Donald Trump asiste a un mitin de campaña en apoyo al candidato republicano al Senado Michael Whatley.

Donald Trump asiste a un mitin de campaña en apoyo al candidato republicano al Senado Michael Whatley. Kevin Lamarque Reuters

EEUU

Trump perdería hasta Texas en las elecciones legislativas en un descalabro provocado por la inflación y la guerra de Irán

El presidente toca fondo en las encuestas debido al aumento del coste de la vida y a la guerra con Irán.

Los modelos de Nate Silver y RealClearPolitics dan la victoria a los demócratas en la Cámara, el Senado y la mayoría de las gobernaturas.

Más información: El Tribunal Supremo bloquea el plan de Trump para restringir el voto por correo en las 'midterms' de noviembre

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Las claves
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El aumento de la inflación y la guerra en Irán han erosionado el apoyo a Donald Trump, situando su aprobación en mínimos históricos.

Las encuestas y pronósticos otorgan a los demócratas más del 90% de probabilidades de recuperar la mayoría en la Cámara de Representantes y el control del Senado.

Texas, tradicional bastión republicano, podría inclinarse por los demócratas en las próximas elecciones legislativas por primera vez en casi 40 años.

El encarecimiento de la gasolina y el diésel, junto al creciente déficit y deuda federal, han convertido la economía en la principal preocupación de los votantes.

Acabar con la inflación post-Covid y mantener a Estados Unidos lejos de los conflictos internacionales. Esos fueron los dos compromisos que llevaron a Donald Trump a ganar las elecciones de noviembre de 2024.

Hasta el punto de que, en su discurso de investidura, llegó a decir que su éxito se mediría "por las batallas que ganemos, las guerras que terminemos y, aún más importante, los conflictos en los que nunca entremos".

Veinte meses después, el índice de precios al consumo crece al 3,4% interanual, cuatro décimas más que el mes en que juró el cargo, y el ejército estadounidense está empantanado desde el 28 de febrero en una guerra con Irán sin final a la vista.

El conflicto, que según las previsiones iniciales de la administración iba a durar entre cuatro y seis semanas, ha convertido el cierre del estrecho de Ormuz en un problema doméstico.

La gasolina se ha encarecido un 27,4% en el último año, según la Oficina de Estadísticas Laborales, y el galón (en torno a los cuatro litros) rondaba los 4,30 dólares a mediados de septiembre.

Un año antes, estaba en 3,19. El diésel ha marcado un récord de 6 dólares, lo que encarece el transporte de mercancías y el trabajo agrícola.

La Reserva Federal, presidida por Kevin Warsh, a quien nombró el propio Trump, respondió el 16 de septiembre con la primera subida de tipos desde 2023, hasta el rango del 3,75%-4%. Algo, por cierto, que al presidente no le ha hecho ninguna gracia.

Kevin Warsh y Donald Trump en la toma de posesión.

Kevin Warsh y Donald Trump en la toma de posesión. Reuters

Tampoco las cuentas públicas han seguido el guion previsto. Pese a los recortes del DOGE de Elon Musk y la retórica austera de Steve Bannon, la deuda bruta federal ha superado por primera vez los 40 billones de dólares, frente a los 36 billones de inicio del mandato.

Aparte, el déficit de los once primeros meses del año fiscal alcanzó los 2 billones, según la Oficina Presupuestaria del Congreso. Maya MacGuineas, presidenta del Comité para un Presupuesto Federal Responsable, advirtió de que Washington ya gasta más en intereses de la deuda que en defensa.

Las soluciones a la inmigración ilegal, el otro asunto sobre el que Trump construyó su regreso, han quedado opacadas por los excesos del ICE y el debate sobre el coste de la vida, que los votantes señalan como su principal preocupación de cara a las elecciones legislativas del 3 de noviembre.

Sólo un 17% de los estadounidenses aprueba su gestión en ese terreno, según una encuesta de Reuters/Ipsos del 20 de septiembre. Dicha encuesta sitúa su aprobación general en el 32%, la más baja de su carrera, frente al 47% con el que arrancó.

