La Reina usa habitualmente el calzado 'barefoot'.

La Reina usa habitualmente el calzado 'barefoot'. Gtres

Moda

El 'efecto Letizia' dispara el auge del 'barefoot': qué hay tras los zapatos que se venden como saludables

Un podólogo y varias firmas especializadas en este tipo de calzado advierten de los peligros para el pie.

Más información: 'Barefoot': la novedosa tendencia recomendada por los expertos en España para fortalecer los músculos

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Cuando en el año 2024 la reina Letizia empezó a llevar zapatillas y bailarinas planas y de puntera ancha, mucha gente se extrañó.

¿Cómo era posible que prescindiera de sus característicos taconazos para lucir, en público, ese calzado de aspecto cómodo, pero (muy) poco atractivo? Después se supo que ese estilo barefoot había llegado a la vida de la consorte española por motivos de salud.

Dos lesiones molestas y dolorosas, el Neuroma de Morton y la fractura de un dedo del pie, requerían de un modelo con unas características técnicas especiales. Hoy, sin duda, se ha convertido en una moda.

La reina Letizia en la Galería de las Colecciones Reales en mayo de 2024.

La reina Letizia en la Galería de las Colecciones Reales en mayo de 2024. Gtres

En España, esta industria está en auge. Claris Data, una plataforma de inteligencia de mercado B2B (Business to Business) y análisis, estima que en nuestro país existen alrededor de 300 empresas dedicadas a este tipo de calzado que generan 318 millones de euros, y tienen especial presencia en Instagram, Facebook y YouTube.

Sobre las razones del éxito de la que es una de las categorías con mayor proyección, destacan tres factores clave: el cambio de demanda hacia la biomecánica y el bienestar del pie, la fuerte penetración del canal D2C (Direct-to-Consumer) y el e-commerce apoyado en prescriptores y profesionales de la salud como podólogos y fisioterapeutas, y la presencia en redes sociales.

El calzado de moda

Que este tipo de zapatos y zapatillas, conocidos también como minimalistas, respetuosos o saludables, están por todas partes es una realidad. Pero en este caso, y al tratarse de una categoría tan específica relacionada con la salud, este hecho puede generar ciertas preocupaciones. O dudas.

También porque numerosas firmas low cost y asequibles como Zara, Lefties, Mustang o Victoria se han sumado a la tendencia añadiendo barefoot en sus colecciones. Una cuestión que no tendría nada de problemático si no fuera porque deben cumplirse unos requisitos muy concretos.

  • Tener una puntera amplia para que los dedos no se compriman.
  • La suela flexible especialmente en el antepié.
  • El drop cero, es decir sin diferencia de altura entre talón y parte delantera del pie.
  • Ligereza y que favorezca el movimiento natural.

“Creo que la tendencia barefoot tiene una parte muy positiva y otra que me preocupa", reconoce el podólogo y cirujano Héctor Alonso.

Y prosigue: "Lo bueno es que visibiliza algo muy importante: el pie no es un bloque rígido que haya que encerrar, sino una estructura viva, con músculos, articulaciones, sensibilidad y capacidad de adaptación".

Zapatillas 'barefoot' de Ohne Project.

Zapatillas 'barefoot' de Ohne Project. D.R.

Y asegura que durante años se ha normalizado el hecho de llevar calzado estrecho, rígido o con tacones encubiertos incluso en zapatillas.

"Que ahora se hable de dar espacio a los dedos, permitir más movimiento y respetar la función del pie me parece interesante", afirma.

Este experto, también director y cirujano en la Clínica Supie de Valladolid, alerta de algunos aspectos no tan positivos.

"El problema aparece cuando convertimos una herramienta en una moda o en una religión. El calzado respetuoso no es bueno para todo el mundo, en cualquier momento y para cualquier actividad. La salud del pie no depende solo del zapato, sino del tipo de pie, la pisada, la fuerza, la movilidad, la edad, el dolor, las deformidades y la actividad de cada persona", concluye.

Desde la firma catalana Muris coinciden en el lado positivo de esta tendencia.

"El creciente interés por la estética barefoot refleja que existe una demanda real por parte del consumidor, y que grandes marcas incorporen elementos inspirados en esta categoría también puede contribuir a dar visibilidad al concepto. En ese sentido, es posible que actúe como un altavoz para una forma diferente de entenderlo", explican.

Pero también comentan que esa mayor visibilidad requiere una labor de divulgación más amplia. "La estética, por sí sola, no convierte un zapato en barefoot. Debe responder a criterios de diseño basados en la anatomía y la biomecánica del pie, y va mucho más allá de incorporar una puntera más ancha o una apariencia determinada".

En Ohne Project, la firma fundada por Manel García y Hannah Buschmann y también especializada en esta alternativa saludable, son optimistas: "Los big players son los que mueven el mercado. Si este tipo de calzado se hace más masivo quiere decir que vamos en la buena dirección".

Necesidad de control

Comprar un producto creyendo que es minimalista pero que, en realidad, no lo es puede suponer ciertos riesgos biomecánicos.

Según el podólogo consultado, el primer peligro es "la falsa sensación de seguridad. Si una persona cree que está usando un zapato saludable, y lo utiliza muchas horas, camina más o entrena y no es adecuado puede terminar perjudicando las estructuras".

Como consecuencia, continúa, "puede aparecer dolor en la planta, sobrecarga en los metatarsianos, molestias en los gemelos o tendón de Aquiles, fascitis plantar o dolor en los dedos".

Y advierte que también es probable que el producto sí sea de tipo respetuoso, "pero la persona no tenga todavía fuerza, movilidad o adaptación suficiente".

