La comunicadora estrena formato de la mano de Espasa.

La comunicadora estrena formato de la mano de Espasa. Cedida

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Nativel Preciado llega con el pódcast 'La estantería': "Severo Ochoa me contó que no se suicidaba por cobardía"

La periodista se atreve a cambiar las clásicas ondas por un nuevo entorno para conversar con algunos de los autores del momento.

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Al otro lado del teléfono, una voz familiar suena. Resulta chocante que la cadencia y entonación de Nativel Preciado suenen a través del smartphone y no gracias a las ondas.

El de la comunicadora es uno de los grandes nombres del periodismo español. Una mujer todoterreno cuya profesionalidad ha invadido multitud de ámbitos y ha trascendido generaciones, crisis y gobiernos.

Ahora, con 77 años, continúa reinventándose. Su afilado ingenio se aloja en la actualidad en su nuevo pódcast, La estantería. Una especie de diván conversacional al que sientan autores para charlar sobre las líneas que escriben y lo que hay entre ellas.

Preciado habla de lo que hace —y ha hecho toda la vida— con pasión y admiración. Hacia su labor y hacia las figuras que se ha encontrado por el camino. Muchas mujeres también, por suerte y por iniciativa. Y, sobre todo, tiene claro lo que para ella es sinónimo de éxito.

En La estantería no sólo entrevista libros, entrevista vidas. ¿Qué le interesa más: lo que el autor escribe o lo que calla entre líneas?

Me interesa más lo que escribe, porque lo que calla se puede averiguar además a través de eso. Al escribir siempre se presentan zonas oscuras, pero se van revelando, quiera el autor o no quiera.

Yo, por ejemplo, me doy cuenta de eso con mis novelas cuando voy a algún club de lectura. Cuando me leen terceras personas, me descubren cosas que yo ni siquiera había querido decir. Por eso me quedo con lo que leo y trato de averiguar a partir de ahí.

Usted ha vivido la política, el periodismo y la literatura desde dentro. ¿El pódcast le permite una conversación más honesta que la televisión o es solo otra escenografía con micrófono?

Creo que es, en definitiva, una entrevista, pero en su formato más novedoso. Tiene elementos que aportan cosas nuevas a la manera de cuestionar y se edita. Sin embargo, no, no se diferencia demasiado de una buena entrevista.

Este género ha tenido mil variantes, se ha hecho de multitud de maneras, pero al final de lo que trata es de averiguar cómo es el autor y lo que pretende.

¿Qué tipo de invitado la seduce más: el que llega con discurso aprendido o el que todavía duda de lo que piensa?

A mí me molestan mucho los argumentarios, tanto en literatura como en la política. Pienso que cuanto mayor eres —lo digo por mi propia experiencia— más dudas tienes. Eres mucho más rotundo durante la juventud. Yo lo era más a los 20 que ahora.

Entonces, según avanzas, te das cuenta de la cantidad de matices, claroscuros, inseguridades y misterios que tiene la vida. Y no es lógico que seas muy categórica.

En una época de titulares urgentes y opiniones instantáneas, usted apuesta por la conversación larga. ¿Es un acto de resistencia cultural?

Creo que siempre he sido resistente en todos los órdenes de mi vida. He sido paciente y resistente. Y sí, a mí me gustaría que todo fuera un poquito más reposado, más tranquilo, que no se quede en el titular. Es más, que ni siquiera puedan sacar un titular, porque el contexto es tan importante como una frase brillante. Y eso es lo que me gustaría. No sé si lo conseguiré.

En el pódcast, la periodista se encarga de entrevista a diferentes autores.

En el pódcast, la periodista se encarga de entrevista a diferentes autores. Cedida

¿Se ha descubierto cambiando de opinión durante una entrevista? ¿O el oficio le exige mantener cierta distancia incluso cuando algo le conmueve?

Sí, siempre. Sobre todo en formato largo y escrito y tienes tiempo de charlar. En un medio audiovisual es diferente, porque es muy difícil controlar las preguntas y las respuestas. Pero cuando la conversación es larga, he descubierto facetas nuevas del entrevistado y eso es algo que me sorprende y me entusiasma.

Lo que más me gusta del mundo es que deshagan mis prejuicios. A veces no lo logro porque responden a la realidad del personaje; otras veces descubro que estaba equivocada y eso me encanta. Que me lo demuestren con argumentos y con una conversación reposada y sincera.

¿Qué le ha enseñado el formato pódcast sobre la escucha —esa virtud casi olvidada— que no le enseñaron décadas de periodismo?

Llevo poco tiempo con La estantería y supongo que lo iré perfeccionando a medida que haya más capítulos. Pero sé que me descubre que siempre trato de crear un ambiente más allá de los focos, más allá de que nos estén mirando, más allá de la ambientación...