Incluso entre los republicanos, el apoyo cayó en una semana del 82% al 73%. El promedio del estadístico Nate Silver le otorga un saldo neto de -22,4 puntos; en este mismo momento de su primer mandato estaba en -11,6… y aquel año, 2018, los demócratas le arrebataron 41 escaños en la Cámara de Representantes.

Ni redibujando el mapa

El mismo Nate Silver concede a los demócratas, en el pronóstico de Silver Bulletin actualizado este mismo viernes, un 91,2% de probabilidades de controlar la Cámara de Representantes, con una media de 237 escaños frente a 198, 22 más de los que obtuvieron en 2024. A principios de agosto, esa probabilidad rondaba el 85%.

La encuesta genérica, que pregunta por qué partido se votará sin mencionar candidatos, apunta en la misma dirección: el promedio de la más conservadora RealClearPolitics sitúa a los demócratas 8,7 puntos por delante, con un 50,6% frente a un 41,9% de los republicanos. En 2024, el GOP ganó el voto nacional a la Cámara por 2,7 puntos.

Dicho esto, el margen final dependerá del efecto de los nuevos mapas electorales. A instancias de la Casa Blanca, Texas y otros estados gobernados por republicanos redibujaron sus distritos a mitad de década, y California respondió con su propio rediseño a favor de los demócratas.

En total, nueve estados aprobaron mapas nuevos, lo cual, según el Cook Political Report, obliga a los demócratas a ganar el voto nacional por unos tres puntos de diferencia para hacerse con la mayoría de la Cámara, dos más que antes de la redistribución.

RealClearPolitics calcula que estos cambios podrían dar a los republicanos unos 10 escaños más. El problema es que las encuestas reflejan un giro de casi once puntos hacia los demócratas respecto a 2024, y hay 25 escaños que los republicanos ganaron aquel año por menos de esa diferencia.

Con esas cuentas, RealClearPolitics calcula que, si el giro de las encuestas se traslada a las urnas, los demócratas podrían pasar de los 215 escaños actuales a unos 230, o incluso a 238 si los sondeos los están infravalorando. La mayoría está en 218.

El Congreso de EEUU.

El Congreso de EEUU. Reuters

El Cook Political Report proyectó en su última actualización, por primera vez en este ciclo, una mayoría demócrata tras mover 15 carreras hacia ese partido.

"A pesar de la redistribución de distritos, de una enorme inversión de dinero en la campaña y de la impopularidad del partido opositor, los republicanos van camino de perder su mayoría en la Cámara este noviembre", escribió su analista Erin Covey.

De confirmarse los pronósticos, los demócratas controlarían las comisiones, la capacidad de citar a declarar y la iniciativa presupuestaria.

Según The Wall Street Journal, ya se estarían planteando una docena de frentes de investigación, entre ellos la operación militar en Irán, los negocios de la familia Trump y el nuevo salón de baile de la Casa Blanca, aún en construcción.

Texas de azul por primera vez en casi 40 años

Aparte de la Cámara, los republicanos se juegan también su mayoría en el Senado, que hace un año parecía blindada. Con una mayoría de 53 a 47 y un mapa plagado de estados rojos, las primeras calificaciones del Cook Political Report sólo daban por disputados dos escaños, Georgia y Michigan, ambos demócratas.

En este caso, la oposición necesita una ganancia neta de cuatro senadores, porque en caso de empate a 50 decide el vicepresidente, J. D. Vance. Silver les da ahora mismo un 69% de probabilidades de conseguirlo y una media de 52 escaños, cinco más que en 2024.

Para hacerse una idea de la debacle, el 6 de septiembre, hace apenas tres semanas, su modelo daba un empate.

El mapa de RealClearPolitics no mejora las cosas, pues les asigna 53 senadores a los demócratas, con seis estados arrebatados al GOP: Alaska, Iowa, Maine, Ohio, Texas y Carolina del Norte.

Todos menos Maine, y, con matices, Carolina del Norte, son feudos tradicionales del Partido Republicano. En Texas, por ejemplo, Ken Paxton, fiscal general del estado, derrotó en mayo al senador vigente, John Cornyn, en la segunda vuelta de las primarias republicanas y se enfrenta ahora al demócrata James Talarico, diputado estatal.