En Ohne Project aseguran que ser engañados por los claims publicitarios conlleva los mismos riesgos que un calzado convencional. A saber: dolor de espalda y de rodillas, acortamiento de la musculatura y tendones de la parte posterior de la pierna, juanetes. "Se puede usar el término barefoot sin serlo. Ahora empieza a haber certificaciones para poder demostrar si es respetuoso o no", confirman.

Precisamente la cuestión de exigir o no certificados que garanticen que un producto vendido como minimalista lo es efectivamente es un tema que se empieza a tener bastante en cuenta. Sobre todo con la incorporación a este sector de marcas low cost y asequibles. De igual modo que ocurre con la ropa sostenible, ecológica y ética, podrían existir etiquetas independientes que garanticen las cualidades de este calzado.

Desde Muris insisten en el riesgo de "comprar un zapato pensando que es beneficioso para la salud del pie, pero que en realidad no lo es y sigue limitando su funcionamiento natural. Si mantiene rigidez, estrechez o demasiada estructura, no permite que el pie se mueva y trabaje como debería, ni ofrece los beneficios reales del barefoot".

Y afirman que sería positivo establecer controles para "contar con unos criterios claros y compartidos sobre qué puede considerarse realmente un calzado minimalista. Hoy en día existen diferentes certificaciones e interpretaciones, y eso puede generar confusión tanto para las marcas como para los compradores".

Por eso, "disponer de unos estándares comunes ayudaría a aportar mayor transparencia al mercado, proteger al consumidor y evitar que el término 'respetuoso' se utilice únicamente como un reclamo comercial, sin responder a las características técnicas que definen a estos productos", añaden desde la firma catalana.

Los zapatos que no respeten los criterios 'barefoot' pueden perjudicar la salud de los pies.

Los zapatos que no respeten los criterios 'barefoot' pueden perjudicar la salud de los pies. iStock

Héctor Alonso también se muestra a favor de esta posible regulación: "Debería existir algún tipo de control o certificación. Cuando una palabra vende, se corre el riesgo de utilizarla demasiado alegremente".

Y establece el experto un símil con el mundo de la alimentación: "Del mismo modo que no todos los envases donde pone 'saludable' lo son, no todo que se califica como barefoot respeta realmente la función del pie".

Barefoot a precio low cost

El hecho de que firmas conocidas de fast fashion y precios asequibles se hayan sumado al universo minimalista también puede generar dudas entre los consumidores.

¿Tiene que ver el precio con la garantía de que sean saludables? La respuesta de Ohne Project es clara: "Es más un indicativo de otros factores que intervienen en el proceso, como los volúmenes. En nuestra firma fabricamos y producimos en España y Portugal y empleamos materiales veganos".

Alonso tampoco ve, en principio, inconveniente en que un calzado minimalista de calidad tenga un coste asequible. Incluso ve beneficiosa su democratización.

"No todo el mundo puede pagar 120 euros o 150 euros por un producto especializado. El riesgo es que se simplifique demasiado el concepto y se convierta en una tendencia estética más", advierte.

"El precio por sí solo no determina si es bueno o malo. Puede ser caro y mal diseñado, y económico y razonablemente correcto", añade.

Matiza que hacer un buen zapato tiene costes: materiales, horma, suela, durabilidad, controles de calidad e investigación: "Si es muy barato, hay que mirar qué ofrece realmente".

En Muris también opinan que el coste no determina necesariamente que sea o no respetuoso. "Un gran retailer puede fabricar a escalas muy distintas que las de una marca especializada, que trabaja desde el conocimiento del producto y con un desarrollo específico".

¿Un truco para saber que estamos haciendo una compra correcta? "Revisar bien que la puntera permita que los dedos se expandan de forma natural, que la suela no es demasiado gruesa o rígida o que incorpora refuerzos que bloqueen el movimiento", recomiendan en Muris.

También destacan la importancia de cómo se comunica el producto: "Si se utiliza el término barefoot como reclamo, pero no se explican sus características técnicas ni los principios de diseño que lo hacen respetuoso con el pie, puede ser una señal de que quizá no responde realmente a esta categoría".

Otro consejo es el que da el podólogo y que coincide en la necesidad de sospechar ante reclamos publicitarios determinados: "Especialmente de los mensajes milagro tipo 'sirve para todo', 'corrige tu pisada' o 'soluciona tus problemas'. El pie es bastante más complejo que una frase publicitaria".

Empezar poco a poco

En cualquier caso, no todo el mundo "debería pasar al barefoot de golpe, es importante hacerlo de manera progresiva. En personas con dolor, pies rígidos, deformidades importantes, metatarsalgias, diabetes, pérdida de sensibilidad o determinadas patologías, hay que individualizar muchísimo".

Empezar en actividades sencillas y escuchar al cuerpo, como recomienda el experto, es fundamental para iniciarse en el uso de este tipo de calzado.

"Que el pie trabaje más puede ser positivo, pero necesita progresión. Igual que no empiezas el gimnasio levantando 100 kg el primer día, no deberías pedirles a tus pies que cambien de vida de un lunes a un martes", señala.

Desde Ohne Project también insisten en la importancia de introducirlo de manera paulatina siempre que no exista una patología diagnosticada que lo impida.

"Si no tienes ningún impedimento médico, lo ideal es empezar a llevar este calzado cuanto antes y de manera progresiva para que no tengas ningún problema. Es como ir al gimnasio o salir a correr: el primer día no te tienes que ir a una maratón o te vas a resentir o lesionar", recuerdan.

Y añaden que con el barefoot es lo mismo. "Tienes que ir acostumbrando el cuerpo a estas nuevas posturas, al nuevo andar… Pero una vez que has pasado esa transición, no hay vuelta atrás", advierten.

Y es que, como aseguran los expertos, quien prueba un zapato minimalista ya no quiere volver a lo anterior. El bienestar es la explicación.