Un barco español patrulla por el Mediterráneo para rescatar inmigrantes.

Un barco español patrulla por el Mediterráneo para rescatar inmigrantes. Yannis Behrakis Reuters

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El caudillo necesario para controlar la inmigración desde Libia

Jalifa Haftern es "una especie de nuevo Gadafi, incómodo, pero vital para la reconciliación nacional".

Roma

Fue uno de los militares que tomaron el poder en Libia junto a Muamar al Gadafi en 1969. Hombre fuerte durante los primeros años de la dictadura, cayó después en desgracia hasta terminar exiliado en Estados Unidos, donde se le atribuyen vínculos con la CIA. El mariscal Jalifa Hafter no reapareció hasta el inicio de las revueltas contra Gadafi. Comandó a las milicias al este del país y desde hace tres años mantiene el control en la ciudad de Bengasi.

La dualidad de poderes entre el Gobierno de Fayez al Serraj con sede en Trípoli y la influencia de Hafter en la otra parte del país impide la existencia de un único interlocutor con quien dialogar en Libia. Serraj gobierna bajo el apoyo de una coalición islamista, mientras que Hafter asegura combatir a las milicias de inspiración yihadista. "A la hora de gestionar la inmigración, la Unión Europea pretende que Libia le haga el trabajo sucio como acordaron con Turquía, pero sin una reconciliación nacional es imposible", asegura Alfonso Giordano, experto en flujos migratorios de la Universidad Luiss.

Ha habido algún acercamiento, pero se trata de un problema pendiente desde que Sarraj se asentó en Trípoli en marzo del año pasado. Y en este "agujero negro", en el que se ha convertido Libia según el profesor Giordano, "se calcula que el negocio del tráfico de personas supone ya un 40% del dinero que se mueve en el país". El mariscal Hafter es el gran señor de la guerra libio, "una especie de nuevo Gadafi, incómodo, pero necesario a la hora de pensar en la reconciliación nacional", asegura el experto.

Hace tres semanas que se produjo en Francia una nueva reunión, con ese carácter embarazoso pero inevitable. Emmanuel Macron reunió en una localidad cercana a París a Serraj y Hafter, quienes firmaron un compromiso para cesar las hostilidades y caminar hacia la unidad del país. El acuerdo se cogió con alfileres tanto en la Unión Europea como en el país norteafricano, pero desde entonces las autoridades libias han mostrado una actitud mucho más férrea que ha frenado el tráfico de migrantes en las últimas semanas.

Emmanuel Macron con el primer ministro libio Fayez al-Sarraj y el general Khalifa Haftar

Emmanuel Macron con el primer ministro libio Fayez al-Sarraj y el general Khalifa Haftar Philippe Wojazer Reuters

Llegan menos inmigrantes a Europa

Las autoridades libias vigilan ahora la zona cercana a sus costas en las que se producían los rescates de migrantes e incluso han llegado a amenazar a las ONG -como denunció la española Proactiva Open Arms, que dijo haber sido amenazada con disparos al aire y ser retenidos durante más de una hora por los guardacostas libios-, por lo que varias de estas organizaciones han suspendido temporalmente sus labores en el Mediterráneo. En la última semana no ha habido llegadas a Italia, coincidiendo con el aumento de embarcaciones con destino a España.

Otros expertos como Andrea Dessì, investigador del programa para el Mediterráneo y Oriente Medio del Instituto de Relaciones Internacionales italiano, piensan sin embargo que la caída en el número de llegadas a Italia se trata de otros factores. Pese a que Hafter tiene el control de las playas en su zona de influencia, Dessì señala que el militar "no tiene influencia en la Marina libia que opera cerca de Trípoli", desde donde parten habitualmente las barcazas. El académico apunta a la campaña lanzada por Italia para apoyar a la guardia costera libia desde sus costas y la intensificación de los contactos entre el Gobierno de Roma y el de Trípoli.

Por su pasado colonial en Libia y -de modo más pragmático- por ser el mayor receptor de migrantes desde aquel país, Italia ha mantenido hasta ahora la iniciativa política para tratar de encontrar una solución a la crisis provocada tras la caída de Gadafi. Hasta el momento se ha centrado en fortalecer al Gobierno de Serraj y ha confiado en la mediación de los distintos enviados especiales de las Naciones Unidas. Pero su estrategia no ha dado sus frutos, por lo que ahora crece la preocupación en Roma "ante la política de acción rápida del presidente Macron", señala Dessì.

Francia ya le tomó la delantera a Italia al encabezar la intervención internacional sobre Libia en 2011. Y después dejó claro de qué lado se inclinaba "al ser el primero en asistir al militar Abdel Fatah Al Sisi", que llegó al poder en Egipto a través de un golpe de Estado, recuerda Alfonso Giordano. Egipto es el principal aliado del general Hafter en la región y ahora Rusia trata de prestar apoyo también al militar libio, que ha viajado ya en varias ocasiones a Moscú para reunirse con diferentes representantes del Ejecutivo de Vladimir Putin.

Hafter no sólo tiene el control de las armas, sino el de buena parte de los pozos petrolíferos en Libia. Y aunque Giordano cree que la actitud de Macron responde más bien a su empeño por devolver a su país una política internacional activa, los analistas consultados defienden que no debería haber una cuestión francesa o italiana sobre Libia, sino que insisten en que el papel protagonista lo debe ocupar la ONU.

Inmigrantes en el centro de la Autoridad de Inmigración Anti-Ilegal en Trípoli.

Inmigrantes en el centro de la Autoridad de Inmigración Anti-Ilegal en Trípoli. Ismail Zitouny Reuters

Contención en Libia

El fundador de la Comisión de Estudios Mediterráneos y actual investigador del Instituto de Asuntos Exteriores italiano, Roberto Aliboni, opina que la actual posición de fuerza que transmite el Gobierno libio "es un asunto absolutamente coyuntural". "Libia ha adoptado la actitud severa que le lleva reclamando la Unión Europea desde hace tiempo", añade Aliboni. Pero sin una reconciliación real entre sus poderes fuertes, "el impacto será limitado".

A principios del verano países como España o Francia se negaron a acoger en sus puertos a migrantes desembarcados en Italia, como reclamaron desde Roma. Y fue entonces cuando el Gobierno italiano trasladó la iniciativa de la acogida a una posición más agresiva para frenar las salidas.

Las ONG lamentan que si los migrantes son frenados en Libia terminarán en campos de refugiados de aquel país, donde el respeto por los derechos humanos no está entre las principales preocupaciones de sus autoridades. Alfonso Giordano sugiere que una solución podría ser crear corredores humanitarios hacia Túnez, "el único país relativamente estable de la región". Aunque para cerrar la ruta libia "será necesario la intervención de las fuerzas de seguridad en todo el territorio y no hay nadie que tenga más control que Hafter".