La media de encuestas da a Talarico en torno a los tres puntos de ventaja frente a un Paxton que sólo consigue el apoyo del 84% de los votantes republicanos.

Trump ganó Texas por 13,7 puntos de diferencia en 2024 y los demócratas no ganan allí una elección al Senado desde 1988.

Como hemos visto, el patrón se repite en otros feudos de Trump. En Ohio, Sherrod Brown, que perdió su escaño en 2024 por 3,5 puntos, aventaja en tres al senador Jon Husted, nombrado para sustituir a Vance.

Abdul El-Sayed, ganador de las primarias demócratas en Míchigan, comparece en Detroit.

Abdul El-Sayed, ganador de las primarias demócratas en Míchigan, comparece en Detroit. Rebecca Cook Reuters

En Alaska, la exdiputada Mary Peltola supera al senador Dan Sullivan por una diferencia similar. En Iowa, las encuestas oscilan entre una ventaja de ocho puntos para el demócrata Josh Turek, según Marist, y otra de cinco para la republicana Ashley Hinson.

Allí, el precio del diésel pesa tanto que el senador republicano Chuck Grassley cuestionó en redes sociales las políticas de Trump.

Con todo, el mapa no es de sentido único.

Los republicanos aún aspiran a arrebatar Michigan, donde el demócrata Abdul El-Sayed supera por apenas 2,1 puntos a Mike Rogers en el promedio de RealClearPolitics, y Maine sigue abierto: Troy Jackson sustituyó en julio a Graham Platner como candidato demócrata tras las acusaciones de conducta inapropiada contra este.

Un sondeo de The New York Times publicado el 24 de septiembre le da una ventaja de tres puntos a la actual senadora republicana, Susan Collins. Un 69% de posibilidades puede parecer mucho, pero implica que en tres de cada diez casos ganaría el GOP, lo que no es ningún disparate.

39 días para un milagro

Eso sí, la tendencia es la que es y da la sensación de que el escenario sólo cambiaría con un vuelco político o institucional.

Trump ha coqueteado varias veces con la idea de no celebrar los comicios: "Lo estamos haciendo tan bien que ni siquiera debería haber elecciones", dijo en enero a Reuters, antes de que la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, asegurara que hablaba en broma.

Ahora bien, el presidente, de conocidas veleidades golpistas, carece de autoridad legal para suspenderlas, porque las organizan los estados.

Además, su intento de restringir el voto por correo mediante una orden ejecutiva ha chocado con los tribunales: el 14 de septiembre, el Tribunal Supremo impidió que el Gobierno aplicara antes de noviembre los nuevos requisitos, que una jueza federal ya había paralizado.

Algunos estados, como Carolina del Norte, empezaron a enviar papeletas a principios de septiembre.

El otro clavo ardiendo al que se agarran los republicanos sería político-económico: una paz rápida en Irán que abaratara el surtidor antes de noviembre.

El propio Trump situó el final de la guerra después de la cita electoral. "Creo que la guerra va a terminar inmediatamente después de las elecciones porque ya no pueden aguantar más", afirmó, aunque admitió que la bajada de la gasolina "va a llegar un poco después de las midterms".

Según The Wall Street Journal, sus principales asesores habrían advertido en privado de que el conflicto podría prolongarse durante el resto de su mandato. Sólo un 24% de los estadounidenses aprueba su gestión de la guerra, según Reuters/Ipsos.

Si nada cambia, a Trump le esperan dos años de cohabitación con un Congreso hostil.

Él mismo lo anticipó el 6 de enero ante los congresistas republicanos, cuando advirtió de que, si perdían las midterms, los demócratas "buscarán cualquier motivo para montarme un impeachment".

Hakeem Jeffries, líder de la minoría demócrata en la Cámara, evitó descartarlo a mediados de septiembre en la cadena ABC: "No hemos decidido nada a favor ni en contra".

Entre sus prioridades están revertir los aranceles, poner fin a la implicación en Irán y restaurar las subvenciones del llamado Obamacare, el proyecto de sanidad pública instaurado por el presidente demócrata en su primer mandato.