La actriz Laia Manzanares.

La actriz Laia Manzanares. Gtres

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Laia Manzanares, actriz: “Al inicio de mi carrera, he sido la primera en autosexualizarme”

La intérprete, conocida por series como 'Merlì' o películas como 'Alegría', se encuentra de gira con la obra 'Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra', de María Velasco.

20 septiembre, 2022 02:12

Su cuerpecito de niña encierra a una mujer extraordinaria, como si fuera un botecito de almizcle que al destaparse deja escapar toda su esencia concentrada, su potencia animal, su mirada sensible y salvaje hacia sí misma y hacia el mundo en el que le ha tocado vivir, su belleza interior, su palabra sin filtros, su inteligencia emocional, su compromiso social, su pasión, su irreverencia, su feminismo real y cotidiano, su talento y sus elecciones personalísimas.

Laia Manzanares (Barcelona, 1994) es un espectáculo en sí misma. Debuta profesionalmente en 2014 en la sala Becket, de Barcelona, tras formarse en el Col.legi del Teatre. Se descubre ante nosotros en 2015 al encarnar el papel de Oksana en la serie Merlì de TV3 y nos deja con la boca abierta en el videoclip The Less I Know The Better de los australianos Tame Impala.

Gracias al corto La tierra llamando a Ana, de Fernando Bonelli, obtiene numerosos premios. Ha interpretado papeles principales y protagónicos en series como HACHE de Netflix, Estoy vivo de TVE, El día de mañana de Moviestar+ o La noche más larga de Netflix, entre otras, y en películas como Proyecto tiempo de Isabel Coixet, El reino de Rodrigo Sorogoyen, ALEGRÍA de Violeta Salama o La desconocida de Pablo Maqueda, pendiente de estreno, y Quest, ópera prima de Antonina Obrador.

['Alegría': las raíces de España están en Melilla]

Actualmente está feliz de subirse al escenario, de gira nacional con Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra, y prepara ilusionadísima una película cuyo título no ha desvelado, que comenzará a rodar en enero del 2023.

Su mundo gira sin descanso y ella no tiene intención alguna de bajarse.

Laia Manzanares en el Festival de Cine de Sitges de 2018.

Laia Manzanares en el Festival de Cine de Sitges de 2018. Gtres

¿Desde qué lugar personal surge en usted la necesidad de dedicarse al arte y en concreto a la interpretación? La vocación.

Viene de la infancia, de una manera de ver el mundo y ver que, a través de la interpretación, esto se podía cambiar, un poco. Desde ese lugar de vulnerabilidad que es la infancia, vi que en la interpretación hay una fuerza de cambio y de regeneración que me hizo pensar: es ahí donde tengo que ir, a sanar.

Viendo que el mundo es un lugar hostil cuando no tienes herramientas ni ningún poder de cambiar las cosas, sentí que ese poder que yo no tenía, de tomar mis propias decisiones y de vivir en un mundo que me gustara, sí sucedía y podía sucederme a mí, a través de la interpretación.

¿Cómo cree que el mundo la mira a usted? ¿Se acerca o se contradice, la imagen que tienen los demás de usted con la que reconoce como propia?

Ufff… vaya temón… Yo no sé qué imagen doy exactamente, pero hace tiempo tomé la decisión de preocuparme por quién soy realmente y no por lo que parezco ser, es decir, mostrarme tal cual soy. Pongo más empeño en ser quien quiero ser, que en demostrar nada.

¿Cree que ciertos rasgos de la personalidad de Oksana, su personaje en la serie Merlì, libre, fuerte y rebelde, han quedado como “marca de la casa” de la identidad de Laia? ¿Ha influido este personaje, para bien o para mal, en el resto de su carrera?

La serie Merlì me sirvió como trampolín para que mucha gente de la profesión supiera que existo como actriz; el público sigue preguntándome por ella, creo que hice un tipo de trabajo que, en su momento, marcó a nuestra generación, un producto nuevo, de gente joven hablando de filosofía. Está claro que imprimo cosas mías en los personajes, pero yo no soy mis personajes todo el rato.

¿Los personajes que ha construido la han transformado a usted como persona?

