El Monopoly de Trump.

El Monopoly de Trump. Tomás Serrano

EEUU

Trump obliga a Dinamarca a sentarse a la mesa para hablar del futuro de Groenlandia: "Hay varias maneras de resolverlo"

Después de un martes de auténtico pánico en las cancillerías europeas, el miércoles dejó un motivo para el respiro: Marco Rubio anunció su voluntad de reunirse con el Gobierno danés… sin descartar aún una intervención militar.

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Las claves

Estados Unidos, bajo la presidencia de Trump, ha forzado a Dinamarca a negociar sobre el futuro de Groenlandia, planteando opciones como la compra de la isla.

El secretario de Estado, Marco Rubio, confirmó que la intención no es invadir Groenlandia, sino buscar una solución pacífica, aunque no descartan el uso de la fuerza si lo consideran necesario.

La ministra de Exteriores de Groenlandia y el jefe de la diplomacia danesa asistirán a la reunión con representantes estadounidenses para buscar un diálogo sensato.

Se barajan tres escenarios: compra de Groenlandia, intervención militar o fomentar el independentismo en la isla para separarla de Dinamarca.

El secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, Marco Rubio, quiso rebajar este miércoles la tensión con sus aliados europeos respecto a una posible intervención militar estadounidense en Groenlandia: "Hay varias maneras de resolverlo", deslizó. 

En una comparecencia de prensa desde el Capitolio junto al jefe del Pentágono, Pete Hegseth, Rubio confirmó el comentario filtrado a The Wall Street Journal por varios congresistas: la voluntad del presidente Donald Trump no es invadir Groenlandia, sino comprársela a Dinamarca.

De hecho, Rubio anunció una reunión con el Gobierno danés "la semana que viene", aunque no clarificó con quién iba a reunirse, ni el lugar ni la fecha concreta de dicha reunión.

Sí lo hizo, en cambio, la ministra de Asuntos Exteriores de Groenlandia, Vivian Motzfeldt, que acudirá a la cita en compañía del jefe de la diplomacia danesa, Lars Løkke Rasmussen, que pidió a Washington sustituir "el cruce de gritos" por "un diálogo más sensato".

"Como diplomático, que es lo que ahora mismo soy, prefiero arreglar las cosas de una manera pacífica… pero todos los presidentes, no sólo el actual, se reservan el uso de la fuerza si identifican una amenaza a la seguridad nacional del país", afirmó Rubio, en palabras que recuerdan a las pronunciadas por la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, quien aseguró que "todas las opciones" estaban sobre la mesa.

Aunque las intenciones de Trump de comprar Groenlandia a Dinamarca vienen de su primer mandato, la detención de Nicolás Maduro en Venezuela y la inusitada agresividad en el discurso del presidente estadounidense ha provocado algo parecido al pánico entre sus socios europeos.

"El ataque a la soberanía de un aliado supondría el final de la OTAN", afirmó tajante la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, con quien Trump mantiene una relación marcadamente hostil.

El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, en el Capitolio en Washington, este miércoles 7 de enero de 2026.

El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, en el Capitolio en Washington, este miércoles 7 de enero de 2026. Reuters.

Alivio en Groenlandia

La rotundidad con la que Hegseth, Rubio y Trump dejaron claro el pasado sábado que con Estados Unidos conviene no andarse con juegos ha hecho que lo que parecía poco más que una excentricidad se haya convertido en una posibilidad muy real.

El martes fue un día de intensa diplomacia, en el que varios países europeos, entre ellos España, firmaron una declaración de apoyo a Dinamarca en la que dejaban claro que no tolerarían una injerencia extranjera sobre Groenlandia.

No es probable que dicha declaración haya influido en el ánimo de Trump, pero la promesa de una reunión en la que se pueda conversar pacíficamente ha provocado un enorme alivio, al menos en la isla.

"Por supuesto, estoy feliz de que ahora podamos reunirnos y hablar entre nosotros, y mi mayor esperanza es que la reunión conduzca a una normalización de nuestras relaciones", afirmó la ministra Motzfeldt.

"Mi mensaje es que Groenlandia necesita a Estados Unidos y Estados Unidos necesita a Groenlandia en materia de seguridad en el Ártico", enfatizó la ministra de Exteriores en entrevista a un medio local.

Escenarios

En este momento, hay tres opciones sobre la mesa. La primera es que Estados Unidos compre Groenlandia a golpe de talonario. Es la vía preferida de Trump y de otros sectores de la Administración estadounidense, pero está plagada de obstáculos. Para empezar, desde Nuuk y Copenhague insisten en que la isla no está en venta.

Groenlandia, un territorio cada vez más atractivo para EEUU. / Efe

Además, la Casa Blanca necesitaría la aprobación del Congreso y de una mayoría cualificada del Senado, así como el visto bueno de la Unión Europea y, conforme al derecho internacional, el consentimiento expreso de los propios groenlandeses, en ejercicio de su derecho a la autodeterminación.

El segundo escenario es que Estados Unidos intervenga militarmente en Groenlandia, lo que provocaría no sólo un golpe durísimo para la OTAN y para las relaciones con sus socios occidentales, sino también una verdadera turbulencia en la política interior norteamericana.

Los analistas advierten que, llevada a la práctica, la vía militar es viable dada la combinación de un territorio inmenso, una población muy reducida –alrededor de 58.000 personas– y la ausencia de fuerzas armadas propias. Aunque mínima, la presencia de tropas estadounidenses sobre el terreno y su superioridad naval y aérea en el Ártico sitúa a Washington en posición de ventaja.

Sólo el Congreso de Estados Unidos puede bloquear cualquier iniciativa militar que impulse la Casa Blanca, y los republicanos tienen mayoría en la Cámara... al menos hasta las elecciones de mitad de mandato o midterms del próximo mes de noviembre.

El coste político de esta acción sería, sin duda, enorme. Supondría una violación flagrante del derecho internacional, y la OTAN perdería su razón de ser puesto que implicaría un ataque directo de un aliado contra otro.  

Existe, no obstante, una vía intermedia: poner en marcha una campaña de influencia para fomentar el sentimiento independentista en Groenlandia con el objetivo de forzar la separación de facto de la isla de Dinamarca, que conserva su soberanía.

Estados Unidos no empezaría desde cero en esta empresa porque, como avanzó en agosto la emisora pública danesa DR, sus servicios de inteligencia habían advertido de que Groenlandia estaba siendo objeto de "diferentes tipos de campañas de influencia", una acusación por la que el ministro Rasmussen convocó en su despacho a Mark Stroh, el encargado de negocios de Estados Unidos y máximo representante diplomático en el país nórdico.