Iglesia de Santa María la Real en Aranda de Duero.

Iglesia de Santa María la Real en Aranda de Duero.

Estilo de vida

La ciudad española donde comer cordero de lujo: tiene seis Bienes de Interés Cultural y bodegas subterráneas

La ciudad posee uno de los patrimonios históricos más destacados de Castilla y León y sorprende por la cantidad de monumentos que concentra.

Más información: El pueblo español declarado Bien de Interés Cultural: casco histórico del siglo XI y cuatro barrios medievales para recorrer a pie

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La gastronomía española es ampliamente reconocida como una de las tres mejores del mundo, destacando por su riqueza, variedad, calidad de productos y cultura de tapas. Cada región conserva sabores, recetas y productos que forman parte de su identidad y que convierten cualquier viaje en una experiencia mucho más completa que una simple escapada.

De hecho, entre nuestras fronteras —y fuera de ellas— hay lugares donde esa relación entre cocina, paisaje e historia alcanza otro nivel. Rincones en los que el producto local sigue marcando el ritmo de los restaurantes, las bodegas y hasta de las conversaciones cotidianas.

Uno de estos lugares es Aranda del Duero, una tierra de vinos y asadores ubicada en Burgos, que ha hecho del lechazo asado uno de sus grandes símbolos. Pero quien llega atraído únicamente por el aroma de los hornos de leña descubre enseguida que también hay iglesias monumentales, siglos de historia y un sorprendente mundo subterráneo escondido bajo las calles.

Aranda del Duero, Burgos

Hablar de Aranda del Duero es hablar de una de las grandes capitales gastronómicas de Castilla y León. Situada al sur de la provincia de Burgos y con algo más de 33.000 habitantes, la localidad lleva décadas consolidándose como uno de esos destinos donde la cocina funciona como principal carta de presentación.

No es casualidad. La ciudad ocupa una posición privilegiada dentro de la Ribera del Duero, una de las zonas vinícolas más prestigiosas de Europa, donde el paisaje de viñedos acompaña kilómetros y kilómetros de carreteras castellanas.

La Ribera del Duero ha construido su fama internacional gracias a la calidad de sus vinos, elaborados principalmente con uva Tempranillo y amparados por una Denominación de Origen que reúne más de 270 bodegas y cientos de marcas.

Sin embargo, la experiencia gastronómica de la zona no se entiende únicamente desde la copa. La cocina castellana encuentra aquí una de sus versiones más auténticas, basada en ingredientes sencillos, técnicas tradicionales y un enorme respeto por el producto.

Y en medio de todo aparece el gran protagonista: el lechazo asado. En Aranda de Duero no se trata simplemente de un plato típico, sino de una auténtica institución culinaria.

El lechazo asado

El refrán popular lo resume con orgullo al asegurar que "los mejores lechazos son los que al nacer escuchan las campanas de la iglesia de Santa María". Puede sonar exagerado, pero basta probar uno de estos asados para entender por qué la ciudad defiende con tanta pasión su receta más emblemática.

El lechazo, técnicamente, es una cría de oveja de menos de 35 días alimentada exclusivamente con leche materna. Para poder comercializarse bajo la Indicación Geográfica Protegida Lechazo de Castilla y León debe proceder de razas autóctonas como la churra, la castellana o la ojalada y ajustarse a unos requisitos muy concretos de peso y calidad.

En Aranda, el lechazo forma parte de la identidad local y, además, existe una marca propia, "Lechazo Asado de Aranda de Duero", creada para proteger la receta tradicional y garantizar que el proceso siga realizándose como mandan los maestros asadores de la zona.

Pierna de cordero.

Pierna de cordero.

Detrás de esa defensa del producto se encuentra el trabajo conjunto de hosteleros, instituciones locales y del propio Consejo Regulador de la D.O. Ribera del Duero.

Lo más llamativo del lechazo arandino es precisamente su sencillez. En una época en la que muchos platos buscan sorprender a base de técnicas complejas o combinaciones imposibles, aquí el secreto está en no tocar demasiado el producto.

El cordero se sazona únicamente con sal, se coloca en una cazuela de barro con un poco de agua y entra en el horno de leña alimentado con encina durante cerca de dos horas.

Nada de especias, marinados o hierbas aromáticas. Los asadores de Aranda llevan décadas defendiendo que un buen lechazo no necesita disfrazarse de nada.

El resultado es una carne extremadamente tierna, de color claro, que prácticamente se separa sola del hueso y que mantiene una piel dorada y crujiente imposible de olvidar.

Un pueblo lleno de patrimonios

Pero reducir Aranda de Duero únicamente a su gastronomía sería quedarse con una parte muy pequeña de la historia.

La ciudad posee uno de los conjuntos patrimoniales más interesantes de Castilla y León y sorprende especialmente por la cantidad de monumentos históricos que concentra para una población de su tamaño.

Entre ellos destaca la iglesia de Santa María la Real, probablemente el edificio más impresionante de la localidad. Construida entre los siglos XV y XVI sobre restos de una antigua iglesia románica, su espectacular fachada gótica parece un enorme retablo tallado en piedra.

La delicadeza de sus detalles, las escenas religiosas esculpidas y los escudos vinculados a los Reyes Católicos convierten la portada en una de las grandes joyas del gótico flamígero español.

El interior tampoco decepciona. Bóvedas de crucería, un púlpito plateresco de nogal y una mezcla de elementos góticos, mudéjares y renacentistas hablan de la importancia histórica que tuvo Aranda durante siglos. Hoy, además, el templo alberga el Museo de Arte Sacro, lo que añade todavía más atractivo cultural a la visita.

Vista aérea de Aranda de Duero.

Vista aérea de Aranda de Duero.

Otro de los edificios fundamentales es la iglesia de San Juan Bautista, escenario del histórico Concilio de Aranda de 1473, un acontecimiento que reforzó políticamente la posición de Isabel la Católica.

La futura reina permaneció varios meses en la localidad y dejó una huella importante en la historia de la villa. El templo conserva una magnífica portada gótica y una colección artística con retablos y pinturas hispano-flamencas de enorme valor.

A ello se suma la iglesia de San Nicolás de Bari, situada en el barrio de Sinovas. Mucho menos conocida para el gran público, esta pequeña joya románica guarda uno de los artesonados mudéjares policromados más espectaculares de la provincia de Burgos.

Sin embargo, quizá el elemento más fascinante de la ciudad se encuentre bajo tierra. Bajo las calles del casco histórico se esconde una inmensa red de galerías medievales excavadas entre los siglos XIV y XV.

Más de siete kilómetros de túneles y bodegas subterráneas forman un auténtico laberinto que durante siglos sirvió para elaborar y conservar el vino de la comarca en condiciones perfectas de temperatura y humedad.

Estas bodegas, declaradas Bien de Interés Cultural, representan uno de los patrimonios enológicos más singulares de España. Algunas alcanzan los doce metros de profundidad y llegaron a almacenar millones de litros de vino en enormes cubas de roble.

Caminar por ellas es viajar literalmente varios siglos atrás, entre pasillos de piedra, antiguas chimeneas de ventilación y pequeñas salas donde todavía se respira el aroma de la historia vinícola de la Ribera del Duero.

Una de las más conocidas es la Bodega de las Ánimas, acondicionada para las visitas y convertida en una de las experiencias imprescindibles para quienes quieren comprender la verdadera dimensión histórica de Aranda.