Intento crear un clima para poder escuchar muy bien al entrevistado o a la entrevistada y que, en medio de toda esa vorágine, que no es la intimidad precisamente, logre decir la verdad. Y hasta ahora he conseguido. Estoy muy satisfecha porque les he sacado un poco de la rutina o de lo que decíamos antes, del argumentario o de la respuesta rápida y fácil e impactante. Y veo que van contando aspectos de la novela o de ellos mismos que no habían comentado antes.

La literatura siempre ha sido refugio, pero hoy también es escaparate. ¿Nota que los autores llegan más preocupados por la marca personal que por la historia?

Pues algunos sí, pero otros no. Hay escritores que tienen mucho interés en defender lo que han hecho: ese último trabajo, esa novela, ese ensayo... Y lo hace como si se tratara de un hijo. Como si quisiera mostrar el esfuerzo que le ha costado, el resultado que ha obtenido, el cariño que ha puesto en esa propuesta. Y entonces se olvidan de la imagen personal.

Pero en otros casos es inevitable. Hay escritores muy ególatras a los que no les importa tanto lo que digan a través de su obra. Se preocupan más por su imagen personal, que es la que cultivan.

Usted ha entrevistado a generaciones muy distintas. ¿Qué diferencia detecta entre quienes crecieron leyendo en silencio y quienes lo hicieron narrándose en redes?

Yo pertenezco a la otra generación, a la que leía lentamente. No había redes sociales cuando yo me formé. Bueno, de hecho no las ha habido durante la mayor parte de mi trayectoria profesional. Debido a ello, me identifico más con los que tienen mi mismo lenguaje.

Pero, por otra parte, me sorprende y me deslumbra que haya autores y autoras jóvenes que utilizan las plataformas y que tienen un lenguaje mucho más preciso y una jerga que yo no soy capaz de compartir. Me asombra su rapidez y su ingenio. Hablo de los buenos, claro.

En ese sentido, me interesa muchísimo descubrir todo lo bueno que hay en lo que viene y es algo a lo que trato de adaptarme para estar en este mundo. Porque yo soy todo el pasado, pero también soy del presente, entonces quiero entenderlos y a veces de verdad que me fascinan porque utilizan un código que me es ajeno y, sin embargo, consiguen impactarme.

Nativel Preciado lleva décadas entrevistando a grandes perfiles.

Nativel Preciado lleva décadas entrevistando a grandes perfiles. Cedida

¿Qué diría que ha sido lo más interesante que ha aprendido de la generación millennial o incluso de la Z? Ya sea en el plano literario o en cualquier otro plano de la cultura.

Lo que más me gusta es que sean capaces de utilizar todos los instrumentos que nos ofrece ahora la inteligencia artificial. Con las nuevas tecnologías consiguen lo que logramos nosotros con mucho esfuerzo, mucha lentitud y mucha paciencia en tan sólo un momento. Que en ese flash sean capaces de hacer una gran obra, impactante además, y algo que considero muy respetable, me deslumbra.

Han acortado los caminos, que es algo que no siempre es bueno, pero generalmente hay gente que sí que lo alcanza. Hay nuevos autores que llegan mucho a través de los nuevos códigos y de crear nuevas vías. A mí me gusta descubrirlos.

¿Hay alguna conversación que le haya removido personalmente, que haya terminado y le haya obligado a quedarse en silencio un rato más?

He tenido muchas, lo que pasa es que son muy antiguas, pero me dejaron muy marcadas. Yo era muy fan de Paco de Lucía. Le seguía e iba a muchos conciertos y me dejó tremendamente impactada en una charla. Creo que fue la última que tuve con él, porque estaba muy, muy inseguro ante su nueva obra y me hablaba con una sinceridad de sus titubeos, de su falta de confianza en sí mismo, de que no era capaz de conseguir algo mejor... Me dejó muy, muy impactada su humildad y era el número uno del mundo.

He descubierto que algunos de los genios que he entrevistado son capaces de mantener esa duda, que eso te hace mucho más humano y que además te hace mejor persona. Él me impactó muchísimo.

Y también el Premio Nobel Severo Ochoa, con el que tuve una conversación reveladora que me enseñó muchísimas cosas. Estuve dos días con él en una entrevista larguísima y estaba muy deprimido porque se acababa de morir su mujer. Entonces me explicó que él no era nada, porque ella era la que le había abierto las puertas a la cultura, al mundo, a los viajes...

Me chocó mucho, estaba muy deprimido y dijo que no se suicidaba porque era un cobarde, pero que de otro modo se habría tirado por la ventana, porque lo único que había hecho en la vida era mirar por un agujerito de un microscopio y su mujer era la que le hacía vivir en otros ámbitos.

¿Y cómo se prosigue con una entrevista como la de Severo Ochoa, que me decía que fue un encierro casi durante dos días después de una revelación como esa?, ¿hacia dónde se dirige la conversación?

Como te decía, me quedé muy impactada. Nos tomamos un gin-tonic. Me invitó y le dije que me había impresionado muchísimo y que había aprendido muchas cosas de la vida con él. Una vez más, que una persona de mucho éxito, un Premio Nobel, tuviera dudas de su propio trabajo es impresionante. Porque la vida consiste en algo más que en triunfar, querer ser el número uno o la ambición.

