formaron parte de las sanciones, pero niega que fueran la única consecuencia para cualquiera de ellos.

Su presidente, Michael Kotlikoff, ha precisado que dos de los siete demandados fueron expulsados y otros dos suspendidos durante al menos dos semestres.

Uno ya se había graduado cuando llegó el momento de sancionarlo. Los dos restantes no fueron considerados responsables de conducta sexual indebida por la universidad. La fraternidad se cerró y sigue vetada del campus.

El campus de la Universidad de Cornell en Ithaca, Nueva York.

El campus de la Universidad de Cornell en Ithaca, Nueva York. REUTERS/Lauren Petracca

La joven dejó Cornell. Mientras se resolvía su caso, la universidad empezó a estudiar si lo ocurrido era un problema más amplio. Su encuesta de 2025 arrojó una cifra inquietante: el 35% de las alumnas de grado que respondieron dijo haber sufrido contacto sexual no consentido durante sus estudios.

Entre las mujeres vinculadas a fraternidades y hermandades, el porcentaje subía al 52%, frente al 29% de las que no pertenecían a ellas.

Esos porcentajes no representan necesariamente a todas las alumnas: solo respondió el 13% del alumnado de grado invitado. El propio grupo de trabajo advirtió que la baja participación limita las conclusiones.

Encontró también que apenas una cuarta parte de los estudiantes sabía cómo presentar una denuncia formal. En marzo recomendó reforzar la formación sobre consentimiento y explicar mejor dónde pedir ayuda.

La Fiscalía general de Nueva York revisa ahora de forma preliminar la respuesta de Cornell y la gobernadora demócrata del estado, Kathy Hochul, reclama una investigación externa independiente.