Washington

Al más puro estilo Trump. El presidente de los Estados Unidos ha despedido este martes por la mañana su secretario de Estado, Rex Tillerson, sin comunicárselo a él previamente -aunque hay versiones contradictorias sobre esto- y anunciándolo a través de Twitter. La explicación oficial es que el magnate quiere contar con alguien más leal y en línea con su agenda política internacional, especialmente ahora que se abre una fase de conversaciones con Corea del Norte. Sin embargo, será la relación con Irán y con Rusia las que se verán más afectadas por la llegada del hasta ahora director de la CIA, Mike Pompeo, republicano del ala más conservadora, cercano al Tea Party, y sin experiencia diplomática.

La noticia de su cese le ha llegado a Tillerson a su regreso de un viaje oficial por África, en el que ha tenido que lidiar con el inesperado anuncio de la Casa Blanca de la pasada semana, sobre que el presidente se vería cara a cara con el líder norcoreano.

Esta decisión sorprendió al secretario de Estado el viernes de madrugada. Una llamada del presidente desde Washington lo sacó de la cama para informarle, que no consultarle, sobre la futura reunión. No es que el jefe de la diplomacia estadounidense estuviera en desacuerdo en entablar conversaciones con el régimen comunista, pero no entraba en sus planes que fueran a tan alto nivel, tan inmediatamente y sin prepararlas con más antelación.

Tras pasarse días explicando por teléfono la repentina decisión de Trump a los gobiernos aliados, a su regreso, casi sin dormir según él mismo declaró, se ha encontrado con la sorpresa. Un tuit del presidente agradeciéndole los servicios prestados y anunciando su relevo por Mike Pompeo, actual director de la CIA, abogado de profesión y excongresista republicano elegido por Kansas en 2010 por el Tea Party, más en la línea de los planteamientos actuales del presidente.

Tillerson se enteró por Twitter

El número dos del Departamento de Estado, Steve Goldstein, ha manifestado a los medios que Tillerson pretendía continuar en el cargo, entre otras cosas porque tenía entre manos cuestiones de seguridad nacional, así como que no había hablado con Trump sobre su posible salida recientemente. Además, aseguró que el ya destituido secretario de Estado desconoce el motivo de la decisión. Básicamente, que se ha enterado vía Twitter.

Trump echa a Tillerson

Sin embargo, la Casa Blanca luego ha aclarado al Washington Post que el sábado, durante su gira por África, un miembro de la administración le comunicó por teléfono a Tillerson que sería reemplazado pronto y le pidió que volviera a Washington a la mayor brevedad posible. Aquí las versiones no concuerdan.

Las declaraciones de Trump a la prensa este martes, antes de partir hacia San Diego para visitar los prototipos del muro que pretende construir en la frontera con México, sostienen la versión oficial. "Rex y yo hemos estado hablando de esto durante mucho tiempo. Nos llevamos bastante bien, pero discrepamos en las cosas", dijo. "No estábamos pensando lo mismo con Mike, tenemos una forma de pensar muy similar".

Llamó "imbécil" a Trump

Efectivamente, que Trump y Tillerson estaban distanciados se sabía, y de hecho se daba por supuesto que se produciría este relevo. No en vano, trascendió que el ex secretario de Estado calificó de “imbécil” al presidente en una reunión privada, a lo que el magnate replicó retándole a una prueba de coeficiente intelectual.

Además, Tillerson ha sabido hacerse enemigos en su breve paso por su departamento, incluso entre los legisladores republicanos, especialmente por su controvertido rediseño del Departamento de Estado, que ha llevado a la salida de muchos funcionarios. Pompeo, en cambio, llega con plena confianza del presidente, con el que se reúne casi a diario para tratar temas de seguridad nacional.

Por lo tanto, no ha sorprendido el cese, sino el cómo y el cuándo. Especialmente porque la salida se produce en un momento de intensa carga de trabajo diplomático para el Departamento, principalmente por la reunión que Trump ha aceptado tener con el gobierno norcoreano, convirtiéndose en el primer comandante en jefe que se sentará con un líder de Corea del Norte, Kim Jong-Un. Y eso que hasta ahora había manifestado públicamente su rechazo a la fórmula diplomática que sí defendía Tillerson.

Tillerson, en una imagen de archivo

Tillerson, en una imagen de archivo Reuters

40 años lidiando con dictadores

Ahora la Casa Blanca se enfrentará esta nueva fase con Pyongyang sin la experiencia de Tillerson, que durante sus 40 años como directivo de la petrolera Exxon Mobil había bregado con dictadores y dirigentes autoritarios como jeques del Golfo Pérsico, Hugo Chávez o Vladimir Putin.

Más allá del asunto norcoreano, el cambio por Pompeo, sin experiencia diplomática, traerá cambios a las relaciones exteriores de EEUU. El más evidente afectará a Irán. Tillerson no era tan crítico con el acuerdo nuclear que Obama firmó con aquel país, y que permitió cierta apertura hacia Teherán -incluida la de aliados de Washington-. Trump, en cambio, siempre lo calificó de “terrible”. Y en esa línea se ha manifestado también el nuevo secretario.

Durante su año al frente de la CIA, Pompeo adoptó medidas para atacar a la inteligencia iraní y pidió que Washington no certificara que el régimen de Teherán estaba cumpliendo el pacto que suscribió con la anterior administración. De hecho, antes incluso de dirigir la agencia de seguridad, en su etapa en el Congreso, trabajó para boicotear el acuerdo nuclear que el gobierno Obama negociaba, pidiendo a banqueros y diplomáticos europeos que no invirtieran en Irán, según recuerda Bloomberg.

Crítico con el Kremlin de Putin

En otra área importantes de la política exterior, Rusia, Pompeo y Tillerson son más parecidos. El secretario cesado inició su mandato tratando de ‘resetear’ con Moscú, si bien los pasos dados por el Kremlin en Siria acabaron complicando esta posibilidad.

De hecho, este mismo lunes, antes de ser despedido, afirmó ante la prensa que el ataque de la semana pasada en Reino Unido a un espía con agentes neurotóxicos “claramente vino de Rusia”. Además, su departamento preparaba nuevas sanciones económicas contra entidades y personas rusas a las que el Departamento de Justicia acusaba de haber interferido en las elecciones de 2016.

Mike Pompeo, en una imagen de archivo

Mike Pompeo, en una imagen de archivo Reuters

Pero Pompeo tampoco se queda atrás, y ha sido más crítico con Moscú que el propio Trump, apuntando desde la CIA a WikiLeaks como un “servicio de inteligencia hostil” y colaborando estrechamente con el servicio de inteligencia de Ucrania en su batalla contra los rusos en su frente oriental.

Con respecto a Corea del Norte, Pompeo también parece estar a favor de abrir el diálogo, si bien quizá la diferencia con Tillerson es que el nuevo secretario sabe darle más bombo a los supuestos logros de Trump. “Estas son condiciones a las que el régimen de Corea del Norte nunca se ha sometido a cambio de conversaciones”, llegó a decir en ‘Fox News Sunday’. Y Trump, encantado.