Entonces, me habló de algo que yo he tratado de cultivar siempre, que es el ocuparte de todo lo que se relaciona con la vida y no sólo de una cosa, que es generalmente lo que han hecho los hombres hasta ahora: tener una carrera profesional muy exitosa y descuidar todo lo demás.

Nosotras hemos sido mucho más delicadas, atentas y esforzadas en vivir de una manera más global y ocuparnos de todas las cosas de lo cotidiano. Eso nos debería hacer mejores. No sé si lo hemos conseguido o no, pero ese es el camino que creo que hay que seguir.

Y sin decir nombres, por supuesto, ¿se arrepiente de haber entrevistado a alguno de esos genios o genias?

No, jamás. Una vez que me citó von Karajan —a través de un contacto fiable— en Berlín. Y fui a verle a la filarmónica y me plantó. Iba muy ilusionada, me habían guardado páginas especiales y no pude entrevistarlo. Y no me arrepentí de nada, ni siquiera del fraude de que no apareciese.

Él era muy especial, como todos los genios de este tipo... Pero entrevisté a todos los músicos de su orquesta. Seguí mucho la trayectoria de todo lo que se relacionaba con él en ese momento. Hice un reportaje precioso sobre él entonces.

'La estantería' es el nuevo proyecto de la periodista.

'La estantería' es el nuevo proyecto de la periodista. Cedida

Y además estuvo en Berlín...

Estuve en Berlín y descubrí muchas más cosas a través del entorno que seguramente las respuestas que me hubiera dado. Probablemente no me hubiera tratado con demasiada paciencia ni dedicación. Entonces no me arrepiento ni siquiera de esa entrevista frustrada.

Él estaba en ese momento encaprichado con una violinista que luego fue muy famosa y toda la orquesta estaba en contra de esa decisión y de él. Me contaron muchas cosas tremendas, pero claro, era un genio absoluto.

Y hablando de grandes genios, ¿cuál es la mujer que más te ha impactado al entrevistarla?

Cuando empecé, casi todas las entrevistas, eran a hombres. Entonces dije que eso no podía ser. Tenía que haber mujeres con las que me dejaran trabajar. En esa época tenías que hacer una lista de gente interesante y todos los perfiles eran masculinos. Entonces me esforcé e hice casi un centenar de entrevistas a mujeres que nunca publiqué, pero supusieron una parte importante de lo que hice. Y todas tenían algo interesante.

A raíz de aquello hice un libro que se llama El sentir de las mujeres. Donde recopilé a perfiles femeninos famosos y que habían destacado en algún aspecto por su profesión, pero no se las tenía en cuenta. Estoy también muy orgullosa de ese trabajo.

Me acuerdo de Nuria Espert que, como Severo Ochoa, se acababa de quedar viuda y hablaba de ello. Y de Montserrat Caballé, que era una mujer un poco especial también. Los músicos lo son, menos Paco de Lucía, que era el mejor del mundo, pero en el sentido humano.

En cualquier caso, me impresionaron muchísimas. Fue la primera vez que salía así, una historia así, de aspectos íntimos o privados de mujeres que habían tenido un gran éxito profesional. Siempre me ha interesado esa parte de decir: "Bueno, tú has triunfado en esto; no obstante, cuéntame si también lo has hecho en el resto de aspectos de tu vida". Entonces salía esa otra cara, que era interesantísima.

Tras tu experiencia, ¿qué es para ti el éxito y el fracaso?

Lo primero, resumido de una manera absoluta, es vivir como quieres, con quien quieres y donde quieres. Y lo segundo, irte a la cama con la sensación de que tienes muchos aspectos de tu vida que no funcionan. Lo importante es tener el equilibrio entre esa faceta pública y la vida íntima, que decía Gabriel García Márquez.

Compaginar todo eso es muy difícil. Si te dedicas a cubrir todos esos aspectos, a lo mejor no destacas demasiado en ninguno. Pero yo prefiero estar en ese segundo plano para ser muy exitosa en un aspecto de mi vida.

Si pudieras sentar en La estantería a una autora o a un autor imposible, vivo o muerto, ¿a quién elegirías?, ¿qué le preguntarías que nadie se haya atrevido?

Me gustaría hacerlo con Simenon, que es un autor que empecé a leer cuando era joven. Fue una persona con baches tremendos que no ha tenido el menor prestigio y luego se le ha recuperado y se lo han otorgado. Es alguien que se olvida y vuelve.

Pero me interesaba muchísimo porque escribía muy bien y tenía novelas estupendas. Le preguntaría si mereció la pena esforzarse tanto en escribir. Produjo un número de novelas excesivo. Se suicidó su hija y lo pasó francamente mal...

Vuelvo también a lo anterior. Le cuestionaría sobre qué hubiera cambiado de esa vida tan exitosa, ya que, como escritor, lo privado quedó totalmente descuidado y deteriorado. Me llama la atención todo en lo que fracasó, qué fue de esa vida privada.