Creo que lo bonito de esta profesión es meternos en mil vidas para descubrir mil formas de vivir. Yo aporto cosas mías y a mí me aportan cosas suyas todos los personajes. Pero ocurre lo mismo con las personas que me cruzo en la vida, si hay algo que puedo aprender de la gente que me rodea, de cómo son, cómo gestionan las situaciones… me lo quedo, soy muy esponja en ese sentido.

"Para mí la naturaleza es Dios, en el sentido de que la vida, el mundo que nos rodea, es naturaleza, ella lo crea y lo destruye todo"

Hay otro personaje, Ana en La tierra llamando a Ana, que le atrapa especialmente…

En ese corto y en ese personaje había algo que, en esta profesión, nos obsesiona, nos importa mucho: la comunicación. Mi personaje, sordomuda por un accidente, me obligó a aprender a signar, descubrí otro canal de comunicación que tiene más que ver con escuchar al cuerpo y no tanto con la palabra, que es una suerte y una trampa que tenemos, porque la palabra puede engañar pero los ojos nunca mienten.

Transmitir sin la voz pero con todo el cuerpo, con la cara, las manos, los ojos, me hizo sentir que hablaban mis vísceras, no el cerebro, casi como un bebé, y eso me fascinó.

¿Hasta qué punto, trabajos de sus inicios como el videoclip The Less I Know The Better, que grabó con apenas 20 años, han influido en sexualizar su imagen?

Al inicio de mi carrera, la primera que me he autosexualizado he sido yo, por esa educación que dice: tú serás tu mejor peor enemiga, así que, nadie puede decirme algo sobre mí misma, peor de lo que ya me haya dicho yo. Mis peores palabras me las he dicho yo a mí misma, porque he sido una víctima perfecta del capitalismo, y eso es algo en lo que he ido trabajando mogollón, por ejemplo, cada vez me apura más ir con ropa apretada, ponerme sexi… porque me molesta que me vean solo como algo follable.

Haciendo el videoclip, yo vi esto que comentas, pero le di la vuelta y pensé: es una tía que quiere que le coman el coño y luego irse a saltar con los gorilas, a la naturaleza. Y también molaba porque, en realidad, el objeto sexual eran el chico y el mono. Para mí, había conexión con la naturaleza. Lo sentía como… ella es la que manda, la que dice: soy sexual y tengo deseo y lo disfruto.

En su día a día, ¿qué significa ser feminista?

Para mí, significa tener una vida digna. El otro día, por ejemplo, iba por la calle caminando con unos leggins, pasé por delante de un bar y un señor me estaba mirando el coño, a menos de un metro, entonces yo empecé a bajar la cabeza hasta que me miró a los ojos -que puse a la altura de mi coño- y abrí mucho los ojos como diciéndole: hola, ¿sabes que estás mirando a una persona y no un trozo de carne?

Es algo que intento hacer mucho. Yo no soy un objeto al que vayas a mirar, soy una persona con la que te cruzas y si necesitas algo, un pañuelo, fuego, te lo voy a dar, pero no te voy a dar carne, porque si tú me intentas ver como un trozo de carne yo te voy a enseñar que soy un ser humano como tú.

Lo flipante es que cuándo miras a los ojos a alguien así, ves en su mirada la sorpresa de… ostras, mierda, me ha visto, no era solo un maniquí. Creo que haciendo estas cosas, los hombres se van dando cuenta de que no estamos aquí para pasearnos delante de sus vidas y que tengan algo que mirar ni un catálogo dónde escoger. Se trata de dignidad.

Laia Manzanares en la premier de 'Alegría' en 2021.

Laia Manzanares en la premier de 'Alegría' en 2021.

Hablando de cuerpos, de salvajismo y de ser natural, ¿qué relación tiene, o quisiera tener, con la naturaleza?

Soy una urbanita de pies a cabeza, tengo la naturaleza casi idealizada. Para mí la naturaleza es Dios, en el sentido de que la vida, el mundo que nos rodea, es naturaleza, ella lo crea y lo destruye todo. Soy feliz en una montaña y en el mar, los únicos sitios donde realmente descansas, cierras los ojos y no necesitas hacer nada más que las funciones básicas, comer, cagar, dormir…

Viaja, cambia de ciudad frecuentemente por su trabajo, ¿qué hace para construir su lugar en el mundo, su casa, dentro de un rincón de sí misma o en medio del planeta?

