Sergio Fuster, CEO de Raventós Codorníu.

Sergio Fuster, CEO de Raventós Codorníu. Cedida

Estilo de vida

Sergio Fuster, CEO de Raventós Codorníu sobre Codorníu Spritz: "Lo hemos agotado en sólo una semana"

Las bodegas repasan su legado y se reinventan con esta propuesta concebida para el disfrute y para exprimir el aperitivo.

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Hay muchos atributos que definen el verano: desde las siestas que comienzan casi sin querer hasta el atardecer que corona la esperada jornada de playa.

Entre ellos también se encuentra el helado que acompaña al paseo nocturno y el aperitivo que funciona a cualquier hora.

Para maridar ese momento, Codorníu ha lanzado Codorníu Spritz, su nueva bebida mediterránea lista para servir. El evento de presentación estuvo a la altura de las expectativas: el exclusivo Xalet de Montjuïc, en Barcelona, fue testigo del debut de las botellas que prometen inundar de sabor esas conversaciones casuales sin final.

Como telón de fondo, unas espectaculares vistas de la Ciudad Condal, el escenario perfecto para que los asistentes —unos 150— se sumergieran en el universo burbujeante de Celebración Mediterránea, la representación no sólo de una bebida, sino de un estilo de vida auténtico y que valora lo que de verdad importa.

En la copa, un intenso color naranja que combina con la despedida del sol rompiendo el horizonte. La receta, 100% original y desarrollada en su totalidad por el equipo de enología de la compañía.

Bodegón con el último lanzamiento de Codorníu, un sorbo al Mediterráneo.

Bodegón con el último lanzamiento de Codorníu, un sorbo al Mediterráneo. Cedida

Este Spritz, elaborado con vino espumoso Codorníu procedente de uvas propias, mezcla el buen hacer de la casa con una propuesta que se centra en el disfrute. Abrir, servir, brindar, degustar.

Sus intensas notas de naranja recién cortada y hierbas aromáticas —un guiño a la estética mediterránea que baña el concepto de esta bebida— junto con el clásico toque amargo del spritz. Una ecuación sensorial que se traduce en un sabor auténtico, sofisticado y lleno de personalidad.

Su perfil contiene dosis de frescura, equilibrio y elegancia. Un sorbo en el que convergen dulzor y amargor en su justa medida.

En el punto medio se encuentra la virtud. En boca afloran también recuerdos a caramelo y especias, unos detalles que desembocan en un resultado envolvente y armonioso, con un final largo mediante el que permanece una estela que a su vez deja con ganas de más. De cuándo será esa próxima vez.

Su éxito no sólo radica en su elaboración, sino que los números —además de los sentidos— también hablan, tal y como confirma Sergio Fuster, CEO de Raventós Codorníu: "La acogida del mercado ha sido excepcional: en sólo una semana desde el lanzamiento hemos agotado existencias".

Un brindis por Codorníu Spritz.

Un brindis por Codorníu Spritz. Cedida

Además, el directivo ha aseverado que "esta demanda tan fuerte en una fase inicial es insólita y nos confirma que estamos ante una propuesta con un enorme potencial".

Y es que Codorníu Spritz no sólo conecta con el gusto, sino también con una forma de entender la vida y a las nuevas generaciones, que ven en esos momentos una escapada a la rutina y una forma de romantizar el día a día. Es también un reflejo de los nuevos hábitos de consumo de bebidas, algo que se manifiesta igualmente en la baja gradación de la propuesta (8%).

Tras cada sorbo no sólo existe la acción de refrescarse, sino una intencionalidad que trasciende a lo básico, a lo que salta a la vista. Hay un elemento aspiracional tras el brindis y la imagen que se genera, de ahí la conexión.

De este modo, el siglo de experiencia que avala ese savoir-faire de Codorníu converge con las necesidades actuales en una botella que no sólo abraza una explosión de sabor, sino que se convierte en un gesto cultural.

La cultura mediterránea en un sólo sorbo.

La cultura mediterránea en un sólo sorbo. Cedido

En el equilibrio entre tradición e innovación reside su atractivo. Codorníu repasa su legado para reinventarse, sin olvidar sus orígenes, manteniendo su esencia.

Llega para acompañar un verano donde el tiempo parece detenerse—de forma necesaria— en ese momento en el que la brisa mueve sutilmente las hojas. En ese respiro que sirve para darle otro sorbo a la vida y paladearla de verdad.