Este tema me vuelve un poco loca, soy una persona muy casera, me gusta cocinarme rico, tener mis cositas en su sitio. Estoy aprendiendo que la casa tienes que ser tú. Tú eres lo único que tienes siempre, vayas donde vayas, y cuando te acuestas por la noche solo estás tú.

Me gusta saber que tengo un punto de anclaje, saber que en Barcelona está mi casa, tener un lugar al que volver. Intento tener cerca mis pequeñas cosas, un jabón de la cara, una maletita, y con esto construirme un pequeño hogar y aceptar que ahora estoy aquí.

¿En qué cuestiones conecta y coincide, o se distancia, de la gente de su edad?

Con mi generación creo que conecto, conectamos, a través de la nueva visión y conciencia que tenemos de la emocionalidad y de la salud mental. Hablamos todo el rato de cómo estas, cómo te sientes, muchos hemos pasado por terapia alguna vez, hay algo que tenemos en común, la preocupación por sanar las heridas emocionales, estar bien, no ser resilientes, no dejar pasar las cosas sino buscar nuevas formas. Hay una necesidad vital de romper con la frialdad.

Nos llaman la generación de cristal, sin embargo, es la generación boomer la que se escandaliza porque usamos el lenguaje inclusivo o porque decimos lo que pensamos o cuando nos rebelamos contra las injusticias o contamos lo que nos molesta. No es que yo sea de cristal, es que quiero un mundo más justo.

"Mi profesión es mi forma de vida, por eso, hacer algo que vaya en contra de lo que yo creo, me rompe y me destroza"

¿Mostrar vulnerabilidad es revelar fortaleza?

Creo que mostrarse vulnerable es de las mayores fortalezas que puede tener un ser humano. Para mí, ver a alguien vulnerable es pensar: qué fuerte eres al enseñar que te puedes romper en cualquier momento aún sabiendo que yo también puedo romperte. Prefiero que me rompan a medirme, censurarme y autocancelarme.

Por eso necesitamos relacionarnos y hacer redes de apoyo, tenernos. Porque nos hemos comido crisis y crisis, y lo que tenemos son contratos basura y alquileres por las nubes, y al final, igual que con el feminismo, lo que queremos son vidas dignas.

En este sentido, ¿elige proyectos de cine, televisión o teatro, que defiendan o muestren temáticas y problemáticas que conectan con usted o que siente como propias?

Mi profesión es mi forma de vida, por eso, hacer algo que vaya en contra de lo que yo creo, me rompe y me destroza, me hago daño y tardo muchísimo en rehacerme; porque éste no es un trabajo del que pueda distanciarme, hacerlo sin más y luego irme a mi casa tan tranquila, sino que tengo que interiorizarlo, pasarlo por mí. Si puedo estar de acuerdo y lo más cerca posible de lo que cuenta la peli, mucho más sano para mí.

¿Qué le gustaría rescatar o descartar de estos años volcados en su carrera profesional? ¿Qué ha aprendido?

He aprendido que hay cosas que permanecen y otras que hay que dejar atrás. He encontrado mi camino, el lugar que quiero ocupar en el mundo, aunque ese es un trabajo interior que todavía estoy haciendo, el saber cómo quiero ocupar ese lugar, por eso me miro a mí misma con lupa y miro bien donde piso.

He tenido experiencias que me han enseñado: no, no es por aquí. Eso también te muestra qué tipos de caminos te hacen feliz y cuáles no, qué historias puedo contar y cuáles no son para mí.

¿Ha aprendido a elegir?

Sí, creo que es muy importante tomar decisiones, te determina y a la larga te va a dar frutos. Decidir.

¿Cuál es su elección de presente?

Estoy en el teatro y de gira con una obra, Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra, que es de las mejores que he hecho en mi vida y con las mejores personas que me he encontrado en el teatro. Un texto de María Velasco que siento como escrito para mí pero que habla de un dolor de todas, es universal, habla de vivir sin amor y con duelo, sobre las violencias. Esta obra es como una red.